Libertad y soledad

El 75 aniversario del edificio de Filosofía y Letras de la Complutense recuerda a España el significado intelectual de su propuesta

Símbolo de la renovación pedagógica propugnada por la II República, modelo para varias generaciones de arquitectos y emblemática primera piedra del que fue un pionero espacio pensado para la universidad: el edificio de la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid conmemora en sociedad su aniversario mostrando la radical propuesta que fue en su creación.

JULIA FERNÁNDEZ
Varias generaciones de eruditos idealistas, liberales y reformistas están detrás de la nueva Facultad de Filosofía y Letras que, el domingo 15 de enero de 1933, el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, en compañía del jefe del Gobierno, Manuel Azaña, cuatro ministros, el alcalde de Madrid y numerosas autoridades, inaugura en medio de una alta expectación social. Construida sobre una dehesa que el rey Alfonso XIII ha cedido al pueblo de Madrid, se trata del primer edificio de la que será una auténtica ciudad universitaria alejada, por vez primera en España, del núcleo poblacional. “Libertad y soledad”, lema fundacional de la Universidad de Humboldt, en Berlín, está en su punto de origen; libertad de espacio en el entorno que propicie el contacto con la naturaleza y una soledad que permita al estudiante concentrarse en su labor.
La expectación social responde también a que será en esta facultad donde se apliquen por vez primera las nuevas ideas de renovación pedagógica que propugna la II República española. Su decano, Manuel García Morente, es quien lo expresa ante la prensa: “¡Renovación del cuerpo y del espíritu! La Facultad de Filosofía y Letras despierta a una nueva vida en un nuevo paisaje”.

Vanguardia arquitectónica

Con un arquitecto, Agustín Aguirre, perteneciente a la Generación del 25 (equivalente a la poética del 27), que se inspira en la tradición clásica griega adaptada a la modernidad, que da un valor superior al elemento funcional frente al puramente ornamental, el edificio que este día se estrena está pensado fundamentalmente para los estudiantes. Unos amplios pasillos y escaleras para facilitar la circulación de las personas; un ascensor tipo noria (Paternoster); grandes ventanales; un sistema puntero de enfriamiento del aire y calefacción; sistema de proyección en el aula magna; la limpieza  que suponen sus paredes alicatadas en las grandes zonas y que ahuyenta el temor a epidemias o la variación cromática de los azulejos por plantas son algunos aspectos sorprendentes de su propuesta que también tiene valiosos elementos decorativos como una gran vidriera Art Decó en el vestíbulo principal y un mobiliario de esmerado diseño que el propio Agustín Aguirre ha diseñado a partir de modelos estudiados expresamente en Europa. En su estructura, el ingeniero Eduardo Torroja Miret, ha aplicado de forma pionera en España el hormigón armado, dándole una singular fuerza.

Ejemplar memoria

Basada en la investigación de los profesores Santiago López-Ríos Moreno y José Antonio González Cáceres, recogida en las salas del Centro Cultural Conde Duque de Madrid, sin grandes actos que la divulguen, seria y espléndidamente estructurada  y con una multidisciplinar visión temática, La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en la Segunda República. Arquitectura y Universidad durante los años 30, la muestra que recuerda estos días a la sociedad española el 75 aniversario de la inauguración del edificio de Filosofía y Letras, es una nueva entrega de la historia española que la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, en este caso apoyada por el Ayuntamiento de Madrid, rescata del vacío de nuestra memoria.
Su recorrido, que aborda siempre desde distintos ángulos el edificio al que rinde homenaje, se adentra en el nuevo radical plan de estudios que el Decano de la Facultad, Manuel García Morente implantó en la Facultad. Entre sus aportaciones: la supresión de los exámenes de cada asignatura y establecimiento de dos únicas pruebas de conjunto, una a mitad de carrera y otra a su término; la no obligación de los estudiantes a asistir a clase y su libertad para la elección de asignaturas.
El profesor, también tenía nuevas pautas académicas ya que debería, según palabras del Decano, “conquistar a diario su autoridad y prestigio y conservarlos mediante un continuo esfuerzo al servicio de la enseñanza”.
Los mejores intelectuales y escritores del momento, muchos de ellos estrechamente ligados a la Institución Libre de Enseñanza, seguirían sus normas durante los tres años que funcionó la Facultad de Filosofía y Letras: José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, Manuel García Morente, María Zambrano, Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Tomás Navarro Tomás, Rafael Lapesa, Miguel Asín Palacios, Elías Tormo, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Claudio Sánchez Albornoz, María de Maeztu y Hugo Obermaier, entre muchos otros, fueron más que adecuados profesores para esta renovada pedagogía académica que supieron dar unas clases “inolvidables”, según las definió en sus memorias la estudiante Isabel García Lorca.

La destrucción en maqueta

La presencia de la mujer, ya en su inicio el 40% de los matriculados; la creación de su prodigiosa Biblioteca, heredera de incunables; la diversificación de las Filologías, dando cabida a las lenguas vivas; El Crucero universitario por el Mediterráneo, llevando a Europa las ideas pedagógicas de la República; los cursos de lengua y cultura para extranjeros; las publicaciones de los trabajos de profesores y alumnos; los discos grabados con las clases magistrales de sus grandes eruditos… se rememoran en la muestra a través de libros, fotografías, lienzos, parte del mobiliario original, planos y audiovisuales.
En su último tramo, en una sala aparte dominada por una inmensa maqueta  que detalla al milímetro el extremo de destrucción total al que se condenó la ciudad universitaria, mandada a construir por Francisco Franco en 1943 como plástica lección de historia, una narración de John Sommerfield en Volunteer in Spain nos recuerda la trágica forma en que terminó esta experiencia.
Fotografías de la reinauguración de la Facultad por el régimen franquista, sin la mayoría de sus profesores, exponen el fin rotundo del sueño de la España que la Filosofía y Letras republicana personificó.

 

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