En la presente colaboración, su autor, que preside el Seminario Gallego de Educación para la Paz y es miembro del Observatorio de la Convivencia Escolar, analiza y valora los resultados del “Estudio Estatal sobre la Convivencia Escolar en Secundaria Obligatoria”, y, desde el diagnóstico que tales resultados proporcionan, plantea una serie de opciones y de medidas para mejorar la convivencia escolar en nuestro sistema educativo.

La convivencia escolar mejora

Manuel Dios Diz
Maestro, licenciado en Geografía e Historia por la USC, miembro del Observatorio de la Convivencia Escolar

El pasado día 16 de julio tuve  ocasión de asistir, en representación de la Fundación Cultura de Paz y de su presidente, Federico Mayor Zaragoza, al Plenario  del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar en el  que la ministra de Educación, Política Social y Deporte, Mercedes Cabrera, presentó el avance de resultados del “Estudio Estatal sobre la Convivencia Escolar en Secundaria Obligatoria”, elaborado por un equipo dirigido por María José Díaz Aguado, sin duda, una de las mejores especialistas en la materia.
Debo comenzar manifestando que el Informe es excelente. Riguroso en sus  planteamientos técnicos y sobre una muestra muy representativa (participaron 301 centros educativos, 23.100 estudiantes y 6.175 profesores de todas las CC.AA., excepto Cataluña).
Los resultados adelantados por la ministra, y luego explicados con mucho más detalle por la directora del equipo y por el  representante del MEPSYD Pedro Uruñuela, son muy satisfactorios, especialmente en lo que se refiere a la mejora de la convivencia escolar y en relación con informes anteriores, en la línea de lo que desde distintas entidades especializadas de la sociedad civil reiteramos, no siempre con demasiado acierto y repercusión mediática, desde luego mucha menos que las informaciones habituales, llenas de negatividad. Asimismo habrá quien destaque los aspectos más negativos del estudio, sobre todo, aquellos que se empeñan en dibujar una juventud intolerante, egoista e insolidaria. Desde nuestro punto de vista, nada más lejos de la  realidad.
El Informe tiene tres partes bien diferenciadas. Se analiza la calidad de la convivencia en los centros escolares de Secundaria. Se detectan los obstáculos más importantes para la convivencia en las escuelas y, por último, se proponen también condiciones y medidas para construír y mejorar la convivencia en los centros.
Entre las conclusiones más relevantes destacan tres. La primera, que la convivencia escolar, en general, es buena o muy buena. Así lo manifestan los cuatro colectivos participantes (alumnado, profesorado, equipos directivos y departamentos de orientación).  Ese es, sin duda, el dato más relevante.
En segundo lugar, la violencia existente en el resto de la sociedad también se expresa en la escuela y no solamente en las relaciones entre los estudiantes. El hecho de que estos problemas sean muy minoritarios no les resta gravedad ni importancia.
Y la tercera conclusión afirma que la escuela, en estos últimos años, se ha puesto  en marcha para mejorar la convivencia, aunque que necesitamos incrementar, extender y evaluar las medidas adoptadas.

Necesidades urgentes

Entre las necesidades más urgentes detectadas podemos destacar algunas que venimos demandando: Más recursos humanos con capacidad para trabajar en la mejora de la convivencia; formación del profesorado específica; equipos de mediación y tratamiento de conflictos a múltiples niveles; mayor coordinación entre los equipos educativos y los departamentos didácticos; creación de equipos de alumnos y alumnas en cada centro para mejorar la convivencia o la urgencia de desenvolver programas de prevención y de evaluación.
Sobre la calidad de la convivencia, el alumnado destaca, sobre todo, la relación que establece con sus propios compañeros. Un 90% indica que está bastante o muy satisfecho con esa relación.
El más valorado por el profesorado es la relación con su propio departamento y el 93,3 %  la califica de buena o muy buena, mientras que lo peor considerado es la relación con el  contorno aunque  el porcentaje tan solo baja hasta el 71,1%.
Los departamentos de orientación valoran sobre todo su propio trabajo, un 92,6%, mientras que lo peor considerado es el trabajo de los departamentos didácticos, con un 64,6%.
Los equipos directivos destacan también  su propia implicación, con un 98,9% y por el contrario salientan el trabajo de los departamentos didácticos con un 61,3%.
Resulta muy interesante el estudio por algunos datos que aporta, sobre todo porque contradice muchos tópicos publicados hasta ahora, por ejemplo, que el compromiso con el centro por parte del profesorado es muy elevado o sobre el tan reiterado síndrome del profesor quemado, que explicita como muy minoritario. Así, podemos comprobar que la inmensa mayoría del profesorado considera que  su trabajo es importante (95,1%), que se siente orgulloso de trabajar en su centro (82,1%), que está en disposición de esforzarse en la mejora de la convivencia (77,9%) o que siente que su trabajo está reconocido socialmente (75,8%).
No debemos dejar de mencionar que en otro extremo -es cierto- un 14,8% desearía cambiar de centro y mismo que un porcentaje idéntico dejaría de trabajar como profesor si tuviera la oportunidad.
Un muy pequeño 1% afirma que nunca logra crear un clima agradable en su trabajo y un 10% se siente decepcionado con su labor.

Falta de implicación de las familias

Entre los obstáculos a la convivencia todos los sectores destacan uno: la falta de implicación de las familias. El  estudio corrobora además que un 45% del alumnado tiene TV en su cuarto y que el 39,8% la ve en solitario o que utilizan Internet y otras pantallas sin control alguno (51,8%). Y la alfabetización audiovisual sigue siendo una completa desconocida en el sistema educativo...
Todos los sectores consultados también coinciden en considerar que las sanciones empleadas para corregir las transgresiones son totalmente ineficaces, justas, pero ineficaces.
Entre las condiciones para construír y mejorar la convivencia se destaca que debe partir de la propia aula, en todas y cada unha de las materias, con el  incremento de la capacidad del alumnado para escuchar y esforzarse, en la promoción de habilidades para practicar la democracia, la igualdad y la tolerancia, para contrarrestar el racismo, el sexismo y la xenofobia (aspectos sobre los que el informe detecta déficits relevantes), promover el diálogo intercultural, sobre todo con los grupos con los que se percibe mayor intolerancia (etnia gitana, magrebíes y judíos), comprometer al alumnado con las normas, enseñar y aprender a resolver conflitos pacíficamente, crear contextos de colaboración con las familias, consolidar y extender medidas para erradicar el acoso, mejorar la eficacia educativa de la disciplina.
En definitiva, por fin, un muy buen diagnóstico sobre el estado y la situación de la convivencia escolar en España, riguroso, científico, útil, necesario, y que toda la comunidad educativa y la sociedad deberían conocer.
Un solo caso de violencia escolar, como siempre repetimos, es intolerable. Sin embargo, por qué, si son absolutamente minoritarios, tienen tanta repercusión mediática, quizás tenga que ver con esa perversa idea de que solo las malas noticias son noticia...
Ahora es necesario que el propio Observatorio Estatal, como los Observatorios de las CC.AA, y los de centro, utilicen el Informe y sus conclusiones como una extraordinaria herramienta de trabajo y que las autoridades educativas, las nuestras también, pongan los medios necesarios para que sus propuestas empiecen a materializarse desde el próximo curso en cada centro educativo. Porque aunque mejoramos, queda mucho por hacer... 

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