En el presente artículo, que se complementará con una segunda parte en el próximo número, el autor analiza y reflexiona sobre diversos tipos de examen. Tras algunas consideraciones pedagógicas generales sobre cómo preparar y realizar exámenes, se pasa revista a las ventajas e inconvenientes de algunas de las modalidades de examen más extendidas en los centros educativos de todos los niveles. Se brindan, en suma, orientaciones prácticas tanto para los profesores como para los alumnos.

Los exámenes (I)

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía. Universidad Complutense

En el mundo de la educación, los exámenes son las pruebas que se realizan a los escolares con el fin de comprobar su aprovechamiento en los estudios. La acción de examinar es compleja y polémica. Por una parte, resulta innegable que es difícil calibrar con objetividad y precisión la adquisición de contenidos, el desarrollo de aptitudes y la asunción de valores. Por otra, no todos los profesionales se ponen de acuerdo sobre cuál es el tipo de examen ideal.
Aunque los diversos tipos de examen presentan ventajas e inconvenientes, sobre los exámenes, en general, se ha extendido una “leyenda negra” acaso derivada de su uso inadecuado y abusivo. Hay que recordar enfáticamente que los exámenes constituyen parte importante del proceso educativo y que, bien entendidos, se ponen al servicio del escolar. A ello se debe que cada vez cobren más fuerza los conceptos de “evaluación continua” y “evaluación formativa”. Cualquiera que sea la adjetivación de la evaluación, es necesario recordar que estamos ante una actividad compleja que no ha de tener por meta la clasificación, sino la ayuda a los educandos para que puedan desplegar todo su potencial y neutralizar sus limitaciones.
La praxis evaluadora entendida como vía de apoyo y orientación a los alumnos permite advertir todo su calado educativo. En la medida en que los exámenes adopten este rumbo comprometido estarán cumpliendo un genuino papel formativo.
Con respecto al tipo de examen, ya quedó dicho que hay varias modalidades. A sabiendas de que cada tipo de vía exploratoria presenta luces y sombras, el profesor debe elegir, de acuerdo con criterios pedagógicos, el examen que mejor se ajuste a su circunstancia y a la de sus alumnos. No hay ninguna prueba infalible, de manera que siempre que sea posible se ha de recurrir a diversos procedimientos de evaluación: observación, trabajos realizados, entrevistas, exámenes tradicionales, pruebas objetivas, etc.
Sin perder de vista las consideraciones pedagógicas anteriores, lo cierto es que los exámenes constituyen una realidad a la que frecuentemente se ha de enfrentar el estudiante. A este respecto, está comprobado que se puede mejorar su realización. Así como hay alumnos que son arrastrados por una corriente de ansiedad que disminuye su rendimiento, otros, al apoyarse en sólidos fundamentos, logran mejorar sus resultados en las pruebas.

Preparación y realización

El aserto de que la preparación de un examen se inicia el primer día de clase y continúa con el trabajo diario ha de constituir una idea rectora de todo estudiante. Es bien sabido que la revisión del programa de la asignatura, atender a las explicaciones del profesor, utilizar materiales complementarios (libros de consulta, diccionarios, etc.) permite aprovechar la materia y favorece el éxito en los exámenes. En cambio, cuando el alumno deja el estudio para los días anteriores a las pruebas está mucho más expuesto a la inseguridad, a la ansiedad, al desconocimiento de la materia y, cómo no, al fracaso.
Desde un punto de vista pedagógico, la preparación ha de ser unitaria, lo que no impide que se distingan dos “momentos” principales: distante y cercana. La preparación distante comienza con el curso y la realiza el estudiante paulatinamente, vale decir, “sin prisa, pero sin pausa”. La marcha seguida por el alumno en su proceso formativo pasa por trabajar con tenacidad y orden, por ejemplo, a través de algún método. Entre sus aspiraciones ha de encontrarse el deseo de aprender que, de forma natural, le conducirá a las buenas calificaciones. En esta preparación se torna esencial tomar apuntes de cada materia, que deben ser actualizados, organizados y “remozados”. La utilización habitual de técnicas ayuda a extraer la información relevante tanto de los apuntes como de libros u otros materiales. Es muy importante que el alumno sepa con suficiente antelación qué tipo de examen va a realizar.
La preparación cercana al examen exige prever los repasos. Se trata, sobre todo, de que no se fuercen los límites de la resistencia personal con el consiguiente riesgo para la salud. Es sabido, por ejemplo, que algunos alumnos a medida que se aproximan los exámenes abusan de los estimulantes. Otras recomendaciones que cabe hacer son:
- Confeccionar un horario que contemple el número de asignaturas y de exámenes.
- Establecer un mínimo de ocho horas de sueño.
- Incluir en el horario las actividades a realizar durante el tiempo libre.
- Distribuir adecuadamente el tiempo de estudio, con inclusión de descansos.
- Evitar las “indigestiones” de contenidos. No se ha de dejar todo para la víspera del examen.
- Utilizar técnicas de estudio: subrayado, esquematización, síntesis, etc.
- La noche anterior al examen se ha de preparar todo lo necesario: bolígrafo, calculadora, reloj, etc.
Una última indicación se refiere a la preparación de exámenes inminentes. Lo ideal es que la víspera de la prueba se dedique a repasar o a realizar alguna actividad relajante. Sin embargo, no siempre es posible cumplir esta regla áurea, pues me consta que a veces algunos alumnos, por diversas causas, tienen varios exámenes en pocos días. En estos casos, todavía se agradecerá más la preparación de la materia desde el primer día. Si, pese a la previsión del alumno, se precisa estudiar el día anterior a la prueba, ha de evitarse el sobreesfuerzo. Hay que descansar suficientemente la noche anterior, de lo contrario puede producirse un “colapso informacional” que hace que el estudiante se quede in albis durante el examen. Al alumno que aspire a un aprendizaje sólido y a superar con éxito el examen puede ayudarle, además de preparación racional con tiempo suficiente, la práctica moderada de algún ejercicio de relajación, darse una ducha, cenar frugalmente, etc.
La preparación consistente desagua parcialmente en el examen, sin que tenga por qué decrecer el caudal de conocimientos que manan por el alumno. Cuando el aprendizaje es significativo, los contenidos, en buena medida, hallan acomodo duradero en la estructura cognitiva del educando. Este proceso de sedimentación intelectual es acumulativo y supone un acrecentamiento personal incomparablemente superior al mero aprendizaje mecánico y vertido de informaciones en la hora puntual del examen.
Durante el examen es menester tener en cuenta el tipo de prueba, según se verá enseguida, pero de forma general hay que seguir las instrucciones que proporcione el profesor o que figuren en la propia hoja. Se debe distribuir racionalmente el tiempo entre las diversas preguntas y siempre se ha de mantener una actitud de concentración y alerta.
Hay varios tipos de examen y es conveniente que revisemos sus principales características. Precisamente algunas de las dificultades de los alumnos en los exámenes surgen por soslayar sus notas diferenciales y por prepararlos de igual forma. Desde la óptica pedagógica, ha de agregarse que las distintas modalidades de examen presentan ventajas e inconvenientes a la hora de evaluar al alumno y, por lo mismo, procede sopesar cuál es el más conveniente en cada ocasión. Veamos a continuación algunos datos de interés sobre diversos tipos de examen.

El examen escrito tipo ensayo

Es la modalidad clásica de examen aún muy utilizada y que consiste en pedir al alumno que desarrolle uno o varios temas. En estas pruebas de composición, el estudiante, en virtud de sus conocimientos y organización mental, responde con sus propias palabras en un estilo particular. En los exámenes tipo ensayo es fundamental que el alumno distribuya bien el tiempo entre las preguntas. En primer lugar, hay que leer las cuestiones con detenimiento. Puede ser oportuno realizar un esquema en el que queden recogidas las ideas principales y las relaciones entre ellas. Si hay puntos sobre los que se duda es preferible evitarlos. En estos exámenes cobra especial importancia la redacción, hasta el punto de que a veces compensa el menor dominio de la materia. Antes de entregar el examen se debe repasar. La sola cautela de la revisión constituye una ayuda de gran valor. De no haber sido por esta saludable costumbre final algunos alumnos no alcanzarían sus objetivos en el examen, pues traicionados por el nerviosismo o la prisa deslizan sobre el papel graves errores.
Algunas de las ventajas del examen de desarrollo o tipo ensayo son: Permite tratar “a fondo” el tema estudiado; posibilita al alumno la proyección de su estilo personal, advertido en la forma de expresar y relacionar las ideas, en las reflexiones, etc.; cabe apreciar la ortografía, la claridad descriptiva, la precisión terminológica y aun la originalidad; es apropiado para calibrar la cristalización de los contenidos de la asignatura, y proporciona seguridad al alumno que ha estudiado la materia y tiene pericia en redactar.
Entre los inconvenientes del examen tipo ensayo cabe pensar en: El peligro de confundir lo que se pregunta, lo que llevaría a invalidar toda la respuesta; la limitación temporal o espacial, si bien puede ser un acicate para sintetizar y reflejar en la contestación lo verdaderamente relevante; son difíciles de calificar, pues el desarrollo de los temas alberga numerosos matices que exigen al profesor acreditada competencia evaluadora, y aun sin pretenderlo el profesor, al calificar el examen, puede dejarse arrastrar por la subjetividad.

 El examen de preguntas de respuesta breve

En estas pruebas se deja un espacio limitado, para que el alumno responda en pocas líneas. Se precisa por parte del estudiante la previa comprensión de los contenidos y su vertido compendiado en  el examen. La condensación informativa supone elegir, organizar y jerarquizar los contenidos, pero también exige competencia léxica. Para realizar bien este tipo de pruebas es fundamental comprender bien lo que se pregunta. Ejemplo: ¿Cuáles son las características literarias fundamentales de la generación del 98?.
Algunas ventajas de estos exámenes: Permiten valorar la competencia lingüística del alumno; requieren elevada capacidad analítica y sintética; sirven para confrontar los conocimientos de los alumnos en determinados contenidos con el conjunto de informaciones presentes en la lección o tema, y ponen en juego estrategias intelectuales (comprensión, recuerdo, etc.) y expresivas (composición, reducción, etc.).
Entre los inconvenientes citamos: Hay lecciones o contenidos de carácter instructivo-prescriptivo que no son fácilmente condensables mediante estos exámenes; hay alumnos que, a pesar de dominar la materia, por falta de práctica en lo que a contracción informativa se refiere no consiguen plasmar sobre el papel lo verdaderamente relevante, y, al igual que sucede al evaluar las pruebas tipo ensayo, hay profesores que se ven arrastrados por la subjetividad evaluadora.   

El examen tipo prueba objetiva

La sobrecarga de actividades del profesor, el exceso de alumnos y la pretensión de eliminar o reducir la subjetividad docente en la corrección de los exámenes ha supuesto un incremento considerable de las denominadas pruebas objetivas en perjuicio de los tradicionales exámenes de ensayo o desarrollo. 
Las pruebas objetivas, también denominadas tipo test, están integradas por preguntas o enunciados muy precisos que son correctos o incorrectos. La formulación de los ítems es muy estructurada, para que la respuesta del alumno inequívocamente sea correcta o incorrecta. Habitualmente el estudiante se limita a marcar en la hoja de examen la respuesta que considera acertada, sin ocasión para elaborar respuestas explicativas. Se citan a continuación algunas modalidades:
- Pruebas de completar o de respuesta breve. Se caracterizan por enunciados incompletos o preguntas que reclaman una respuesta breve, v. gr., un dato, una palabra, etc. Ejemplo: Cristóbal Colón llegó por primera vez a América en el año____ . Estas pruebas son apropiadas para explorar conocimientos de los diversos temas tratados en la asignatura. Ahora bien, lo que se gana en extensión puede perderse en intensidad, pues hay exámenes de esta índole que evalúan exclusivamente informaciones adquiridas por vía memorística, sin que se sepa cuál es el grado de comprensión del alumno sobre la materia. 
- Pruebas de respuesta alterna; verdadero-falso; sí-no. Estas pruebas limitan las respuestas a una de las dos opciones o alternativas presentadas para calificar un enunciado. Ejemplo: La capital de Uruguay es Montevideo  V (    )  F (    ). Este tipo de examen es muy fácil de corregir, pero a veces es difícil de elaborar sin ambigüedades. Asimismo, hay algunos alumnos que confían su respuesta al azar.
En su redacción han de evitarse los enunciados que expresen verdades o falsedades  parciales. Hay que huir igualmente de los enunciados negativos y especialmente la doble negación. Tampoco son aconsejables los términos que pueden orientar la respuesta del estudiante, v. gr., “algunos”, “todos”, “siempre”, “nunca”, etc. El alumno ha de estar informado sobre el criterio de corrección.
- Pruebas de emparejamiento o correspondencia. En estos exámenes se solicita el establecimiento de relaciones entre elementos de dos grupos o series. Ejemplo: En los paréntesis de la relación de literarios españoles de la izquierda anota los números que correspondan a sus obras, recogidas a la derecha:

(     )  Lope de Vega                          1) La vida es sueño

(     )  Quevedo                                  2)  Rinconete y Cortadillo

(     )  Cervantes                                 3)  La dama boba

(     )  Calderón de la Barca               4)  El Buscón

- Pruebas de opción múltiple. Las pruebas de opción múltiple suelen estar integradas por preguntas o enunciados sobre los que se ofrecen varias opciones o alternativas de respuesta. De las distintas posibilidades sólo una es correcta. Ejemplo: ¿Cómo se llama el autor de La Regenta? A) Benito Pérez Galdós.  B) José Martínez Ruiz “Azorín”. C) Leopoldo Alas “Clarín”. D) Armando Palacio Valdés. Estas pruebas permiten valorar el conocimiento que el educando tiene sobre diversidad de contenidos, pero son difíciles de elaborar y estructurar.
Tras la sucinta descripción anterior de algunas de las modalidades más frecuentes de las pruebas objetivas, comentamos el rostro jánico de las mismas:
Entre los aspectos positivos han de citarse: La objetividad en el proceso de corrección, puesto que cualquiera que sea el profesor que examine el resultado ha de ser igual; se aplican fácilmente, se corrigen con rapidez y permiten evaluar un gran espectro de contenidos; posibilitan una fácil comparación estadística orientada a la mejora de procesos, resultados, etc.; son aptas para medir la capacidad de discriminación informativa del estudiante; permiten calibrar la capacidad del alumno para relacionar unos datos con otros, y frente a algunos exámenes que exigen un abuso de la memoria, en muchas de estas pruebas prima el mero reconocimiento.
Algunos aspectos negativos son: Son difíciles de construir, pues deben cumplir ciertas normas (acaso esto explique por qué algunos profesores e instituciones educativas se muestran renuentes a utilizarlas); los alumnos se quejan de la penalización de los errores; hay pruebas en las que la probabilidad de acierto al azar es elevada, y son rígidas y pueden soslayan matices indicativos de que el alumno sabe o desconoce contenidos concretos.

 

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