Esta sección está abierta a todos aquellos profesores que realizan trabajos de innovación en el aula, unidades didácticas, proyectos interdisciplinares o que pongan en marcha nuevos métodos de aprendizaje en clase. Los textos, de una extensión máxima de tres folios, deben llegar en disquete a COMUNIDAD ESCOLAR (Alcalá, 34. 6ª planta. 28071 Madrid), o a nuestra dirección de correo electrónico.

Enseñar a aprender a aprender

Una experiencia docente en Educación Secundaria vincula este
objetivo con la adopción de una serie de estrategias de motivación

Según establece el actual Sistema Educativo (LOE), una de las competencias básicas que se deben trabajar en la etapa de Educación Secundaria, es Aprender a Aprender. En la presente experiencia, este reto para el docente en su tarea diaria en la educación de diversas situaciones educativas, personales y sociales, es enriquecido con la aportación de una serie de estrategias orientadas en ese ámbito.
La experiencia denominada Aprender a aprender responde a una de las competencias básicas que se relaciona con el aprendizaje de estrategias y técnicas de pensamiento intelectual, denominadas TTIs (Técnicas de Trabajo Intelectual y de Tratamiento de la Información).
El pensamiento formal, desarrollado en la etapa evolutiva de la adolescencia, permite emprender un camino hacia el pensamiento inteligente.

Aprender a aprender es el recurso de aprendizaje que ayuda a los adolescentes a adquirir, conocimientos más abstractos, más adecuados a las exigencias de su medio, más funcionales, más autónomos y en definitiva, más adecuados al desarrollo de la potencialidad de cada persona.
Aprender a aprender no sólo genera conocimiento, sino una actitud motivadora hacia la experiencia vital, integrando en estructuras cognitivas superiores el metaconocimiento, o conocimiento del conocimiento, la reflexión, la autoevaluación del aprendizaje y la construcción del mismo de forma significativa.
Enseñar a pensar se ha convertido en una de las mejores estrategias de pensamiento que el docente, puede ofrecer a sus alumnos para conseguir de ellos, no sólo la autonomía en la ejecución de las tareas escolares, sino y sobre todo el desarrollo de un pensamiento constructivo, inteligente, crítico, así como, la iniciativa personal en su proceso de enseñanza-aprendizaje.
Es importante, estar preparado para esta gran tarea, desde mi experiencia como docente, enseñar a aprender no sólo forma parte de un planteamiento metodológico en mi programación didáctica con los alumnos que presentan más dificultades de aprendizaje, sino un requisito necesario para convertir el acto educativo, en un verdadero arte.

Estrategias de motivación

Como dijo Morris West: “El ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer”; por ello, como docentes debemos enseñar los contenidos mediante estrategias que trabajen la motivación de nuestros alumnos por aprender. Algunas de ellas, se reflejan a continuación:
-Evaluar conocimientos previos y presentar los conocimientos en organizadores expositivos, de una forma breve, clara y funcional.
-Emplear técnicas nemotécnicas para aprender de forma significativa y rápida.
-Experimentar con la práctica para generar conocimiento práctico.
-Revisar y autoevaluar el aprendizaje de forma periódica y planificada.
-Emplear técnicas de planificación y organización del conocimiento, como mapas conceptuales, marcos conceptuales o fichas bibliográficas, que sinteticen y ayuden a destacar lo más importante, la base de lo que se quiere enseñar.
Estas actuaciones, entre otras, son el resultado de la adquisición de unos buenos hábitos de trabajo intelectual, en edades más tempranas, donde la repetición, comprobación y experimentación, juegan un papel fundamental en el aprendizaje.
Pero ¿cómo gestionar el aprendizaje durante la edad más difícil en el desarrollo del que aprende, como es la adolescencia?
El mejor condimento del acto educativo es la motivación, sin ella no se generaría el proceso de aprender de forma significativa y funcional, se quebraría, dando paso a formas de aprendizaje pasivo, muy lejanas del verdadero aprendizaje.
Suscitar, vibrar la emoción por aprender, ofrecer estrategias diversas para alumnos diferentes, potenciar las cualidades de cada uno, dotándoles de responsabilidades grupales e individuales, establecer objetivos individuales y ofrecer recursos para generar iniciativa y creatividad, es mucho más difícil; que inculcar conocimientos; he ahí nuestro reto como docentes.
Como conclusión, potenciar actitudes positivas hacia el aprendizaje, la comunicación, la convivencia y manejar estrategias de aprendizaje, motivando y experimentando con la realidad, preparan la inteligencia del adolescente para comprender, reflexionar, profundizar y autoevaluar el conocimiento que posee, así como, aquel que ha de aprender.
José Ortega y Gasset afirmó: “ En tanto que haya alguien que crea en una idea, la idea vive”. Es por ello, que generar expectativas positivas en edades de difícil desarrollo, confiar en el adolescente y en sus capacidades, puede ayudar en la consecución de nuestro objetivo final: Enseñar a ser personas, en todas las dimensiones de la palabra.

María del Carmen Girón Calero, Licenciada en Psicopedagogía y profesora en activo


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