El legado de Grecia

La Biblioteca Nacional exhibe grabados, mapas y códices griegos que fueron fundamentales para el Renacimiento español

Próxima a celebrar su tricentenario y con una revolución digital en marcha, que la establecerá ya sin duda entre los más grandes referentes bibliográficos a nivel internacional, la Biblioteca Nacional saca a relucir uno de sus más simbólicos tesoros, un cimiento de su significación y valor: las Lecturas de Bizancio o el legado escrito de Grecia en España.

JULIA FERNÁNDEZ
"Escribía Miguel Pselo a mediados del siglo XI en una de las obras que compuso para sus estudiantes de la Escuela de Filosofía de Constantinopla, que las veinticuatro letras del alfabeto griego, su orden y su forma, eran símbolos que escondían mensajes sobre el mundo y la voluntad de

Dios y que había que aprender a descifrar. Las letras del alfabeto son también para muchos estudiantes de la lengua griega portadoras de una sympatheia, quizá no tan cósmica como la que pretendía Pselo, pero sí llena de atractivo, un atractivo que ayudará al visitante a descifrar qué fue Bizancio y cuál es ahora su legado en España”. La palabras de Miguel Cortés Arrese e Inmaculada Pérez Martín, comisarios de la muestra Lecturas de Bizancio, dichas en su presentación, enfocan con sutileza la significación del conjunto de manuscritos, ediciones, documentos, grabados, iconos y monedas que, bajo el concepto general de El legado escrito de Grecia en España, estos días expone la Biblioteca Nacional. Una singular exposición, nacida al calor del VII Congreso Internacional de Paleografía Griega, que ha reunido recientemente en Madrid a muchos de los mejores especialistas en manuscritos griegos de todo el mundo, y que es un hito cultural al ser la primera vez que en España se dedica el grueso de una exposición a dar a conocer los manuscritos griegos que son custodiados en sus bibliotecas y que tienen el valor intrínseco de ser testimonios materiales de una cultura, la griega, en un periodo, el bizantino, cuya riqueza e importancia sigue siendo poco conocida en nuestro país.

El códice Skylitzes

Los códices griegos que fueron fundamentales para el desarrollo del Renacimiento español, coleccionados en Europa  por el promotor de la Real Biblioteca Pública, Felipe V, constituyen el eje de esta propuesta que ha tratado de profundizar en una parte de la civilización bizantina, su legado escrito, del que las bibliotecas españolas guardan alrededor de un millar. Su significación, más allá de ser verdaderos compendios de conocimientos de una época, está, como explican los responsables de Lecturas de Bizancio, en que “dan testimonio del sueño y la esperanza fallidos por los que lucharon nuestros humanistas, los de acceder libremente al saber del mundo antiguo empleando los instrumentos de la ciencia y la razón con los textos que lo conservaban, y al que el miedo a la libre circulación de ideas de los últimos Austrias y el control del poder eclesiástico, pondrían fin al relegar lo escrito en griego al ámbito de lo sospechoso”. De todos los grandes códices seleccionados para esta muestra, escritos entre los siglos IX y XVI, destacan el conocido como Slylitzes Matritensis, la obra histórica de Juan Escilitzes ilustrada con 574 miniaturas, un muestrario gráfico indispensable sobre el mundo bizantino, que nos habla del poder imperial, los ritos, costumbres y la vida cotidiana, que desde 1963 no había sido expuesto, y de cuyas imágenes más relevantes de ha confeccionado un audiovisual; el Akathistos, de comienzos del siglo XV, un himno en honor de la Virgen que se canta de pie, y que se conserva en El Escorial; o lo que queda de la Biblia Complutense, reducida “a una bola de papel quemado” durante la Guerra Civil y que los restauradores han conseguido recuperar en parte. Objetos de uso litúrgico y cotidiano, monedas y grabados, fíbulas, anillos, relicarios o trípticos, en los que la escritura transmite otros tipos de mensajes, desde el consuelo de la cruz hasta el sello de validez del contenido de un ungüentario o de un ponderal, procedentes de  la Biblioteca Nacional y de instituciones públicas como El Escorial, la Universidad de Salamanca, la Biblioteca Capitular de Toledo o el Museo Arqueológico, además de archivos y colecciones particulares , van abriendo su belleza y su significación junto a los códices en un recorrido estructurado en cuatro secciones: Bellezas ocultas de Constantinopla; Bizancio en el Mezzogiorno: los manuscritos de la Italia del sur; El estudio del griego en el Renacimiento español y Los manuscritos griegos en las bibliotecas españolas.

Azaroso destino

El catálogo de la exposición, en el que se incluyen los estudios correspondientes a cada sección, encabezados por otro de carácter general sobre El libro en Bizancio y finalizados con un breve epílogo sobre el emplazamiento de los manuscritos griegos en España y el camino que llevó a su catalogación, recoge la rememoración que J. Signes Codoñer hacía en su estudio Constantinopla 1453. Mitos y realidades, sobre el azaroso destino que en muchos casos determinó la llegada de los códices griegos a Europa: “Antes de la caída de Constantinopla hubo un momento privilegiado para la cultura occidental durante el cual, ante la evidencia de que el desastre era inevitable, los manuscritos griegos empezaron a abandonar la que había sido su cuna y se podía convertir sin más en su lecho de destrucción. Los humanistas avisados o mejor informados como Eneas Silvio Piccolomini (el papa Pío II), los bizantinos que ejercieron de profesores de griego en Italia como Manuel Crisoloras o los prelados bizantinos a las órdenes de Roma como el cardenal Besarión, se adelantaron a los acontecimientos y abrieron la espita por la que los códices bizantinos, de los venerables volúmenes antiguos de la dinastía macedonia a los manuscritos en papel de reciente copia, fluyeron a Italia y Centroeuropa, vendidos a visitantes, acompañando a los estudiosos bizantinos en sus desplazamientos cada vez más frecuentes a Italia o sacados de Constantinopla dentro de las bibliotecas enteras con destino a Creta, Roma o Venecia”. Décadas y hasta siglos después, estos mismos textos griegos llegaron a España para facilitar el conocimiento del saber antiguo relativo a las humanidades y a las ciencias, para realizar el sueño culto y libre de la Humanidad.

 

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