La autora de estas líneas cree que actualmente es muy difícil hablar de las funciones genéricas de la escuela, dado los cambios que acontecen en la sociedad actual. Ante esta realidad “cambiante e incierta” considera que la institución escolar ha de adaptarse a las exigencias del momento e intentar dar respuesta a los retos que se le plantean. Aunque eso sí, dejando claro que la la función de la escuela básica es la de conseguir la plena realización individual del discente y su inserción en la sociedad, haciéndoles ciudadanos libres, emancipados y críticos”.

Crisis de la escuela.
La necesidad de resignificarla frente a las
demandas de la sociedad

María Amparo Calatayud Salom
Profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación.Universidad de Valencia.

OY vivimos una nueva utopía, en

palabras de Castells, de la que nadie se atrevió a imaginar: la comunicación multilateral, ubicua, libre y universal, la transformación de las tecnologías de la información, el lado oscuro de la globalización, el como se está transformando el poder, las amenazas al Estado de Bienestar, del multiculturalismo, del poder local, de la crisis de las relaciones familiares tradicionales y de las personalidades, etc. y de que manera las nuevas tecnologías, la nanociencia, la revolución de la biotecnología, el imperio de la cultura virtual están modificando nuestra vida cotidiana y, por supuesto, el mundo de la escuela.
Si la sociedad cambia es necesario que la escuela también cambie e intente dar respuesta a las nuevas demandas que surgen. Hoy por hoy es muy difícil hablar de las funciones genéricas de la escuela, dado los cambios que acontecen en la sociedad actual. Las funciones que tradicionalmente se le han ido atribuyendo a la institución escolar están siendo discutidas y puestas en tela de juicio.
Para algunos autores como Gairín (1996), la crisis de la escuela no surge por una causa determinada sino como resultado de las interacciones de varias. Este autor reconoce que a las exigencias generales que impone el cambio de los modelos de sociedad hay que añadir otros factores que son de gran importancia a la hora de hablar de crisis de la escuela. Algunos de ellos son, por ejemplo, los siguientes:
-La indefinición de políticas educativas coherentes y estables debidas por ejemplo, a la misma indefinición de objetivos socio-culturales.
-La democratización de la enseñanza que conlleva un aumento cuantitativo y cualitativo de la educación.
-La resistencia al cambio que ralentiza la incorporación de reformas necesarias.
-La inadecuación de los medios, dado que los presupuestos que se destinan a educación son insuficientes para garantizar los servicios de calidad, así como también parece insuficiente la formación del profesorado para adaptarse a esos cambios.
-Los nuevos planteamientos educativos que se formulan para el mañana, teniéndose que desarrollar con la infraestructura y medios de hoy.
.La rápida acumulación y desarrollo de los conocimientos científicos, su pronta transformación técnica, etc. (pág. 42-43).
Factores a los que añadiría los siguientes:
*Una sociedad en la que no se propicia el debate social y profesional sobre la selección de la cultura escolar, de lo que realmente vale la pena estudiar y el por qué y el para qué de la selección de “x” conocimiento y no “y”.
*Sistemas educativos, fuertemente academicistas en el fondo y rutinarios en la forma que no incorporan, en gran medida, los cambios tecnológicos e informáticos propios de la sociedad del conocimiento y de la información.
*Una escuela en la que el alumnado no encuentra relación entre lo que ocurre en ella y lo que se vive en la calle. Los centros no se convierten en espacios de vida.
*Crisis en la familia, ruptura de lazos familiares que influyen también en la crisis de la escuela.
*Un sistema escolar que está al servicio de una sociedad competitiva, capitalista y neoliberal.
A raíz de todos estos acontecimientos, la crisis de la escuela sigue en el 2008, aunque de otra forma agudizada en algunos países como Alemania, por los resultados del Informe PISA y en otros, como España, además de ello, por la irrupción de la multiculturalidad, los problemas de disciplina en las aulas, etc. Crisis que viene agravada por una serie de aspectos que se están dejando sentir en nuestros centros escolares. De entre los más importantes destaco los siguientes:
-Excesiva confianza en las innumerables funciones que tiene atribuida la escuela. Ante esta gran proliferación de funciones la escuela se paraliza porque no da abasto a todas ellas.
-El cambio en el conocimiento racional introduce en la escuela la complejidad, la incertidumbre y las contradicciones del mismo.
-Progresiva descentralización de los sistemas educativos, con sus ventajas e inconvenientes.
-La contradicción entre el orden político igualitario y el orden económico competitivo y mercantilista.
-Sospecha de que la institución escolar está más cerca de la reproducción que de la transformación de la sociedad, de la escuela emancipadora.
-Discurso escolar incoherente con la realidad social que impone su práctica.
-Estructura altamente burocratizada y centralista de los centros escolares que busca la eficiencia de los mismos.
-Fuerte presencia de modelos de gestión automáticos y burocratizados y de liderazgo administrativo más que transformador.

Exigencias del momento

Ante esta realidad tan cambiante e incierta la institución escolar ha de adaptarse a las exigencias del momento que nos ha tocado vivir y ha de intentar dar respuesta a los retos que se le plantean.
Antes y ahora, la función de la escuela básica es la de conseguir la plena realización individual del discente y su inserción en la sociedad. Haciéndoles ciudadanos libres, emancipados y críticos. Ideas que tienen como esencia los 4 pilares expuestos por Delors (1996), en su libro titulado: “la educación encierra un tesoro”. Según este autor, la escuela debe de ayudar a: aprender a aprender, aprender a convivir, aprender a hacer y aprender a ser.
A través de estas 4 funciones principales que ha de presentar la institución escolar, ésta se ve obligada, como decía Delors (1996), a proporcionar las cartas náuticas y la brújula para que el alumno pueda navegar en un mundo cada vez más complejo. En general, estas funciones confluyen en la idea de ayudar a garantizar en el discente el desarrollo armónico de la personalidad, respecto a uno mismo y al medio. Desde nuestro punto de vista sólo se podrá conseguir, hoy por hoy, si la escuela presenta las siguientes características: a) educa en la vida y para la vida, b) supera los enfoques tecnológicos, funcionalistas y se acerca más a lo relacional, más a lo cultural-contextual y comunitario, c) si es un lugar exclusivo en el que se aprende básicamente lo básico, para pasar a ser un lugar para aprender a aprender, d) si enseña el valor de la ciudadanía: solidario, democrático, social, intercultural, medioambiental, etc. e) si ayuda a adquirir competencias de pensamiento y acción que le permitan al alumno integrarse y desenvolverse con capacidad crítica en la sociedad global y del conocimiento y f) si asume la necesidad de otras instancias sociales para tratar de educar a las futuras generaciones (Calatayud Salom, 2008)
Con todo ello se pone de manifiesto que nuevas demandas están siendo impuestas a la escuela en el sentido de preparar alumnos para trabajar en contextos multiculturales, educar en la solidaridad frente a la competitividad, educar en y para la diversidad del alumnado según el interés que muestran por las prácticas escolares, etc. Todo ello sólo lo podrá desarrollar si la escuela como tal ostenta a nuestro juicio, una serie de rasgos determinados:

1-Asume el principio de igualdad de oportunidades.

2-Es emancipadora y crítica.

3-Es democrática.

4-Se basa en el principio de equidad.

5-Se basa en el desarrollo integral de la persona.

6-Es universal, abierta a todos y a todas.

7-Es espacio de vida.

8-Es laica.

9-Asume la evaluación como instrumento de aprendizaje, mejora y calidad.

10-Está ligada al contexto.

Indudablemente la escuela seguirá siendo la herramienta más importante de la que dispone la sociedad para asegurar una cultura, para formar a los ciudadanos, para ayudar a la construcción de la propia identidad personal y social de los estudiantes, etc. Ahora bien, para dar respuesta a esta sociedad cada vez más diversa, heterogénea, discontinua, plural, local y centrífuga se hace necesario más que nunca la puesta en práctica tanto de la función educativa de la escuela como de su misión social de dar sentido a la vida y cambiar el mundo. Un reto para todos los profesionales de la educación que no debemos de perder nunca de vista.

Referencias bibliográficas

CALATAYUD SALOM, M.A. (2008) La escuela del futuro. Hacia nuevos escenarios. Madrid. CCS.
DELORS, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid. Santillana. Ediciones UNESCO.
GAIRÍN, J. (1996). Organización Escolar: contexto y texto de actuación. Madrid. La Muralla.

 

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