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entre
los que se encuentra el autismo. El niño autista presenta trastornos del
lenguaje y la comunicación, además de dificultades en el comportamiento.
Coordinada
por Ricardo Canal de la Universidad de Salamanca, esta publicación está
estructurada en seis capítulos, presentados en forma de preguntas y respuestas,
y explica de forma sencilla las necesidades de los niños con autismo y
su tratamiento, las estrategias de aprendizaje y las alternativas de educación
y la escolarización de los menores con autismo.
Diagnóstico
precoz
En
el acto de presentación de esta guía, Amparo Valcarce hizo hincapié en
la importancia del diagnóstico precoz para la detección de los trastornos
del espectro autista, pues “aunque no tienen cura, sí se ha comprobado
que mejoran con los tratamientos de conducta y de educación, cuando empiezan
a aplicarse pronto”.
No
obstante, la secretaria de Estado de Política Social reveló que a veces
pasan hasta tres años, desde que los padres empiezan a notar anomalías
en el comportamiento de sus hijos, hasta que finalmente se les diagnostica
el problema.
El
tratamiento para un niño afectado por TEA consiste en enseñar las habilidades
que no están desarrolladas, como el lenguaje, la comunicación o la interacción
social y disminuir los comportamientos que interfieren en su aprendizaje
y en la relación con las personas. El tratamiento es un proyecto que requiere
establecer metas a corto plazo, es necesario identificar los objetivos
para el niño en colaboración con los profesionales y, también, es preciso
realizar una evaluación continua para identificar los logros y aplicar
los ajustes necesarios.
Asimismo,
existen medicamentos recomendados para tratar problemas concretos que
se presentan en algunos niños con TEA, pero se debe consultar con el equipo
médico antes de suministrarles la medicación.
Orientación
Por
su parte, Ricardo Canal precisó que el objetivo de la guía es servir de
orientación a los familiares de niños con autismo, para que sepan desde
el principio con qué problema se encuentran y de qué herramientas disponen
para afrontarlo.
Cada
persona con TEA manifiesta estilos personales de aprendizaje, de interacción
y percepción, por lo que es importante comprender que la conducta problemática
tiene lugar por alguna razón y no es el resultado de la condición de la
persona, ni un síntoma de esa discapacidad. Los autores de esta guía señalan
que el momento de la rabieta no es el indicado para lograr que ese comportamiento
se modifique en el futuro, si no que deben planificar una estrategia cuando
recuperen la tranquilidad, aprovechando los momentos en que el niño tenga
disposición para aprender. Las personas con TEA tienen la capacidad de
aprender y guiarse por la información visual organizada que reciben del
ambiente. Esta posibilidad será de utilidad para ayudarles a comprender
aquello que los demás esperan de su conducta, qué comportamientos son
aceptados y cuáles no.
Adaptaciones
Los
niños con Trastornos del Espectro Autista necesitan la escolarización,
pero requieren una adaptación ajustada a sus necesidades de aprendizaje.
A los tres años comienzan la Educación Infantil, pero a los seis años
es obligatoria la escolarización. Por lo general, estos alumnos cursan
la etapa infantil en un centro ordinario, después los equipos de orientación
educativa realizan una evaluación de la competencia curricular y las necesidades
del niño y con estos datos redactan un dictamen, con una propuesta de
escolarización, donde determinan la modalidad que considera más adecuada
y los apoyos necesarios para la siguiente etapa escolar.
Pocos
alumnos por clase, instalaciones pequeñas, jornada predecible y sin exceso
de actividades son algunas de las recomendaciones para la elección del
centro adecuado. Además, los expertos apuestan por un equipo de profesores
y directivos con la disposición necesaria para realizar los ajustes necesarios
que favorezcan la integración. Por último, el centro debe disponer de
un psicopedagogo, un logopeda, un profesor de apoyo dentro del aula.
Datos
estadísticos
El
autismo es un trastorno relativamente raro, aunque cada vez se detectan
más casos y más pronto. Alrededor de un millón de personas en la Unión
Europea presentan un TEA, con dificultades en la comunicación, la socialización
y las respuestas emocionales. Los estudios epidemiológicos más recientes
convergen en una estimación de 1 por cada 200-250 personas, abarcando
desde los casos más leves a los más graves, pero en autismo puro se sitúa
en 1 por cada 1.000 personas. Por sexos, el TEA es tres veces más frecuente
en niños que en niñas.
Mientras
que uno de cada cuatro niños con autismo tiene una inteligencia normal,
uno de cada diez presenta “habilidades extraordinarias” en arte, música,
cálculo aritmético o memoria. Los niños con TEA tienen un aspecto normal,
aunque pueden presentarse algunas anomalías ligeras como las comisuras
de la boca o las orejas, situadas por debajo de lo normal, con forma casi
cuadrada y con su parte superior ligeramente abatida.
No
obstante, los autores de esta guía constatan que la capacidad intelectual
de los niños con trastorno del espectro autista se beneficia en buena
medida de la detección precoz y la atención temprana del problema.
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