Los profesores demandan formación específica

La violencia escolar, la multiculturalidad y la relación con los padres
constituyen sus principales retos

Los profesores expresan su incapacidad para resolver conflictos en el aula, según un infor- me de la FAD, por lo que reclaman formación específica para abordar nuevos retos educa-tivos, como la multiculturalidad, las nuevas tecnologías y la relación con los padres.
En los programas de mediación escolar, los profesores  provocan la reflexión de los alumnos implicados en un conflicto de convivencia. (Foto: Rafael Martínez)

Madrid. ROSAURA CALLEJA
De la investigación “Docentes o maestros: percepciones de la educación desde dentro”, realizada por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y Obra Social de Caja Madrid, se desprende que el profesorado siente que ha perdido todo el apoyo de los padres, del contexto social y de los medios de comunicación y mantienen una visión desesperanzada de su propio rol.
Analizar la visión de los profesores sobre su propio papel, el sistema educativo y el contexto social es el objetivo de este informe de carácter cualitativo y ámbito nacional, que muestra fielmente los discursos dominantes, temores, expectativas, deseos y dificultades del profesorado de Infantil, Primaria y Secundaria.
Una de las conclusiones pone de manifiesto que el discurso predominante en los docentes es claramente crítico y pesimista. En su opinión, no cuentan con la formación y capacitación necesaria para hacer frente a las nuevas realidades de la escuela del siglo XXI y reclaman formación específica en contenidos, metodología y en reconocimiento.

Autoridad

Los profesores se sienten desorientados y no capacitados para resolver problemas de violencia escolar, entre iguales y hacia ellos mismos. Además, se sienten desamparados y desautorizados por el contexto escolar y social para ejercer medidas que considerarían necesarias. Por ello, reclaman apoyo institucional y político para reforzar los mecanismos sancionadores que les ayuden a establecer un clima de disciplina en las aulas.
Asimismo, los docentes siguen percibiendo a los padres como elementos externos a la función escolar, en una dinámica que parece no encajar con la necesidad de colaborar en la educación de los alumnos. También denuncian que muchos padres no se implican en la función escolar, ni tienen intención de hacerlo, a la vez que se sienten completamente desautorizados y desprestigiados frente a las familias.
Del igual modo, afirman que no poseen los conocimientos y formación necesaria para gestionar la multiculturalidad en las aulas y reconocen su impotencia ante un fenómeno que les ha desbordado. A pesar de que disponen de los recursos en nuevas tecnologías, los profesores carecen de la capacitación suficiente para integrarlos de forma efectiva en los procesos educativos. A estas exigencias de formación se añade una sensación generalizada de desprestigio social.

Imagen deteriorada

Los datos de este sondeo revelan que son conscientes del deterioro de su imagen y de que la figura del “maestro”, con su componente afectivo y de prestigio, ha sido sustituida por la del “docente”, al que se identifica con un funcionario, sin connotación afectiva y desvalorizado en su apreciación colectiva.
De igual modo, los profesores declaran que se exige a la educación formal que resuelva todo lo que la sociedad no sabe cómo solucionar, como seguridad vial, violencia de género o consumo de drogas. Otra de las conclusiones de este informe es el análisis severo del contexto político al que acusan de utilizar la educación como arma electoral arrojadiza. En su opinión, los políticos priman los réditos electoralistas a corto plazo lo que provoca una inestabilidad del sistema que los profesores sienten en primera persona. Así como, reclaman que se consensúe un pacto de mínimos en la educación que palie el efecto cambiante de las políticas educativas, aunque se muestran convencidos de que los políticos serán incapaces de alcanzarlo.
De forma recurrente, transmiten una sensación de actuar desautorizados, como si su labor fuera a contracorriente de las principales dinámicas sociales. También afirman que se sienten cuestionados por los padres, por el sistema educativo, los medios de comunicación y por la sociedad en general.

Pública y privada

Mientras que defienden el modelo de enseñanza pública que, a su juicio, cuenta con mayores recursos que la privada, con ésta son profundamente críticos. Para los profesores, los centros privados responden a una lógica empresarial con lo que se reducen costes y recursos, se sitúa en segundo plano el interés general, se limita la libertad del docente y propicia la desvalorización del rol del educador.
No obstante, la enseñanza privada realiza una gestión profesionalizada de los centros y sus criterios de exigencia evitan el riesgo de acomodación y conformismo que se detectan en los profesores de los centros públicos.
A pesar de que defienden el modelo público, critican que se trata de un sistema demasiado condicionado por la lógica política, lo que le convierte en un sistema ineficaz e inestable y consideran que estos centros se han convertido en “vertedero” de conflictos, contradicciones y tensiones sociales.

 

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