Arte en la caverna

El singular testimonio creativo guardado en el interior de la Cornisa Cantábrica es considerado Patrimonio de la Humanidad

Tienen decenas de miles de años, encierran claves documentales y artísticas aún sin descifrar, amplían el significado del conjunto de  Altamira y han situado a España entre las grandes galerías de arte prehistórico de la Humanidad: Altamira, Tito Bustillo, Peña de Candamo, Llonín, Pindal, Covaciella, Chufín, El Castillo, Las Chimeneas, La Pasiega, Las Monedas, Hornos de la Peña, El Pendo, La Garma, Covalanas, Santimamiñe, Ekain y Altxerri o el prodigioso regalo del tiempo a nuestra contemporaneidad.

JULIA FERNÁNDEZ
Veintitrés años más tarde de que la UNESCO respaldara rotundamente el significado cultural que para el mundo tenía Altamira y casi once años después de que, en una reunión celebrada en Santillana del Mar, los Gobiernos de Asturias, Cantabria y País Vasco sellaran su unión en un proyecto que ampliaba a 17 yacimientos nuevos cantábricos esa extraordinaria significación, el arte rupestre del Paleolítico Superior realizado por el Homo Sapiens en la España septentrional ha logrado ser reconocido como una expresión extendida del momento evolutivo de la humanidad; una singular galería de imágenes que son documento, arte y misterio simbólico y que confirman, en su aislado espacio material, que el asunto creativo es para el ser humano un ejercicio instintivo y que es algo unificado y universal.

“El arte rupestre paleolítico –afirmaba la Propuesta de inscripción de bienes en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO- es una de las manifestaciones culturales más relevantes de la historia de la Humanidad. Aparte de sus cualidades propiamente estéticas, desde un punto de vista histórico la importancia de este fenómeno deriva de su carácter representativo de una etapa crucial en la evolución humana: la aparición del Homo Sapiens. El surgimiento de esta nueva forma cultural tiene, además, profundas implicaciones materiales: La invención de novedosas técnicas de trabajo y la aplicación específica de otras ya conocidas, dando lugar al primer desarrollo de las artes de la pintura, el grabado y la escultura.”
Bien cultural de primer orden; una auténtica obra maestra del genio creador humano; testimonio excepcional de la historia de la civilización: Cuevas de la Cornisa Cantábrica, universales y trascendentales para toda la humanidad.

Territorio de acogida

Con unos cuatrocientos kilómetros de largo y cuarenta kilómetros de anchura media, confinada al sur por la Cordillera y volcada por el norte al mar, la Cornisa Cantábrica, con su templado clima, fue un lugar óptimo, especialmente en los períodos más fríos de la última glaciación, para la ocupación humana, que encontró en su litología,  constituida en buena parte por rocas calizas que propiciaban la formación de numerosas cavidades, una total protección. Son estas cuevas “de acogida” donde el Homo Sapiens dejó signos (regionales y cronológicos) e imágenes figurativas de humanos y de algunas especies (bisonte, caballo, ciervo/cierva, cabra y uro) que son hoy consideradas las primeras manifestaciones creativas de nuestra especie. Un fenómeno a gran escala, tanto en el espacio como en el tiempo, que cubre el vasto territorio que se extiende desde los Urales hasta la Península Ibérica, que se prolonga a lo largo de unos 20.000 años  y que, en su distribución ha configurado grupos bien delimitados espacialmente, con características peculiares regionales; la denominada “región franco-cantábrica”, en la que se enclava las cuevas de la Cornisa Cantábrica,  destaca de entre todos ellos con el 90% de los yacimientos conocidos de arte rupestre paleolítico.    

Apogeo del Rupestre

“Son una obra maestra del genio creador del humano y la primera de sus expresiones artísticas consumadas. Constituyen un testimonio excepcional de una cultura ancestral y son una ilustración extraordinaria de una etapa importante de la historia de la humanidad”. La definición de la UNESCO de lo que, a partir de ahora, será conocido como el bien Patrimonio de la Humanidad “Cueva de Altamira y arte rupestre del norte de España” sitúa a Altamira; a Tito Bustillo, Peña de Candamo, Llonín, Pindal y Covaciella (Asturias); a Chufín, las cuevas del Monte Castillo, Las Chimeneas, La Pasiega, Las Monedas, Hornos de la Peña, El Pendo, la Garma y Covalanas (Cantabria); y a Santimamiñe, Ekain y Altxerri (País Vasco) como representativas de la creatividad que los primeros humanos desarrollaron en el Paleolítico Superior. Desde el comienzo de sus manifestaciones, con puntos y discos, manos en negativo, grabados lineales y sintéticas representaciones animales, a la perfección de los “policromos” de Altamira o El Castillo, realizados en la etapa conocida como Magdaleniense (17.000-11.000 antes del presente), el periodo sin duda de máximo esplendor del arte rupestre, donde se confirma, con su excelente aprovechamiento del soporte en la búsqueda del relieve, su maestría técnica en la combinación de diferentes tipos de grabado y la pintura roja y negra y en el gran realismo, acompañado de un exacerbado detallismo, de las representaciones de animales,  que la Cornisa Cantábrica es , en el ámbito de la historia universal, uno de los territorios en que tuvo lugar el nacimiento del Arte.

 

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