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Tienen
decenas de miles de años, encierran claves documentales y artísticas aún sin
descifrar, amplían el significado del conjunto de Altamira y han situado a
España entre las grandes galerías de arte prehistórico de la Humanidad: Altamira,
Tito Bustillo, Peña de Candamo, Llonín, Pindal, Covaciella, Chufín, El Castillo,
Las Chimeneas, La Pasiega, Las Monedas, Hornos de la Peña, El Pendo, La Garma,
Covalanas, Santimamiñe, Ekain y Altxerri o el prodigioso regalo del tiempo a
nuestra contemporaneidad. |
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“El
arte rupestre paleolítico –afirmaba la Propuesta de inscripción de bienes
en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO- es una de las manifestaciones
culturales más relevantes de la historia de la Humanidad. Aparte de sus
cualidades propiamente estéticas, desde un punto de vista histórico la
importancia de este fenómeno deriva de su carácter representativo de una
etapa crucial en la evolución humana: la aparición del Homo Sapiens. El
surgimiento de esta nueva forma cultural tiene, además, profundas implicaciones
materiales: La invención de novedosas técnicas de trabajo y la aplicación
específica de otras ya conocidas, dando lugar al primer desarrollo de
las artes de la pintura, el grabado y la escultura.”
Bien cultural
de primer orden; una auténtica obra maestra del genio creador humano;
testimonio excepcional de la historia de la civilización: Cuevas de la
Cornisa Cantábrica, universales y trascendentales para toda la humanidad.
Territorio
de acogida
Con
unos cuatrocientos kilómetros de largo y cuarenta kilómetros de anchura
media, confinada al sur por la Cordillera y volcada por el norte al mar,
la Cornisa Cantábrica, con su templado clima, fue un lugar óptimo, especialmente
en los períodos más fríos de la última glaciación, para la ocupación humana,
que encontró en su litología, constituida en buena parte por rocas calizas
que propiciaban la formación de numerosas cavidades, una total protección.
Son estas cuevas “de acogida” donde el Homo Sapiens dejó signos (regionales
y cronológicos) e imágenes figurativas de humanos y de algunas especies
(bisonte, caballo, ciervo/cierva, cabra y uro) que son hoy consideradas
las primeras manifestaciones creativas de nuestra especie. Un fenómeno
a gran escala, tanto en el espacio como en el tiempo, que cubre el vasto
territorio que se extiende desde los Urales hasta la Península Ibérica,
que se prolonga a lo largo de unos 20.000 años y que, en su distribución
ha configurado grupos bien delimitados espacialmente, con características
peculiares regionales; la denominada “región franco-cantábrica”, en la
que se enclava las cuevas de la Cornisa Cantábrica, destaca de entre
todos ellos con el 90% de los yacimientos conocidos de arte rupestre paleolítico.
Apogeo
del Rupestre
“Son
una obra maestra del genio creador del humano y la primera de sus expresiones
artísticas consumadas. Constituyen un testimonio excepcional de una cultura
ancestral y son una ilustración extraordinaria de una etapa importante
de la historia de la humanidad”. La definición de la UNESCO de lo que,
a partir de ahora, será conocido como el bien Patrimonio de la Humanidad
“Cueva de Altamira y arte rupestre del norte de España” sitúa a Altamira;
a Tito Bustillo, Peña de Candamo, Llonín, Pindal y Covaciella (Asturias);
a Chufín, las cuevas del Monte Castillo, Las Chimeneas, La Pasiega, Las
Monedas, Hornos de la Peña, El Pendo, la Garma y Covalanas (Cantabria);
y a Santimamiñe, Ekain y Altxerri (País Vasco) como representativas de
la creatividad que los primeros humanos desarrollaron en el Paleolítico
Superior. Desde el comienzo de sus manifestaciones, con puntos y discos,
manos en negativo, grabados lineales y sintéticas representaciones animales,
a la perfección de los “policromos” de Altamira o El Castillo, realizados
en la etapa conocida como Magdaleniense (17.000-11.000 antes del presente),
el periodo sin duda de máximo esplendor del arte rupestre, donde se confirma,
con su excelente aprovechamiento del soporte en la búsqueda del relieve,
su maestría técnica en la combinación de diferentes tipos de grabado y
la pintura roja y negra y en el gran realismo, acompañado de un exacerbado
detallismo, de las representaciones de animales, que la Cornisa Cantábrica
es , en el ámbito de la historia universal, uno de los territorios en
que tuvo lugar el nacimiento del Arte.
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