Velar en Yuso

La Fundación San Millán de la Cogolla reemprende la restauración de los fondos de la Biblioteca del Monasterio

Extraordinaria gesta llevada a cabo por los monjes benedictinos y eje singular del espacio de cultura que simboliza San Millán de la Cogolla, la Biblioteca de Yuso concentra en sus fondos claves trascendentales de la evolución cultural y social de España. Un nuevo acuerdo de restauración recuerda su específica función en nuestra historia.

JULIA FERNÁNDEZ
Están almacenados junto a los muros de Suso, donde el español surgió balbuciente, y comparten geografía con el primer poeta en lengua castellana, Gonzalo de Berceo. Se sitúan honorablemente entre esa red de referentes que en 1997 mereció de la UNESCO la consideración de Patrimonio de la Humanidad: los monasterios de Suso y Yuso, en San Millán de la Cogolla, sitios de un valor excepcional y universal que deben ser protegidos para el beneficio de la humanidad; un conjunto monumental de gran trascendencia e importancia, tanto por razones históricas, artísticas y religiosas como por razones lingüísticas y literarias.
Son el resultado del trabajo artístico, cultural y artesanal de los benedictinos: Biblioteca monástica de Yuso, el signo dentro del símbolo y una especie extraordinaria en la ilustración.

Diseminada y reagrupada

“Actualmente la biblioteca tiene más de 11.100 volúmenes de la Biblioteca benedictina original, anteriores a 1800. Ha sido una labor ardua de recuperación que nuestra congregación de frailes Agustinos Recoletos se propuso a su llegada al monasterio de Yuso. Desde el año 1835, en el que tuvieron que abandonar el monasterio los monjes benedictinos hasta nuestra llegada en 1878, fueron numerosos los saqueos y despojos de que fue víctima el cenobio. La Biblioteca estaba completamente diseminada. Tenemos en estos momentos el  85 por ciento de sus volúmenes originales y, de ellos, 150 ejemplares son únicos, no existen en ningún otro lugar del mundo.” Historiador y bibliófilo, dieciocho años al frente de la Biblioteca de Yuso, el padre Olarte es el gran guardián y cuidador de esta memoria escrita que, tras el nuevo acuerdo entre las fundaciones de Altadis y San Millán, vuelve a ser actualidad al sumar 20 obras más de la Biblioteca  a un proyecto que ya ha dado como fruto la restauración de 138 obras desde que, en 2003, estas Fundaciones iniciaran su  colaboración en defensa del patrimonio bibliográfico de Yuso.
El estado de los libros, su rareza, y un equilibrio en épocas y materias, guían al padre Olarte en la selección de piezas en las que es urgente actuar: “Los veinte que se recuperarán este año se sitúan entre los siglos XVI al XVIII, con temática religiosa, diccionarios o crónicas, entre otros estilos. Existen cubiertas mudéjares y renacentistas. También hay libros sin encuadernar. El deterioro en el que están tiene que ver con la deshidratación y nutrición, y con la pérdida del soporte”

Problemas específicos

El pergamino es el tipo de encuadernación con la que Ana Jessen, restauradora y encuadernadora ligada al proyecto desde su inicio, suele tener que llevar una actuación más integral: “Hay muchas encuadernaciones de pergamino ya que era la más barata: el cuero del animal, generalmente de cabra y oveja, curtido vegetalmente. Con el paso del tiempo, y por el contacto con el polvo, esta piel se deshidrata, se arruga y acaba siendo más pequeña que las hojas de papel que debiera proteger”.
Desmontar la encuadernación, limpiarla con solución acuosa neutra, aplicarle una solución de alcohol que abra los poros del pergamino para que capte la humedad, prensarla después y dejar que termine de secar, y, si se ha conseguido que esa cubierta de cuero dilate tanto como es necesario, entrar en la fase de injertar los trozos que puedan faltar de material, además de eliminar la acidez del papel, limpiar en seco sus hojas, desinfectar de bichos bibliófagos... son tareas de una intervención que su autora, Ana Jessen, precisa como conservación más que restauración: “Se trata sobre todo de parar el proceso de deterioro. Es dejar el libro saneado. Quitar las humedades, los bichos... impedir que siga la destrucción. Y, por supuesto, darle su esplendor”.

El mejor conservante

No todos los volúmenes de la Biblioteca de Yuso son estrictamente calificables de libros: sus estanterías guardan muchas obras que son hojas que están envueltas en un burdo papel de estraza: “Muchos de los que he trabajado han sido de este tipo. Eran volúmenes que llevaban imprentas al monasterio para que los monjes los encuadernaran y se quedaron sin realizar. En estas restauraciones, después de sanear sus hojas, lo que hago es encuadernarlos respetando su época: es la forma más eficaz de protegerlos”.
La diferencia de la calidad del papel donde fueron copiados e impresos los libros es otra característica que determina cómo hay que abordar la reconstrucción de una obra. Ana Jessen, después de trabajar décadas con obras de épocas muy diversas, tiene claro que “los papeles del siglo XVII y XVIII son buenísimos. Son tan buenos que siguen estando en perfecto estado: son papeles sin cal, sin acidez, su fabricación era extraordinaria, lo hacían muy bien. Luego, poco a poco, le fueron metiendo otros productos para abaratar costes y... su resultado, en perdurabilidad, ha sido mucho peor.”
El frío intenso que hace en la Biblioteca de Yuso, el mejor conservante según esta especialista, es una gran ayuda en el exterminio de los animales bibliófagos que, en su diseminación, se le han sumado a esta Biblioteca como nueva amenaza a su integridad. “No hay bicho que sobreviva a las temperaturas de esta Biblioteca. Es un conservante absoluto que dará años y años de vida a estos libros ya saneados. El otro conservante, y es una pena que se haya dejado de actuar en ese sentido, es el de digitalizarlos. El no volver a tocarlos acabada su restauración es el único modo de que su sabiduría y significación sigan siendo perdurablemente un Patrimonio para la Humanidad.”
Su apasionada entrega es, sin duda, el específico restante de esta empresa secular.

 

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