En la presente colaboración, su autor, Presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, tras exponer  los cuatro factores cruciales que, a su juicio, condicionan y sirven de oportunidad para adoptar decisiones que favorezcan la mejora de la calidad de nuestro sistema educativo, analiza el decisivo papel que los servicios de orientación desempeñan y pueden desempeñar en este ámbito de actuación, exponiendo una serie de propuestas y abriendo un interesante espacio de reflexión sobre este asunto.

La orientación como reto
de la educación del futuro

Juan Antonio Planas Domingo
Presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía
y Orientación de España

XISTEN  cuatro  elementos  cru-

ciales en la situación educativa española actual que hacen especialmente relevante la toma de decisiones que favorezcan la calidad.
El primero es el desarrollo de la Ley Orgánica de Educación (LOE), promovido por el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, y las leyes de Educación de las distintas Comunidades Autónomas.
Por otro lado, y este sería el segundo elemento crucial, el Informe PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) de la OCDE sobre el rendimiento académico de alumnos de 15 años pone de manifiesto que hay más alumnos españoles que no alcanzan los niveles mínimos en lectura, en matemáticas y en cultura científica que la media europea y que existe un porcentaje significativamente menor de alumnos que alcanzan un alto nivel de excelencia. El fracaso escolar sigue manteniéndose en unas tasas elevadas (el 31% de la población entre 18 y 24 años no ha completado la Educación Secundaria). Es decir, estamos 10 puntos porcentuales por encima de la media europea, y aunque hemos avanzado muchísimo con respecto a épocas recientes no podemos considerarnos satisfechos.
El tercero es que estamos inmersos en pleno proceso de convergencia del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), por el que los sistemas educativos de la Unión Europea serán homologables. Como se ha visto en la publicación de los decretos de grado y postgrado, todas las titulaciones universitarias tendrán una duración similar valorada en créditos de aprendizaje de los alumnos (ECTS). Esta circunstancia va a suponer que nuestros alumnos van a competir con sus compañeros comunitarios y también la posibilidad de que haya más movilidad entre profesores y entre alumnos. Por tanto, nuestro sistema educativo deberá estar preparado para esa permeabilidad y la futura movilidad.
Y el cuarto está relacionado con la situación económica a nivel europeo y mundial. Todos los partidos políticos deberían implementar propuestas educativas vanguardistas para dar respuesta a las necesidades educativas y formativas de la totalidad de la población. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, considera 'muy insatisfactorio' el nivel de productividad laboral de la economía española. Elevar la productividad tiene que ver con mejoras en la formación profesional y en la educación, a todos los niveles para que los trabajadores sean capaces de producir más con mejores conocimientos.

“Mirada a la educación”

De igual manera, hay que hacer mención del informe de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) “Mirada a la educación” de 2005, en donde se pone de relieve que en España las inversiones en Educación en los últimos años no han seguido el ritmo de crecimiento de la riqueza nacional. Según este informe sólo el 43 % de la población comprendida en la franja de edad de 25 a 64 años ha obtenido al menos el diploma de bachillerato frente a la media del 66 % del conjunto de la OCDE. Entre otros aspectos interesantes de este informe, se subraya que menos del 10% de los trabajadores españoles ha seguido cursos de formación. España sólo invierte el 4,9% de PIB (en 2003) en Educación cuando la media de los países industrializados es del 6,1%, con el agravante que estas estadísticas se mantienen desde hace muchos años. Todas estas medidas precisan de un esfuerzo económico mayor. Es decir, por el establecimiento de una Ley de Financiación del desarrollo de la LOE que garantice unos recursos económicos similares en porcentaje de PIB a los países europeos de nuestro entorno.
Tanto en España como en el resto de la Unión Europea los educadores, las familias y agentes sociales coinciden en el papel importantísimo de los Servicios de Orientación en el Sistema Educativo actual. Son la pieza clave para detectar a tiempo cualquier problemática educativa o personal en los alumnos,  pueden asesorar al profesorado y también pueden incidir directamente en las familias. El nuevo rol de la orientación debe ser mucho más ambicioso dirigido a la formación y al asesoramiento al profesorado tanto a nivel individual como colectivo a través de las Comisiones de Coordinación Pedagógica, y no tanto a las intervenciones clínicas centradas en unos pocos alumnos. En la nueva dimensión de la orientación debe abarcar a toda la Comunidad educativa, es decir, a la totalidad de los alumnos, de los profesores y a las familias.
A pesar del aumento de alumnos, de funciones y problemáticas existen prácticamente los mismos orientadores que hace años. También habría que considerar la orientación en Educación de Personas Adultas, la Orientación en los Centros de Educación Especial, en la Educación no formal y en la Universidad. En fin planteamos una orientación de calidad a lo largo de la vida y que llegue a toda la comunidad educativa.

Medidas preventivas

Se está observando cada vez con mayor nitidez que la orientación es progresivamente más importante en la sociedad actual. Ahora cuando se está desarrollando la LOE, los profesionales de la educación vemos prioritario que se tengan más en cuenta las medidas preventivas. Es necesario intervenir en los problemas antes de que se hagan más serios e irresolubles. Por eso el papel de los orientadores es crucial porque somos los que identificamos el problema cuando aparece y es cuando verdaderamente se pueden implementar medidas educativas. A nuestro parecer en la LOE y en los borradores de las distintas Leyes de Educación de las Comunidades Autónomas no se refleja suficientemente la importancia de la Orientación.
Sin embargo, el papel que asigna a los orientadores la citada LOE es imprescindible para que funcionen determinados programas, por ejemplo la evaluación psicopedagógica para acceder a los programas de aprendizaje básico, PROA, diversificación curricular o programas de cualificación profesional inicial. Es paradójico que por un lado, se asignen cada vez más funciones y, por otro, se escatimen recursos humanos y no se reconozca explícitamente nuestra labor.
Es muy importante la intervención preventiva en educación porque cuando no se hace a tiempo abocamos a un alumno durante muchos años a que esté fracasado en la escuela y después se le encamine hacia unas opciones que le cercenan tanto sus posibilidades educativas como laborales. Apostamos por que el alumno tenga una atención especializada desde E. Infantil.
Otro aspecto a considerar es que nuestros centros educativos son mucho más complejos que la situación educativa de hace años, en el sentido de que hay alumnos más diversos. En estos momentos todos los alumnos están escolarizados desde los tres hasta los dieciséis años: los que tienen dificultades de aprendizaje, diferente capacidad, motivación o intereses, y además están llegando alumnos extranjeros con lo cual la heterogeneidad del alumnado es mayor que nunca. Por otro lado, la implantación de programas específicos tal como contempla la LOE (Programas de Aprendizaje Básico o el Plan de Refuerzo Orientación y Apoyo) además de los ya existentes: integración, compensatoria, altas capacidades, escolarización externa, diversificación curricular; hacen necesario que se diagnostiquen a los alumnos susceptibles de incorporarse a estos programas. Y este papel está otorgado a los Servicios de Orientación.
No es lo mismo dar clase a un grupo homogéneo que a otro heterogéneo, con diferentes capacidades y rendimiento tanto por debajo como por arriba. Hay que asesorar al profesorado en cuanto a problemáticas que antes no existían o se desconocían, como los alumnos disruptivos, la desmotivación, el déficit de atención, la hiperactividad, las ludopatías, la anorexia, la bulimia o la drogadicción. También precisan orientación en temas como: materiales específicos para trabajar en esa diversidad, agrupamientos más reducidos, las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, información sobre instituciones especializadas, mejora de la tutoría, medidas para mejorar la convivencia en la comunidad educativa, etc. Igualmente, pautas educativas para trabajar con los alumnos discapacitados, grupo que presenta una grandísima variabilidad en cuanto a la tipología, los requerimientos y los programas de intervención a desarrollar con ellos, así como una necesidad importante de coordinar las actuaciones de todos aquellos profesionales que trabajan con estos alumnos en los centros ordinarios, aulas de educación especial y centros de educación especial (logopedas, fisioterapeutas, trabajadores sociales, auxiliares de educación especial…)

Asesoramiento a las familias

Por otro lado, la tercera parcela (igual de importante) es el asesoramiento a las familias, porque la sociedad es cada vez más compleja. Los padres lo tienen mucho más difícil. En frecuente encontrar en nuestras aulas problemas como celos, ansiedad, stress, desobediencia, temores irracionales, agresividad verbal, violencia física, trastorno negativista desafiante, etc. Con las exigencias laborales o con el aumento de familias monoparentales aparecen problemas desconocidos hasta ahora. Además, hay que tener en cuenta que la sociedad es muy compleja con diversas y cambiantes ofertas formativas y laborales. Por tanto, hacen falta profesionales preparados en esas problemáticas tan específicas y con un profundo conocimiento de las necesidades educativas y laborales de nuestra sociedad. Por todo esto abogamos por un buen sistema de orientación desde la primera infancia hasta la madurez. Por eso reivindicamos que se invierta en prevención y se potencie la orientación a lo largo de toda la vida.
Estamos observando que la Orientación ha evolucionado notablemente en los últimos años. Desde el modelo más clínico y centrado en unos cuantos alumnos se ha pasado a un modelo más sistémico que abarca a toda la comunidad educativa y a lo largo de toda la escolaridad. Conforme se alarga el período de escolaridad obligatoria y también aumenta el número de personas que se forman a lo largo de la vida también aumenta el nivel de exigencia de la orientación. En estos momentos las funciones de los orientadores han aumentado notablemente. Se hacen intervenciones más globales centradas en el contexto escolar más que en los alumnos considerados individualmente y también se incide mucho más en la práctica docente y en el asesoramiento familiar.
Coincido con el experto Rafael Bisquerra, catedrático de Psicopedagogía de la Universidad de Barcelona, quien considera que la práctica de la orientación debe ir, y de hecho va, más allá de las leyes propias de cada comunidad autónoma. Este especialista tiene la sensación de que cada Comunidad Autónoma intenta legislar para “ser diferentes de los demás”.
Se valora positivamente la diversidad. Pero ciertos excesos no son precisamente positivos. Una práctica de la orientación bien fundamentada en un marco teórico sólido, probablemente no lleve a una práctica de la orientación diferente en cada Comunidad autónoma. Lo lógico sería que hubiese unos principios y modelos básicos comunes a las diversas comunidades. Por ese motivo, uno de los objetivos de la COPOE y de los encuentros que se celebran anualmente es además de la propuesta de un modelo común, y propuestas acerca de la construcción de los elementos comunes de los diversos modelos.
De la misma manera que no se entendería que las matemáticas, o la física, o cualquier contenido académico científico fuese diferente en las diversas comunidades, en función del partido que gobierne, tampoco se entendería que eso pasase respecto a la orientación. Si la orientación tiene una base científica, su práctica no debería ser muy diferente en las distintas Comunidades Autónomas.

Adaptarse a las necesidades de la sociedad

Tal como ya se están planteando en la mayor parte de los países de la Unión Europea, hay que adaptar las funciones de los servicios de orientación a las necesidades de la sociedad actual. En ese sentido se puede aprovechar nuestra formación psicopedagógica y experiencia docente en la formación del profesorado, tanto de Infantil y Primaria como de Educación Secundaria. De la misma manera podemos contribuir a la cada vez más necesaria formación de las familias.
Una vez aprobada la Ley Orgánica de Educación y ante la aparición inminente del Real Decreto por el que se definen las condiciones de formación para el ejercicio de la docencia en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), el Bachillerato y la Formación Profesional, es preciso que cada Comunidad Autónoma cuente con su propio marco referencial que permita adecuar los recursos humanos a su idiosincrasia.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la situación a nivel de España es similar en todas las Comunidades Autónomas; pero no así en relación a otros países de la OCDE. Con el aumento de exigencias y de funciones serían necesarios muchos más orientadores para contribuir a que nuestro sistema educativo fuera de calidad. Tal como recomienda la UNESCO y como ya dijimos en el II Encuentro Nacional de Orientadores celebrado en Mérida en Diciembre de 2005, sería necesario una ratio de 1 orientador por cada 250 alumnos.
Las diversas Comunidades Autónomas han desarrollado modelos propios de Servicios de Orientación con el denominador común de la necesidad de ampliar los efectivos humanos y recursos psicopedagógicos conforme la comunidad educativa ha conocido su existencia.
En estos momentos, nadie discute la importancia de que nuestro sistema educativo cuente con profesionales que incidan directamente en los centros escolares asesorando al profesorado, a los alumnos y a sus familias, detectando las dificultades educativas de los alumnos, colaborando en la formación del profesorado y contribuyendo a coordinar las intervenciones de otros servicios educativos, sanitarios y sociales.
Una de las premisas fundamentales es la necesidad de que se potencie la Orientación para toda la comunidad educativa y a lo largo de toda la vida.

 

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