Valedora presentación

La exposición “Tesoros del Museo Arqueológico Nacional” resume
los fondos de la institución durante su remodelación

Son las piezas clave del Museo y tienen el encargo de documen- tar en soledad habilidades, situaciones, épocas, civilizaciones y culturas; traen arte y sabiduría; se muestran en armonía y narran el largo relato de la humanidad: es el gran tesoro del Museo Arqueológico Nacional y a lo largo de tres años lo representarán.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
El Tesoro de Guarrazar, una de las grandes obras elegidas para representar el conjunto de los fondos del Museo, fue   hallado casualmente en un paraje de Guadamur (Toledo) en 1858. Era un conjunto formado por coronas, cruces y objetos litúrgicos de oro, plata y pedrería, que debieron pertenecer a una importante basílica o monasterio. Muchos de los objetos fueron destruidos, tras el hallazgo, y otros, más tarde, robados. En la actualidad, quedan tres lotes de joyas que se guardan en el Museo parisino de Cluny, en el Palacio Real de Madrid y  en el Museo Arqueológico Nacional. Son la mejor muestra de la orfebrería de la época visigoda y uno de los casos de desenterramiento, expolio, desmembración y restitución al conocimiento social que más complejamente sintetiza qué función tiene el Museo Arqueológico Nacional: un guardián de las huellas humanas y restaurador sutil del quehacer de las antiguas civilizaciones, que investiga, analiza, discrimina, ordena y, finalmente, restaura y muestra.

Representativos

Tesoros del Museo Arqueológico Nacional, la que será la exposición temporal más larga que haya organizado el Museo Arqueológico Nacional –estará abierta mientras duren las obras de remodelación del edificio- presenta, en una ocasión única para el visitante, esa oportunidad soñada de ver en un solo recorrido el corazón esencial del rico fondo documental que a lo largo del tiempo concentra una institución como el Museo Arqueológico Nacional.
Con un recorrido que va de la Prehistoria hasta la Edad Moderna, pasando por Egipto, Grecia y Roma, y que se despliega a lo largo de cinco antiguas salas que han sido remodeladas en consonancia con el punto de vista museográfico y expositivo de la Sala de Escultura Ibérica, inaugurada en noviembre de 2006 al volver la dama de Elche al Museo, y que no se ha tocado en esta actuación, sus 268 objetos y conjuntos de piezas son, en palabras de sus responsables, “los más representativos y conocidos de la colección permanente del museo; los auténticos tesoros: la representación real de lo que vela esta institución”.
Variada y rica, la muestra Tesoros... está integrada por los más variados objetos creados por el hombre, como el bifaz paleolítico que durante milenios fue casi su única herramienta, los delicados marfiles que aúnan el gusto estético con la función para la que fueron creados, la obra primitiva de arte de los omoplatos de la Cueva del Castillo, el ídolo de Extremadura, la Dama de Elche, las esculturas romanas, el crucifijo románico de Don Fernando y Doña Sancha, el Héctor ecuestre de Filarette, las pinturas que ornan las sillas de mano...

El mito y el poder

Un recorrido que pasa por las visiones sucesivas del mito como la diosa entronizada de galera de cuyos pechos mana la fuente de la vida, los relatos griegos que tan sabiamente fueron expresados a través de las obras de pintores y ceramistas, y que encontraron, ya en la península Ibérica, su propia versión en esculturas como la Bicha de Balazote. Que recuerda, también, los símbolos de poder y prestigio que han subyugado al hombre: el oro y la plata trabajados en forma de sencillas diademas, como pesados collares, como recipientes en los Axtroki y como quemaperfumes en los llamados candelabros de Lebrija, o extraordinarios aderezos ornados como filigranas o piezas cuajadas de perlas y piedras ricas como muestra el tesoro de Guarrazar.
Que se detiene en cómo el ser humano ha recordado y honrado a sus seres ausentes a través de monumentos y ajuares funerarios al exhibir sarcófagos egipcios ornados con pinturas y jeroglíficos, sencillas tinajas como cobijo de sepultura, imponentes torres como la del Pozo Moro, parlantes sarcófagos romanos paganos y cristianos, sepulcros como el de Doña Constanza, o estatuas orantes como la del rey Don Pedro I.
Y que recuerda las importantes colecciones de monedas con que cuenta el museo seleccionando unas espléndidas acuñaciones griegas, el singular y único cuaternión de Augusto y los veinte excelentes de los Reyes Católicos, junto a  las medallas que surgieron de los mejores talleres europeos.

Nueva época

El Museo Arqueológico Nacional, situado entre los grandes museos del Estado, respetado internacionalmente y con la trayectoria de exposiciones más seria de la escena cultural española, comenzará en breve, como ya hicieran el Museo del Prado y el Reina Sofía, una actuación de remodelación integral, que, según palabras del director general de Bellas Artes, José Jiménez, “servirá para adaptarlo a los nuevos tiempos, aplicándole las más recientes tendencias museísticas”. Tres años de obras, racionalización del espacio, 3.000 metros cuadrados más de uso público, reelaboración de sus colecciones y una contundente apuesta de estar en el espacio de los más importantes museos europeos. Sus riquezas, excepto las que conforman su Tesoros del Museo Arqueológico Nacional, visitarán en forma de exposición temporal distintas provincias españolas. Son tiempos nuevos que abren, sorprendentemente, puertas radicalmente nuevas.

 

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