El “padre” del genoma humano defiende los debates públicos sobre los avances científicos
Los profesores Craig Venter y Graham Collingridge reciben los Premios Cátedra Santiago Grisolía por sus trabajos en biomedicina y neurociencia

Madrid.
El biólogo estadounidense Craig Venter, considerado el “padre del genoma humano”, cree que “es bueno tener un debate público sobre los avances de la ciencia, porque son temas importantes que afectan a nuestra visión de la vida”. Así lo ha afirmado en Valencia tras recibir el “Premio Cátedra Santiago Grisolía”, galardón que ha compartido con el investigador Graham Collingridge, considerado el pionero en el estudio del mecanismo de aprendizaje de la memoria. De esta forma se reconoce la labor que estos dos científicos han desempeñado en el ámbito de la biomedicina y la neurociencia, con avances que “contienen un alto nivel científico y un elevado interés social”.
El profesor Venter es fundador y presidente del J. Craig Venter Institute (JCVI), y ha anunciado recientemente la obtención sintética del genoma de un ser vivo, la bacteria Micoplasma genitalium, como paso previo para crear vida en un laboratorio, y ha asegurado que “antes de realizar el primer experimento abordamos diferentes preguntas éticas”. Respecto al impacto de sus investigaciones y el debate que surge en torno a ellas, ha asegurado que “hay personas que estaban en contra de la liberalización al medio ambiente de algún nuevo organismo”, y ha matizado que en su institución creen que estas tecnologías “no se deberían aplicar en seres humanos”. Por ello, en su página web www.jcvi.org ha publicado un estudio sobre los impactos de su investigación en la sociedad.

Pioneros. Craig Venter ha realizado numerosas e innovadoras contribuciones a la investigación en genómica, y ha desarrollado nuevas tecnologías que han permitido el rápido avance en la secuenciación del genoma del hombre y de otras especies, que culminó con la publicación en febrero de 2001 del genoma humano en la revista “Science”. Al respecto, ha explicado que el código genético es “como un software en el ordenador, y ahora estamos aprendiendo cómo desarrollar un nuevo software que puede ayudar a aprovechar la potencia de la biología”.
El otro científico galardonado es pionero en el estudio de los mecanismos implicados en la plasticidad sináptica, el principal proceso por el que el cerebro es capaz de almacenar información. Los estudios del doctor Graham Collingridge permiten empezar a comprender cómo somos capaces de recordar y cómo los procesos cognitivos y de memoria están alterados en algunas enfermedades. Así, ha destacado la importancia de estas investigaciones desde la perspectiva médica en enfermedades como el alzheimer, donde la memoria está alterada, y ha explicado que “al comprender los mecanismos básicos de la memoria es posible dirigirnos a estos sistemas para desarrollar nuevas terapias para esta enfermedad”.

Hallazgo inesperado para la lucha contra el cáncer
Investigadores del CSIC descubren una proteína del esque- leto de la célula que podría ayudar en terapias antitumorales

Madrid. Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han coordinado un estudio, que ha permitido descubrir una nueva proteína del esqueleto de la célula que, según un comunicado difundido por este organismo, podría servir para entender mejor los procesos que rodean al cáncer, y ayudar a luchar contra esta enfermedad. Este hallazgo se ha publicado recientemente en la revista “Endocrinology”, y se produjo por sorpresa mientras el equipo estudiaba nuevas dianas terapéuticas contra el cáncer a través del bloqueo del gen de la adrenomedulina, de naturaleza hormonal y, por tanto, relacionado hasta el momento sólo con acciones extracelulares.
El investigador del Instituto Cajal (del CSIC) en Madrid, Alfredo Martínez dirige este estudio, que cuenta con la colaboración de varios centros estadounidenses. Los trabajos de su equipo ha permitido descubrir que uno de los péptidos  (moléculas que conforman las proteínas) que produce el gen de la adrenomedulina, es una proteína asociada a los microtúbulos (MAP en su acrónimo inglés), pequeñas varillas que conforman el esqueleto de la célula o citoesqueleto.
Según ha explicado el profesor Martínez, “al igual que los organismos superiores necesitan un esqueleto rígido para poder moverse y realizar sus funciones, la célula cuenta también con un sistema de pequeñas varillas, los microtúbulos. Este esqueleto no es una estructura estática, sino que está en constante renovación gracias al movimiento de moléculas de tubulina, el componente principal de los microtúbulos. Dichas tubulinas no están solas, ya que existe una serie de proteínas que participan en la modulación del citoesqueleto y que reciben el nombre de proteínas asociadas a los microtúbulos, las MAP”.

Sorpresa. Los propios autores del estudio fueron los primeros sorprendidos por su hallazgo. Según ha explicado Alfredo Martínez, “el grupo ya ha publicado varios trabajos sobre el gen de la adrenomedulina y su papel en el cáncer. Se trata de un gen hormonal que en principio nada tenía que ver con las funciones dentro de la célula y, por eso, descubrir que una de las proteínas que lo produce es una proteína MAP resultó inesperado”. Para ellos conocer nuevos datos sobre el citoesqueleto, como este descubrimiento, implica obtener más información sobre los fenómenos en los que participa activamente esta parte de la célula, entre ellos la supervivencia de las células tumorales.
Según ha recordado este científico, “muchos de los tratamientos actuales de quimioterapia se basan en agentes químicos que bloquean el funcionamiento de los microtúbulos”. La aportación de su descubrimiento a la lucha contra el cáncer se ve reforzada por el hecho de que la nueva proteína MAP es producto del gen de la adrenomedulina, implicado en diversas patologías y cuyo bloqueo es estudio en terapias antitumorales.

El Hespérides ha detectado en la Antártida
este año más hielo y más pingüinos que en
la campaña anterior

Madrid. El Buque de Investigación Ocenaográfica (BIO) Hespérides ha regresado recientemente mes a su base del Arsenal de Cartagena tras realizar su decimoquinta campaña en la Antártida, durante la que ha detectado “más hielo que el año pasado en este continente”, según ha declarado a la Agencia EFE el comandante del barco, Pedro Luis de La Puente. Esta campaña se ha prolongado durante 160 días “en condiciones más desfavorables para la navegación que otros años”, periodo durante el que se han desarrollado seis proyectos de investigación sobre el cambio climático.
En esta última campaña del Hespérides han participado setenta científicos, que han realizado investigaciones sobre disciplinas como la biología, oceanografía física, geología o geofísica. De ellas, el comandante ha destacado un estudio sobre la corriente marina que rodea la Antártida y que “tiene mucha influencia en el clima del Planeta”. También ha asegurado que además de detectar más cantidad de hielo “pese a que dicen que hay menos”, los investigadores y la tripulación han descubierto también “más pingüinos en las pingüineras”.
En este viaje el Hespérides ha recorrido más de treinta mil millas marinas durante casi seis meses, lo que supone dar la vuelta al mundo 1,4 veces. Y ha recalado en los puertos de Santa Cruz de Tenerife, Buenos Aires, Ushuaia, Punta Arenas, Mar del Plata y Montevideo, para tareas logísticas, relevos de expediciones y descanso de su dotación. Además, durante los últimos once meses ha participado en sendas campañas científicas en los dos polos del Planeta, con motivo de la celebración del año polar, y en los próximos días va a zarpar rumbo al Golfo de Cádiz, “donde se estudiará la existencia de volcanes de metano en aguas marroquíes, portuguesas y españolas”. En junio regresará a su base del Arsenal para someterse a una revisión durante el verano.

Un barco robot puede ser la primera
embarcación no tripulada que cruza el Atlántico sin la ayuda del viento

Madrid. Científicos de la Universidad de Aberyswiyth, en Gales, han diseñado un barco robot que, esperan, puede convertirse en la primera embarcación no tripulada que cruza un océano sin utilizar el poder del viento, según ha informado el diario británico “The Times”. Su nombre es “Pinta”, y a partir del próximo mes de octubre participara, junto con otras siete embarcaciones robóticas, en una carrera a través del Atlántico, con la que se pretende poner a prueba la resistencia y fiabilidad de los robots fuera del entorno del laboratorio.
La travesía se realizará sin paradas y si asistencia, y su principal objetivo es probar las posibilidades de las embarcaciones robóticas para realizar investigaciones de trascendencia, en aguas peligrosas y lejanas. Por ello, sería ser de gran utilidad en expediciones paras recoger datos para estudios científicos, tanto sobre el cambio climático como sobre la composición de los océanos. El “Pinta” usará paneles solares a fin de lograr la energía necesaria para que opere un brazo robótico sobre el timón, y un sistema de polea para cambiar el ángulo de la vela. Tendrá una velocidad máxima de 4 nudos, pero a una media estimada de 2,5 nudos tardará casi tres meses en llegar a su destino.
Si “Pinta” logra cruzar con éxito el Atlántico desde Portugal a la costa caribeña, los científicos que lo han construido se arriesgarán a enviar una segunda embarcación más grande y sofisticada, llamada “Beagle B”, a una misión de largo recorrido. De momento, esta última hará su propia historia este verano al convertirse en el primer barco robótico en realizar una misión de censo de delfines en la bahía galesa de Cardigan.

 
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