El autor del presente artículo alude a una situación que considera problemática en aras de la eficacia laboral, cual es, a su juicio, el encorsetamiento de los requisitos académicos y formativos, que ejemplifica para su identificación antes de exponer el marco y la naturaleza de las actuaciones, basadas en el concepto de flexibilidad, que resuelva las disfunciones detectadas en el ámbito de la formación permanente.

Formación permanente,
pero flexible

Luis Méndez Viñolas
Funcionario de la Diputación de Málaga, en el Área de Juventud,
Deportes y Formación

pesar  de que estas son unas pá-

ginas del Ministerio de Educación y Ciencia creo que la propuesta que se se hace cabe aquí. Recientemente aparecía en la prensa la noticia de que a instancias de los ministerios de Educación y Ciencia y de Trabajo se está preparando por la Comisión General de la Formación Profesional un decreto por el cual se reconocerán los conocimientos adquiridos por el trabajador durante su vida laboral. Creo que este paso es importantísimo, no sólo a efectos de promoción personal, sino de eficacia general. Uno de los principales problemas para dicha eficacia laboral es el encorsetamiento de los requisitos académicos y formativos.
La formación es indispensable para un mundo laboral mejor; tan importante que se está articulando un sistema de “formación permanente”. Sin embargo, a efectos reales, las cosas no son totalmente así. Pongo un ejemplo, para ser breve: un trabajador que hubiera cursado 24 asignaturas (de una carrera de 25) y le faltara solamente una del primer ciclo, prácticamente no tendría nada para avalar sus pretensiones de promoción, es decir, carecería de título en el que fundamentar sus pretensiones. Esta situación se agrava, en el sentido de la discriminación, con el nuevo Estatuto del Empleado Público, al establecer que para acceder al grupo B se requerirá el título de técnico superior. Es decir, que esas 24 asignaturas, de una carrera que puede ser dificilísima -por ejemplo, Derecho- están ante el mundo de la realidad en inferioridad de condiciones frente a unos estudios que en casos consisten en una año lectivo y otro de prácticas.

Encorsetamiento

¿Cuál es el problema? A mi entender ese encorsetamiento del sistema de reconocimiento de títulos. Si se ha validado el concepto de “crédito” para hacer más flexible la movilidad continental de esos conocimientos ¿por qué no hacerlo en el mundo de la empresa, principalmente pública? ¿Por qué son más importantes los créditos de los tres primeros años de determinada carrera, que una cantidad superior de créditos idóneos para ese puesto de trabajo? Y al decir idóneos se dice conscientemente: ¿no sería más práctico reconocer el número (el peso) de créditos sin otra limitación? ¿no permitiría ello que cada empleado configurara su formación académica con arreglo a sus necesidades? Si alguien necesita algo de la carrera A, algo de la B y algo de la C, ¿por qué obligarle a cursar completamente A + B + C? o si alguien tiene 230 créditos discontinuos (y quizás idóneos) ¿por qué valorarlos menos que alguien que tiene 150 continuados pero quizás inidóneos? ¿La solución? aceptar el crédito, sin más, como se hará de facultad a facultad mediante el sistema de adaptaciones. ¿Es este un problema exclusivo de los ministerios de Trabajo y de Administraciones públicas? No, en cuanto que la legitimidad del título parte del Ministerio de Educación y Ciencia. Creo firmemente que esto que puede parecer una cuestión menor es de suma importancia para la creación de un trabajador altamente cualificado.

Eficacia

Este asunto tiene una compleja relación con otra que no cabe aquí por lo extensa y compleja, pero que sí se puede esbozar: ¿es eficaz nuestro sistema de formación? ¿hemos ido al contenido de las cosas o al mero asunto de las apariencias? ¿no habrá pesado más en nuestra mentalidad el asunto de la “titulitis” que aprender lo necesario? Ahora, por ejemplo, se está diseñando ya un nuevo corsé que no tiene el menor sentido: a los dos años de carrera (con el nuevo grado universitario) se otorgará un reconocimiento por haber cursado estudios universitarios, con la condición de que el primer año sea completo. ¿Para qué esa barrera artificial si el primer año es de asignaturas "comunes" a varias carreras, es decir, nada específicamente? ¿Qué aporta esa artificial barrera a la formación idónea del trabajador-estudiante? ¿Por qué no reconocerle esos dos años según las asignaturas que el interesado haya entendido le convienen formativamente más. ¿No es suficiente su sacrificio para que se le complique con requisitos alambicados y sin ningún enraizamiento en el mundo de la necesidad laboral? Hablamos en todos los ámbitos de flexibilidad, pero mientras hayan demasiado intereses creados con capacidad de imponerse, esa flexibilidad será ineficaz, o peor, distorsionante, porque no tendrá las ventajas ni de un sistema fluido de relaciones ni las de un sistema centralizado (que las tiene).

 

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