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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
“Tengo la intención
de trazar, como hice en Armagedón. La derrota de Alemania 1944-1945,
un retrato terrible y lo más amplio posible de la experiencia humana de
aquellos hechos, dentro de un marco cronológico; no pretendo revisar,
por el contrario, el relato minucioso de las campañas, que ya puede leerse
en muchos autores y que, por otro lado, no tendrían cabida en un único
volumen. Este libro se centra en cómo y por qué se hizo lo que se hizo,
cómo se vivió la experiencia y qué clase de hombres y mujeres llevaron
a cabo aquella guerra”. Es la declaración que Max Hastings espeta al lector
que va a introducirse en esta voluminosa, vibrante y rigurosa reflexión
que, bajo el contundente título de Némesis ha llegado a nuestras
librerías.
“Hace veinte
años –continúa el autor- Ronald Spector, el magnífico historiador, se
declaraba perplejo ante el hecho de que Occidente haya mostrado siempre
menos interés en la guerra con Japón que en la contienda con Alemania.
La explicación más obvia radica en la mayor lejanía de Japón, tanto geográfica
como cultural, a lo que se añade la fascinación –con frecuencia enfermiza-
que sentimos por los nazis. En la actualidad, sin embargo, tanto lectores
como autores parecen dispuestos a franquear el abismo que nos separa de
Asia. Los asuntos asiáticos poseen una enorme importancia en nuestro mundo
actual. Comprender su pasado reciente es esencial para entender su presente,
sobre todo cuando China se siente insuficientemente desagraviada por los
hechos de 1931-1945 y ello supone un tema clave de las relaciones entre
Pekín y Tokio”.
30
millones de muertos
Una
olvidada Segunda Guerra Mundial, la que se hizo extensiva a una zona más
amplia que la del teatro europeo: China, Birmania, India, las Filipinas
y un área muy vasta del océano Pacífico; la que tuvo un desarrollo dirigido
por una de las constelaciones más extraordinarias de líderes militares
y políticos que se haya visto nunca en el mundo: en Japón, el emperador,
los generales y los almirantes; Chiang Kai Shek y Mao Zedong; Churchill,
Roosevelt, Truman, Stalin; MacArthur y Nimitz; LeMay, Slim, Mountbatten,
Stilwell y los hombres que construyeron la bomba; la que vio morir un
mínimo de 15 millones de chinos, cinco millones de habitantes del Sudeste
Asiático, fundamentalmente en Indochina y las Indias Orientales Holandesas;
treinta mil soldados británicos y cuarenta mil estadounidenses; miles
de indios, australianos y otros soldados de la Commonwealth, además de
los dos millones sesenta y nueve mil muertos japoneses; es la dramática
y trascendental epopeya que, en uno de esos esfuerzos documentales que
sí hacen avanzar en el conocimiento de la realidad, ha resumido e interpretado
este historiador y corresponsal de guerra, que ha cubierto once conflictos
bélicos y ha escrito un docena de grandes obras de historia militar contemporánea.
Archivos
cerrados
A
través de veintidós capítulos Max Hastings sumerge al lector en la historia
del “ejército olvidado” de los británicos en Birmania, la invasión soviética
de Manchuria, los sufrimientos del pueblo chino, las grandes batallas
navales, la brutalidad de los campos de prisioneros y de los barcos de
la muerte, la lucha por las Filipinas, la sangrienta conquista de Iwo
Jima, la destrucción de las ciudades japonesas incendiadas por los bombardeos
con “napalm” o el drama secreto que se desarrolló en torno al palacio
imperial de Tokio en los días de la capitulación. Mapas, fotografías,
una cronología de la guerra del Japón y, sobre todo, una personalísima
forma de imbricar sus deducciones, datos y conclusiones con declaraciones
directas de combatientes y testigos logran hacer de estas casi 850 páginas
una experiencia singular para el lector que se adentre en ellas.
Editado con
extraordinaria acogida en Inglaterra y EEUU, y traducido ya a once idiomas,
Némesis. La derrota del Japón 1944-1945 no será publicado
en Japón, un país que puso al autor en difíciles situaciones para llevar
a cabo su labor de documentación: “Hay un muro sobre la guerra. Han vuelto
a cerrar los archivos para que no se pueda investigar sobre ello. No hay
voces de intelectuales que se atrevan a tener visiones alejadas de un
ancestral concepto del honor y un nacionalismo agresivo cuyo recuerdo
sólo debería provocar vergüenza. El pueblo japonés –incluyendo a sus máximos
responsables a nivel político, económico y educativo- excusa las acciones
de sus padres y abuelos, muchos de los cuales dejaron de lado en sus actos
toda humanidad.”
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