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noviembre
de 1976, el día 30 de enero se celebra el Día Escolar de la No violencia
y la Paz (DENIP). ¡Qué ironía!, celebramos el Día de la Paz por mandato
ministerial.
El día 30 los
líderes políticos hablan de Paz y de Educación; bonitos discursos que
lo único que demostrarán es que dominan la oratoria (en inteligencia
lingüística, que diría el Dr. Gadner, sacarían muy buena nota). Y
en todos los medios de comunicación la palabra Paz aparecerá mil y una
vez.
Todos recordaremos
a Gandhi[1] y a Martin Luther
King[2]. Nuestros niños harán dibujos y
posiblemente en los salones de actos de los colegios se representarán
bonitas obras de teatro y cantarán canciones, o tal vez veremos en la
TV unas grandes manos extendidas haciendo una cadena. Luego nos iremos
a nuestra casa tan contentos: hemos celebrado y contribuido a la paz mundial.
Hasta el año que viene.
Y esto nos
parece que está muy bien, aunque está claro que no sirve para nada, como
la tozuda realidad nos demuestra: no sólo es que persisten los conflictos
armados, sino que basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que vivimos
en una sociedad cada día mas crispada, más violenta y agresiva, donde
poder vivir juntos y en paz es cada día mas complicado.
Porque la paz
no es sólo ausencia de conflictos armados. La paz es poder convivir con
el vecino del barrio, con los compañeros de trabajo, con la sociedad que
nos rodea. Y eso, a la vista está, es cada día más difícil.
Vivimos en
un mundo y en una sociedad convulsos, dominados por una relación negativa
de las conductas y valores del ser humano, que son el origen de numerosos
problemas y conflictos sociales: violencia de todo tipo, ya entre los
niños en los colegios; deterioro del medio ambiente; marginación; pobreza;
consumismo; drogadicción; etc. Si profundizamos en las causas de esta
visión, no negativa sino realista, fácilmente llegamos al modelo de socialización
y de relación predominante en nuestra sociedad: vivimos en la cultura
de la violencia y del menosprecio, lo cual es preciso cambiar.
Sociedad
educadora
Ante
esta realidad pedimos el día 30 (y el día 1, y el 2, y el 3…) que se actúe
lo antes posible; que se desarrollen actuaciones preventivas para frenar
comportamientos no deseados. Se demanda que los poderes públicos y los
diferentes agentes de socialización (líderes sociales, familia, escuela,
medios de comunicación…) se pongan de acuerdo y planifiquen propuestas
que provoquen un cambio radical en nuestro modelo social. Demanda a la
que contestamos, políticamente muy correcto, que de acuerdo; pero luego,
hasta el año que viene, hasta el próximo día 30 de enero (o el 21 de septiembre[3]), dibujando la blanca paloma, no volveremos a
acordarnos.
Es indudable
que la sociedad actual debe de cambiar. Y este cambio solo puede venir
por la creación de una sociedad educadora. Una sociedad donde los
agentes que intervienen en la consecución de la paz actúen de manera coordinada
y en una misma línea: los líderes políticos con sabias decisiones que
no tengan como consecuencia el enfrentamiento, no ya entre naciones, sino
dentro de la propia nación entre los mismos líderes políticos, que en
la mayoría de los casos sólo podemos calificar de vergonzosa (no hay un
espectáculo más patético que ver a los líderes políticos descalificándose
mutuamente en lugar de buscar de manera conjunta soluciones a los problemas
de la sociedad que han de regir); los líderes sociales, ofreciendo una
imagen de esfuerzo y trabajo; los medios de comunicación, ofreciendo unos
programas y noticias de calado social y no series de tele basura; la escuela,
ofreciendo programas basados en los valores y el respecto y no en la mera
consecución de conocimientos.
Sólo así aprenderemos
a vivir juntos y en paz. Aprender a vivir juntos y en paz no se logra,
ni ha logrado, por resolución[4] o por orden ministerial[5],
por promulgar una Ley[6]
o pintando muchas blancas palomas o pronunciando bellas palabras, sin
duda cargadas de indudables buenas voluntades y voluntarismo, como la
propia sociedad se encarga día a día de demostrarlo.
Un
mundo mejor
Tal
vez tardemos en conseguir que esta sociedad educadora sea una realidad.
Tal vez tenga que pasar mucho tiempo o deteriorarse aún más para poder
reaccionar. Mientras, los que pensamos que cabe un mundo mejor seguiremos
luchando por conseguirlo.
Tal vez los
actores que podrían realizar el cambio no lo hagan, pero eso no implica
que los maestros y educadores lo intentemos. Que intentemos con todas
nuestras fuerzas llenar la mente de los niños
que educamos de normas, valores, conceptos y comportamientos hacia la
asunción de la paz y el rechazo a la violencia como componentes esenciales
de su personalidad. Y esto hemos de hacerlo en el momento que el niño
forma su personalidad, no después, como la investigación científica dicta.
Por ello hemos
de hacer que los sistemas educativos contemplen la Educación para la Paz
como una prioridad, y que ésta se inicie cuando empieza la educación,
que no es otro momento que el mismo momento del nacimiento.
Si los sistemas
educativos no lo hacen (en definitiva las disposiciones de los gobiernos),
lo tendremos que hacer nosotros, los maestros, las ONGs, los auténticos
sembradores de la paz.
Os invitamos
a todos los agentes sociales y, en especial, a todos los maestros y educadores
a educar para la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la creatividad,
la amistad, la confianza en uno mismo, la justicia, la laboriosidad, la
independencia, la compasión, el amor a la naturaleza, la libertad, la
gratitud, la valentía…. En definitiva a convertir esta sociedad en una
sociedad educadora.
Sólo conseguiremos
un mundo mejorando la educación, y en eso los maestros y educadores tenemos
un papel fundamental.
NOTA:
La LOE (Ley
Orgánica 2/2006 de 3 de Mayo de Educación) establece que uno de los principios
en los que se inspira la actual Ley de Educación consiste en la transmisión
y puesta en práctica de valores que favorezcan la libertad personal, la
responsabilidad, la ciudadanía democrática, la solidaridad, la tolerancia,
la igualdad y la justicia, así como que ayuden a superar cualquier tipo
de discriminación. Este principio solo es posible si a través del sistema
educativo se transmiten y ejercitan los valores.
[3]
El 7 de Septiembre de 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas
decidió que, a partir del 2002, el Día Internacional de la Paz sería
celebrado cada 21 de septiembre (resolución 55/282)
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