|
artistas
a las que se les negó un espacio para desarrollar su labor”. Las palabras
del director general de la Fundación Mapfre, y uno de los comisarios
de Amazonas del arte nuevo, Pablo Jiménez Burillo, sitúan el
proyecto que estos días, tras dos años de elaboración, trae a nuestra
sociedad el resumen de una presencia real en el arte del siglo XX de una
mujer que cree en sí misma, que siente su ser social y que, sobre cualquier
otra disquisición, vibra en el registro del Arte. Una exposición que continúa
la línea de actuación iniciada en 1999 con Fuera del orden, en la que
se reivindica el papel desempeñado por la mujer en el desarrollo del arte
moderno, y, que en esta ocasión, trasciende el ámbito español reuniendo
116 obras internacionales, realizadas entre las décadas de 1880 y 1950,
por cuarenta y una autoras representativas de distintos movimientos, estilos
y disciplinas.
El
largo camino
Optimista,
a comienzos de 1901, el crítico Charles Saunier escribía en referencia
a una exposición de mujeres en las Galeries Georges Petit: “Decididamente,
ya ha pasado el tiempo en el que, desde la entrada a las exposiciones
organizadas por mujeres pintoras o escultoras, se sonreía. Había sospechas
desde la propia selección, se acusaba a tal compañero masculino, justamente
célebre, de una colaboración afectuosa. Una única expositora, Rosa Bonheur,
reunía los sufragios. Y es porque era tan fea, física y moralmente, que
no había en ella nada de femenino.”
Decenas de
décadas de sonrisas malévolas cuando no de agresión aniquiladora sucedieron
después 1900. Su largo camino es en esta Amazonas... un estallido
de fuerza y creatividad que deja sorprendido a un espectador desconocedor
de la trayectoria de estas artistas que sucesivamente, en los distintos
apartados, se van mostrando: las que crearon en el Cambio de Siglo;
esas pioneras en formarse en las academias y en exponer en los salones
y cuya producción se ubica entre finales del siglo XIX y principios del
XX, como Mary Cassatt, Ana Boch, Louise Breslau, Suzanne Valadon y Romaine
Brooks, mujeres que contaron con el apoyo y el reconocimiento de sus contemporáneos
y cuya obra tiene todavía el matiz decimonónico aunque esté cargada de
modernidad, bien sea por el tema elegido o por el tratamiento que se le
otorga. Las agrupadas Alrededor del Expresionismo, como Marianne
von Werefkin, Kathe Köllwitz y Mela Muter, cuya obra se acercó en un momento
dado a los tratamientos formales pictóricos del movimiento alemán. El
Breve interludio futurista ejemplarizado por Valentine de Saint-Point,
integrada en este movimiento italiano y autora del Manifiesto della donna
futurista y el Manifeste futuriste de la luxurie o el grupo de Vanguardistas
rusas como Natalia Goncharova, Liubov Popova, Alexandra Exter, Maria
Vorobev Marevna y Olga Rozanova, artistas fundamentales de este movimiento
artístico, en el que el trabajo de hombres y mujeres está equiparado.
Era
fotográfica
Una
sección titulada Hacia un realismo mágico evidencia la existencia
y proliferación del retorno a la figuración que se dio inmediatamente
después de la consagración del cubismo y en paralelo a la consolidación
del arte abstracto geométrico, que reivindicaba las formas concretas partiendo
de la reconstrucción cubista. Aquí estás las obras de figuración más dura
(María Blanchard, Suzanne Roger, Chana Orloff y Ángeles Santos); otra
más suave y amable (Marie Laurencin, Tamara de Lempicka o Meraud Guevara);
el realismo centroeuropeo cercano a la Nueva Objetividad (Grethe Jürgens,
Gerta Overbeck-Schenk y Charley Toorop); el propio Realismo Mágico de
Frida Kalho; o la característica obra de Giorgia O’Keeffe que empieza
a tender a la abstracción.
Bajo el
signo del purismo y de la abstracción, presenta a Marcelle Cahn, Francisca
Clausen, Marthe Donas, Florence Henri, Katarzyna Kobro, Nadia Léger, Maria
Nocz Borowiak y Sophie Taeuber-Arp, autoras que se inscriben y encaminan
hacia un lenguaje de líneas puras y colores planos, que no pretenden representar
objetos concretos, sino que atienden a elementos de forma, estructura
y proporción.
La era fotográfica
-“Es sorprendente el número de fotógrafas que encontramos en Francia,
Alemania, Estados Unidos e Inglaterra en los años veinte y treinta del
siglo XX” afirma Victoria Combalía en el catálogo de la exposición- está
representada por las creadoras Cahun, Maar, Henri y Millar, cuya obra
está íntimamente ligada a sus respectivas y complejas trayectorias, y
que son un resumen perfecto de este apasionante periodo de efervescencia
y libertad.
El broche final
lo pone La constelación surrealista, un apartado que agrupa a pintoras
como Marie Toyen, Kay Sage y Maruja Mallo, cuya obra está influida por
la corriente impulsada por André Bretón, junto a la pintora y poeta inglesa
Leonora Carrington, una reconocida y ortodoxa surrealista, de la que se
presentan dos obras de los años 50 y 80 respectivamente, que muestran
cómo el surrealismo ha seguido influyendo hasta la actualidad en su obra.
|
|
|