Esencial y mutable

Dieciséis especialistas analizan en el libro El Museo del Prado y el arte contemporáneo el estrecho vínculo que anuda al arte de todas las épocas

La demostración de cómo el mejor arte de vanguardia del siglo XX se ha articulado a partir del arte tradicional es en el libro El Museo del Prado y el arte contemporáneo el reto que ha alentado a dieciséis especialistas y artistas internacionales a ahondar en el singular diálogo que, más allá de las circunstancias, mantiene el pasado, presente y futuro.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
En el capítulo Quietud conmovedora del volumen El Museo del Prado  y  el  arte

contemporáneo (Edit. Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores) el videoartista Bill Viola resume en una anécdota personal el poder de unir atemporalmente que tienen el arte y la cultura: “La primera vez que siendo adulto lloré en un museo fue en el Prado, en 1983. Acababa de bajar del avión que me traía de California, agotado y vulnerable, y no tenía más que aquella tarde en Madrid, pero aún así me fui derecho al Museo para conocerlo. Ante mí estaban las obras de artistas que sólo había visto en libros: Velázquez, Goya, El Bosco, Van der Weyden, y un nuevo y vital descubrimiento de aquel día, Zurbarán. Vagué por las salas como una herida abierta, desprotegido, en trance. Me entraban las imágenes en tromba, sin filtrar, y ya en la segunda sala lloraba a mares”. Más tarde, comprendió “que no solo la vanguardia era a su vez una tradición, sino que a lo largo de toda la historia humana ha aparecido periódicamente en diversas culturas esa “tradición de romper con la tradición”. De pronto me sentí  por primera vez auténticamente libre: libre no por desconocimiento o desinterés respecto a los precedentes y paradigmas históricos, sino porque éstos existían. Y tuve la impresión entonces, en aquel punto de mi vida, mediada la treintena, de que podía ir adonde fuera y hacer lo que fuera, que en realidad estaba ligado a esas diferentes culturas y tradiciones artísticas, y no aislado de ellas por  el tiempo ni por el espacio.”

Conocer y divulgar

En la línea de colaboración que hace más de una década iniciaron la  Fundación Amigos del Museo del Prado y Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores, de divulgar las nuevas miradas sobre el arte, aparece ahora este El Museo del Prado y el arte contemporáneo, la entrega número 12 de un conjunto de volúmenes dedicados a Los grandes museos históricos, El desnudo en el Museo del Prado, Velázquez, El bodegón, Goya, Historias inmortales, El Greco, Historias mortales, Tiziano y el legado veneciano y El Bosco y la tradición pictórica de lo fantástico, todos consecuencia directa  de los ciclos de conferencias homónimos organizados por la Fundación.
Los vínculos entre el arte de vanguardia del siglo XX y los maestros que exhiben su obra en el Museo del Prado ha sido en esta ocasión la tesis a demostrar que ha reunido a especialistas del arte del prestigio de Avigdor Arikha, Dore Ashton, Javier Barón, José Luis Borau, Francisco Calvo Serraller, Jean Clair, Nigel Glendinning, Jesús Gutiérrez Burón, Siri Hustvedt, Antonio López García, Manuela B. Mena Marqués, Juan Antonio Ramírez, Normal Rosenthal, Agustín Sánchez Vidal, Víctor I. Stoichita y Bill Viola.
Sus reflexiones, desde ámbitos y perspectivas distintas, ahondan no sólo en cómo el mejor arte de vanguardia del siglo XX se ha articulado a partir del arte tradicional sino también en cómo la propia colección de la pinacoteca es el fruto de una intensa sucesión de diálogos entre los grandes maestros que se han ido estratificando a lo largo de cinco siglos: Rubens con Tiziano, Velázquez con Rubens y Goya con Velázquez.

Innovar asumiendo

Aportaciones sobre cómo El Bosco se convirtió en figura capital para el desarrollo del Surrealismo; sobre la influencia que la representación de la melancolía de la Edad Media ejerció en autores como Zurbarán o Picasso; acerca de la huella expresa de El Greco en la pintura española del siglo XX o sobre el impacto que Velázquez continúa ejerciendo sobre el artista contemporáneo, entre otros temas, se suceden en un volumen ilustrado en el que Francisco de Goya es el autor que más referencias suscita  por su figura puente entre el arte tradicional y el contemporáneo, junto con Picasso, un artista que no dejaba de mirar el arte histórico para hacer sus innovaciones porque, según recordó en la presentación del libro  Francisco Calvo Serraller, asumía que “la innovación se fragua desde la reflexión sobre el propio origen; que no existe innovación absoluta y que la fuerza innovadora es mayor en la medida en que tiene más resortes en la memoria histórica”. Algo en lo que Dore Ashton, profesora de Historia del Arte The Cooper Union, en Nueva York, autora del capítulo ¿Influencia o confluencia?, está en plena coincidencia: “Hay cosas que se deben dar por descontadas, y una de ellas es que los artistas, del tipo que sean –pintores, escultores, músicos, poetas-, han conversado y siempre conversarán entre sí. Un pintor puede dialogar a través del tiempo y del espacio. Ponerse en el lugar de su hermano de Lascaux o Altamira le resulta tan fácil como abrazar a su colega del Palacio Real de Madrid. Su mano, su cuerpo entero, reproduce lo que ve, lo que ha visto; lo que habla desde tiempos inmemoriales. Eso es así para la vanguardia del siglo XX y para la vanguardia del siglo XIX, y para todas las vanguardias que en el mundo han sido”.
Esencial y mutable: el arte que es expresado a través del ser humano en cada época y espacio.

 

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