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Nuevos títulos

Ya empieza a verse algo de luz al final del túnel. Leo con satisfacción que el Gobierno ha aprobado las directrices de los planes de estudio de Maestro de Infantil y Primaria y profesor de Secundaria, dentro del proceso de Bolonia y la adaptación de nuestras enseñanzas universitarias al Espacio Europeo de Educación Superior. Y es que las carreras de maestro y profesor vienen necesitando desde hace años, quizás décadas, de una profunda transformación. Los resultados del último Informe PISA revelan bien a las claras que la formación inicial -y también permanente- del profesorado es uno de los lastres de nuestro sistema educativo.
Ahora al menos se abre una puerta a la esperanza ya que los nuevos títulos de Grado prevén un año más de estudio para los maestros y la realización de un máster para los profesores de secundaria, lo que deberá llevar a la desaparición del Certificado de Aptitud Pedagógica y su inclusión en el museo de la Pedagogía, o mejor dicho, de la Arqueología Pedagógica.
Otro aspecto sobresaliente de estas directrices es el fuerte contenido práctico que deberán desarrollar los futuros profesionales de la educación en las etapas infantil y primaria, pues se contemplan entre 50 y 70 créditos europeos -cada uno de ellos supone unas 30 horas-, lo que va a suponer para los estudiantes un rodaje y un bagaje profesional muy importante para enfrentarse a la vida diaria en las aulas de estos niveles.
En Secundaria esa práctica será menor en el máster, entre 18 y 24 créditos, pero sin duda supone un paso adelante sobre la situación actual. Este máster está pensado para desarrollar en el alumno, el futuro profesor, las competencias en cuanto a contenidos curriculares de las materias relativas a cada especialización.

Ángel Martínez
(Madrid)

 
     
   

Medios para la escuela

El Ministerio de Educación y Ciencia ha destacado que España obtiene un resultado "positivo pero mejorable", de acuerdo con los resultados del último informe PISA, que nos sitúa sólo a un punto de EE. UU (489), del que destaca el potencial económico, la pujanza de las universidades y el desarrollo científico y tecnológico, y con mejor media que Noruega (487), Rusia (479) o Italia (475), por ejemplo.
Es cierto que cuando aparecen estos informes internacionales España sale malparada las más de las veces, pero no es menos cierto que la mayoría de los medios hacen hincapié únicamente en cifras y en tablas clasificatorias, sin tener en cuenta que, por ejemplo, la inversión en materia de educación ha ido creciendo paulatinamente, al menos en estos últimos cuatro años. También es cierto que estos informe se dan a muchas interpretaciones, algunas de ellas muy positivas, y que sin embargo apenas transcienden.
La conclusión fundamental que se desprende de dichos estudios es que es necesario centrar de una vez por todas el debate educativo y el modelo de escuela. Deben de terminar las “batallitas” escolares y los cambios normativos según que partido acceda al poder. No puede ser que las leyes educativas apenas duren cuatro años, y eso si duran. Es necesario un gran pacto de Estado por la educación que siente las bases del sistema de enseñanza para al menos una década.
Ello posibilitaría, por ejemplo, dedicar más tiempo, esfuerzo y recursos a lo que verdaderamente importa: averiguar las causas del fracaso o del escaso rendimiento de nuestro alumnado en determinadas disciplinas, sean ciencias, lengua, matemáticas y otras, y poner en práctica los remedios necesarios (formación docente, programas de apoyo y refuerzo, renovación de los planes de estudio y un sinfín de cuestiones que influyen en la calidad de la enseñanza) para cambiar la deriva actual de nuestras aulas. Debe acabarse de una vez por todas con los parches y posibilitar los medios para lograr una enseñanza acorde con nuestra situación económica en el mundo.

Roberto González
Madrid

 
       
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