Etruria y su misterio

El Museo Arqueológico Nacional exhibe patrimonio cultural y artístico de casi mil años de civilización etrusca

Explicados sin certezas completas y sin embargo admitidos como eje fundamental del mecanismo cultural de Europa, los etruscos, el pueblo más influyente en el desarrollo de la península Itálica durante el primer milenio antes de nuestra era, desvelan ante el visitante del Museo Arqueológico Nacional su poderosa creatividad en el espíritu y la materia.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Eran famosos en el mundo antiguo por el profundo sentido religioso. El escritor latino Séneca escribía sobre ello así: “Esta es la diferencia entre nosotros y los Etruscos...nosotros  pensamos  que  los rayos se

producen como consecuencia del choque de las nubes entre sí, ellos afirman que las nubes chocan entre sí para que se puedan formar los rayos, dado que atribuyen todo a la divinidad, están convencidos, de que las cosas poseen un significado no porque ocurren, sino que acaecen en cuanto son portadoras de significados”: Espíritu sobre la materia o el Misterio de los etruscos, el pueblo de entre los que han habitado Italia que, según Giuseppina Carlotta Cianferoni, directora del Museo Arqueológico de Florencia y comisaria de la muestra Los etruscos, en el Museo Arqueológico Nacional, “más ha estimulado la curiosidad y la fantasía hasta llegar a constituir un modelo fascinante y misterioso, aunque sea quizás el mejor conocido de la Italia Prerromana”.
El pueblo que habitó  el vasto territorio comprendido entre el alto Lacio, parte de Umbría, y Toscana, con ramificaciones al sur, en Campania, y al norte, en Emilia Romaña, que entre los siglos IX y I a.C. desarrolló una de las civilizaciones más significativas e importantes para la historia del Mediterráneo en el primer milenio antes de Cristo, y que estos días exhibe en España su especificidad.

Entre mediterráneos

Eslabón nuevo de ese proyecto global que busca rastrear los orígenes y características de las culturas que florecieron en las antiguas riberas mediterráneas para difundir fuera de sus fronteras históricas naturales la riqueza cultural y patrimonial de aquellas regiones y países unidos en la antigüedad por el Mare Nostrum –“El proyecto cultural de la Europa de hoy, un conjunto de pueblos, naciones y culturas diversas, pero con orígenes comunes y estrechas relaciones históricas como nexos de unión entre ellas, ha puesto el acento en la presentación y difusión de aquellos orígenes y aquellos contactos multiculturales que construyeron y definieron nuestra actual civilización occidental”, recordaba en la presentación el ministro de Cultura, César Antonio Molina-, la exposición Los etruscos es también un fruto de la especial colaboración administrativa y cultural que nuestro país está teniendo con Italia. Es de ahí, de sus museos de la Toscana, región  que fue solar de la civilización etrusca y que conserva un riquísimo patrimonio arqueológico, de los yacimientos etruscos como Volterra, Perusa y Chiusi, de donde proceden las casi quinientas piezas que estos días, y por primera vez en España, muestran, sobre los resultados más actuales de la investigación científica, más de mil años de historia de una civilización enormemente rica en testimonios culturales y que siempre estuvo abierta a los estímulos mediterráneos, griegos y fenicios.
“Esta exposición permite al visitante obtener una visión muy completa de un complejo proceso histórico y de la riqueza de los contactos interculturales entre Italia y otras regiones mediterráneas y centroeuropeas –recalcó  César Antonio Molina- Desde el siglo IX a.C. hasta la romanización, se muestra la importancia de esas relaciones como motor de progreso y de evolución política y social, por lo que permitieron a Etruria asumir una posición preeminente en la dinámica histórica del mediterráneo durante el primer milenio antes de nuestra era”.

Huellas de su historia

La relación con la muerte (“Fue un pueblo obsesionado con la muerte y la resurrección” afirma la comisaria científica Giuseppina Carlotta Cianferoni) ocupa el lugar estelar de una muestra distribuida en cinco grandes secciones -“Los orígenes de la civilización etrusca” (siglos IX-VIII a.C.), “La sociedad de los príncipes” (desde finales del siglo VIII hasta comienzos del siglo VI a.C.), “La sociedad urbana (desde el siglo VI hasta mediados del siglo IV a.C.) y “Helenismo y romanización” (desde finales del siglo IV hasta comienzos del siglo I a.C.).
Con piezas magníficas de vasos cerámicos, bronces, joyas y terracotas; con objetos de guerra, como cinturones, cascos o espadas, y otros de uso cotidiano, como cacerolas, piezas de decoración o ruedas de calesa; y con obras que jamás habían salido de Italia, como el Frontón de Talamone (que abre la muestra), la estatua Mater Matuta, la serie de Urnas monumentales de Chiusi, el tridente de Vetulonia, la Tapa del sarcófago de la tumba de Vipinana o el conjunto de bronce funerario de la Tumba de Populonia, se desarrolla ante el visitante esta síntesis rigurosa del desarrollo histórico de Etruria, su evolución económica, social y política, de sus ciudades y necrópolis, sus formas de producción y de comercio, sus instituciones, su arte y su religión.

 

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