La celebración del Día Mundial de los Docentes, el 5 de octubre, es un buen momento para reflexionar sobre la labor y las necesidades de este colectivo. El autor de estas líneas considera que cada día se exige más a los profesionales de la enseñanza, mientras “nuestras condiciones de trabajo y los recursos de que disponemos en los centros no experimentan variaciones que nos permitan atender debidamente esas exigencias”.

Dignificación y reconocimiento social de los profesionales
de la educación

José Campos Trujillo
Secretario General Federación de Enseñanza de CC.OO y miembro
del Comité Ejecutivo Mundial de Educación.

L  día  5  de  octubre  se ha cele-

brado el Día Mundial de los Docentes, una efeméride instituida por una Recomendación de la UNESCO/OIT y con la que se pretende concienciar de la necesidad de que cualquier sociedad cuente con docentes capaces, cualificados y motivados. La complejidad de las tareas que debe realizar por el profesorado en los sistemas educativos europeos, así como en general la falta de medidas institucionales de apoyo, son, junto a niveles saláriales inadecuados, algunas de las deficiencias detectadas. En España, estas deficiencias afectan además a la insuficiente inversión presupuestaria que la Administración suele adjudicar al capítulo educativo que nos sitúa por debajo del gasto medio de los países de nuestro entorno.
En consecuencia, el reconocimiento de la función docente queda, a menudo, desdibujado, dando la sensación de cierta dejadez e incomprensión de los problemas que plantea el día a día de los enseñantes. El último informe de la OCDE subraya el hecho de que si bien el sueldo inicial de los docentes españoles es superior a la media de la OCDE y de la UE, se incrementa en menor proporción a lo largo de la carrera. De ahí que en CCO.O vengamos reclamando desde hace meses al Ministerio de Educación que desbloquee la negociación del proyecto de Estatuto Docente.
La revalorización del trabajo de los profesionales de la educación es mucho más que una histórica reivindicación del sector, y cuando digo histórica me estoy refiriendo a que ya son bastantes años los que llevamos planteando este asunto, por lo demás, y tal como viene demostrando la realidad cotidiana, con unos resultados que dejan mucho que desear. Los docentes vemos cómo nuestro trabajo en los centros educativos y en las aulas no es valorado, al menos en la práctica, por la sociedad como creemos que debería serlo.

Cambios sociales

Cada día se nos exige más mientras nuestras condiciones de trabajo y los recursos de que disponemos en los centros no experimentan variaciones que nos permitan atender debidamente esas exigencias. Y se nos exige más porque, como es sabido, la escuela se ha convertido, nos guste o no, en algo más que en un espacio de transmisión de conocimiento, empujada por el vendaval de los cambios sociales a los que venimos asistiendo. Entre estos hay que reseñar la revolución en la tradicional estructura familiar, el auge de la inmigración procedente de países pobres y en muchos casos con culturas muy distintas de la del país de acogida, el influjo de las nuevas tecnologías de la comunicación o la incorporación de la infancia y la adolescencia al mercado de consumo en las mismas condiciones que los adultos.
Cada uno de estos fenómenos generan problemáticas de naturaleza muy diferente a las que la institución escolar debe hacer frente. Pues bien, mientras esto ocurre fuera de los muros de la escuela, ésta se mantiene como si no ocurriera nada, y no por falta de voluntad de los profesionales de la educación, que hacen lo que pueden para salir al paso y solventar los problemas que se les plantean, sino por la ceguera, pasividad o desinterés de las administraciones.
Los profesionales de la enseñanza consideran esencial la dotación suficiente en recursos materiales y humanos y por tanto creen necesaria una mayor implicación de las administraciones para que atiendan las nuevas necesidades de los centros educativos.
La implicación administrativa pasa por la dotación de profesionales de la educación que refuercen a los docentes, aunque también por la reducción de las ratios en las aulas, una oferta adecuada y de calidad de Programas de Garantía Social para el alumnado que no quiere seguir en la Enseñanza Secundaria, por la potenciación de la acción tutorial y de los equipos de orientación educativa, la dotación de la figura de educadores de calle y la oferta de garantías jurídicas a los afectados por situaciones de agresión física o verbal. Naturalmente, estas medidas exigen el correspondiente compromiso financiero por parte de las administraciones.
En el nuevo contexto en el que nos movemos los enseñantes, es evidente la presencia de factores que nos parecen decisivos en la revalorización social de los profesionales del ámbito educativo. Entre éstos quiero destacar la redefinición de las competencias profesionales, los factores psicosociales, las condiciones laborales y la valoración profesional, las nuevas condiciones de trabajo, la responsabilidad de la escuela, el perfil de los centros de Secundaria, etc.
Esperemos que estas reflexiones sean útiles y contribuyan a sacar de su somnolencia al diplodocus administrativo. Por de pronto, en España el casi medio millón de profesores que estamos esparcidos por los miles de centros del país esperamos que el Ministerio de Educación cumpla sus compromisos para sacar adelante por primera vez en nuestra historia un Estatuto Docente que regule nuestros derechos y obligaciones y siente las bases de una eficaz carrera profesional

Transmisión de valores

También nos parece necesario un compromiso social con los medios de comunicación, en particular la televisión, para abordar los contenidos de determinadas informaciones y programas, así como el tratamiento que debe darse cuando se producen hechos violentos en el entorno escolar. En tanto que transmisores de valores, por desgracia no siempre positivos, las cadenas televisivas debieran hacer lo posible para respetar los compromisos que suscribieron en su día para adecuar su programación a unos horarios respetuosos con la audiencia infantil.
La educación es asunto de todos, no sólo del personal que trabaja en los centros codo a codo con el alumnado. Si los padres y los medios de comunicación no toman conciencia de esta realidad, de la necesidad de colaborar todos en una misma dirección, estaremos haciendo un flaco favor a la educación y nuestra tarea docente se verá seriamente entorpecida. No nos dejen solos. Los necesitamos a todos.

 

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