Gran María Moliner

El Diccionario de Uso del Español construido por la lingüista
española se revitaliza con 12.000 nuevos términos

En la misma atmósfera de compleja sencillez que le dio sello y con el mismo sentido de utilidad que inspiró a su autora: el renovado Diccionario de Uso del Español (Edit. Gredos y Círculo de Lectores) entrega, sin ataduras y con el sentir lingüístico de la sociedad actual, un conjunto completo de términos con el que expresar cada día nuestra humanidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Inclusión de nuevas entradas y acepciones; modificación de entradas ya presentes en la edición anterior; actualización de bloques de sinónimos y catálogos; revisión de los apéndices de nombres botánicos y zoológicos y de desarrollos gramaticales; creación de dos nuevos apéndices: relación de topónimos y gentilicios, además de abreviaturas y símbolos de uso general; supresión de voces y acepciones antiguas y regionales no documentadas; cambios en la disposición de ciertos grupos de entradas: adverbios terminados en –mente de significado deducible, y abreviaturas y símbolos que en la segunda edición estaban incluidos como entrada en el cuerpo del diccionario; cambios tipográficos y formales...: El Moliner se renueva; el trabajo solitario de María Moliner editado entre 1967 y 1968 estira y recoge, por tercera vez, su particular red sobre el idioma para entregar, en fresco y sin intermediarios mixtificadores, la más surtida pesca de palabras que el español tiene en esta sociedad: 12.000 términos nuevos: el río de la lengua vuelto a navegar.

El propio tiempo

Entrar en el `modo de operar´ de Moliner, respetar sus principios de claridad y utilidad, intentar alumbrar sus escasas deficiencias y esclarecer aspectos y situaciones de la última década es el trabajo que bajo la dirección del lexicógrafo Joaquín Dacosta han llevado a cabo expertos de la Lengua en esta ya tercera versión de la etimología, información gramatical, términos sinónimos y antónimos, expresiones coloquiales, modismos y campos semánticos emparentados, que en su Diccionario de uso del español (Editorial Gredos 1967 y 1968) compilara y redactara la intelectual aragonesa María Moliner. El resultado llega ahora, 50.000 ejemplares editados por Gredos y Círculo de Lectores, con 90.045 entradas, 3.500 páginas en dos volúmenes, edición electrónica simultánea y un CD-ROM con programas monosaurio y multisaurio. Una ingente y extraordinaria propuesta de inmersión en nuestra lengua que estos días desembarca en librerías de España e Hispanoamérica.
“La imagen del léxico nunca puede ser una fotografía, sencillamente porque una lengua es cambiante por naturaleza. `El lenguaje –como decía Cadalso- se muda al mismo paso que las costumbres´. Los diccionarios no pueden registrar las palabras más allá de su propio tiempo. Por ello, inevitablemente, están llamados a envejecer –afirma el académico Manuel Seco, en su prólogo al Diccionario de uso del español- La única forma de que un diccionario sobreviva es renovarlo periódicamente. En ningún género de obras como en el diccionario tiene tan entera validez el viejo emblema: O crece o muere.” Y el Moliner vuelve a escena.

Favorecer el uso

En la nueva sede madrileña del Instituto Cervantes, rodeada de los grandes expertos de la Lengua, como el académico Manuel Seco –“María Moliner ha sido el último eslabón de una cadena de héroes de la Lengua de la que forman parte Lebrija, Cobarrubias, Salvat o Casares”-, y avalada sinceramente por el ministro de Cultura –“Su trabajo es una novela de las palabras, un gran poema de la vida del español. Ha sido fundamental en mi labor de escritor”-, la rigurosa creadora que fue María Moliner tuvo al fin el gran reconocimiento del mundo institucional que una restringida visión del quehacer del lingüista le había mermado hasta ahora a pesar de estar considerado desde el primer momento de su publicación como uno de los trabajos lexicográficos más valiosos y originales del siglo XX, una obra excepcional, por filólogos, lingüistas y escritores.
Reconocimiento global y desde todos los sectores a esa extraordinaria personalidad que a lo largo de quince años llevó a cabo una revisión profunda de todas las definiciones contenidas hasta entonces en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua; que desechó aquellos términos lingüísticos que consideró en desuso; que cambió el lenguaje utilizado en éste –de carácter retórico y academicista- por uno simple y asequible a todo tipo de lectores; y que terminó con las tautologías: definiciones circulares en donde se explica el significado de algunas palabras con otras palabras, éstas con otras, y así de manera sucesiva, sin entregarle al lector una definición concreta. Una labor que, en el prólogo, la propia autora, aclaraba de una complejidad extrema: “La autora siente la necesidad de declarar que ha trabajado honradamente; que, conscientemente, no ha descuidado nada; que, incluso en detalles nimios en los cuales, sin menoscabo aparente, se podía haber cortado por la sano, ha dedicado a resolver la dificultad que presentaban un esfuerzo y un tiempo desproporcionados con su interés, por obediencia al imperativo irresistible de la escrupulosidad; y que, en fin, esta obra, a la que, por su ambición, dadas su novedad y su complejidad, le está negada como a la que más la perfección, se aproxima a ella tanto como las fuerzas de su autora lo han permitido”.
Cuarenta años después, con la misma intencionalidad de servicio al hablante y, también, al que estudia el español, esta mujer de talento, rara avis de nuestra cultura, cierra con esta tercera versión de su gran obra el intento de compendiar el sentido de las palabras en nuestra lengua.

 

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