Crear y recrear

El pintor y dibujante Ulpiano Checa emerge definitivamente de entre sus influyentes imágenes históricas

Celebérrimo sin ser conocido y grandiosa presencia del arte español del siglo XIX
sin explícito reconocimiento: la complejidad del caso Ulpiano Checa convierte la muestra Fantasía y movimiento de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el definitivo escenario de conocimiento
y asunción del artista y su legado.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
“Estamos, con certeza, ante uno de los grandes pintores españoles del siglo XIX que, con una sólida formación académica, con una perfección y un dominio absoluto, sobre todo, en el dibujo y en la perspectiva, más avanzaron en la pintura española, a la que llevó, desde 1890, a un postromanticismo  mágico.  Y  estamos  también

–añaden los presentadores de la muestra Fantasía y movimiento- ante uno de los artistas formados en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y pensionados en Roma con más genio más imaginativo y más innovador de cuantos en uno y otro sitio se formaron”. Regreso esperado y reconocimiento especial al portentoso dibujante, al extraordinario pintor y escultor y, sin duda, al grandioso imaginador Ulpiano Checa, y esperanza de que tras su exhibición en el mismo centro  que dio alas a su formación académica recupere el singular encaje que siempre tuvo en la creatividad cultural de nuestra sociedad: “Checa no fue solo un gran pintor. Fue con su arte más allá que ningún otro pintor español –concluyen los organizadores- Fue una máquina de producir arte y vender arte. Fue una fuente inagotable de imaginación que, al abrigo de una técnica incomparable, superó a Roma y a París, cabalgó libre como sus jinetes moros y dio un salto en el tiempo que solo hoy podemos valorar y comprender”.

Antiguo y moderno

Casi cincuenta obras se muestran en esta primera exposición antológica dedicada en España. Su radical vocación de experimentar con el movimiento y las recreaciones históricas constituyen el eje sobre el que Ángel Benito, su comisario y director del Museo “Ulpiano Checa” de Colmenar de Oreja, ha construido una sólida representación de lo que este artista expresó en pintura, escultura y diseño, ampliando el conocimiento de expertos y afirmando de forma absoluta el valor de su aportación creativa y cultural. Su selección, una gota del océano de su producción, ya que según se estima Checa no produjo menos de 2000 obras, dan sin embargo el entero conocimiento de una calidad peculiar que ya en sus comienzos, en 1887, la  describía la Ilustración española y Americana con estas palabras “Checa, pues, tiene lo que no se adquiere con el estudio: el sentimiento, las intuiciones, la chispa del genio que la meditación y la perseverancia pueden sostener en irradiación constante. Ha demostrado, además, que posee el feliz instinto de sacrificar a la impresión total y al relieve de la idea, al carácter, al espíritu de los asuntos, los encantos de un procedimiento erudito y la buscada corrección académica. Su cuadro es áspero, desdibujado, con errores de bulto; hay jinetes que no saben dónde cabalgan, caballos estirados que parecen caricaturas de hipódromo, miembros de callos y de guerreros de anatomía imposible; los caballos corren sobre las losas encharcadas como sobre el turf ; las vestales romana son ridículas…pero el conjunto, el sentimiento, la vida, la idea, viene, invade, triunfa…. Y el pintor viene, invade, triunfa, atropellada, irresistible, bárbaramente, como ellos. Este cuadro es antiguo…y moderno.”

Inspirador de Ben-Hur

El olvido tras su muerte en plena I Guerra Mundial ha sido la paradoja de una de las carreras más exitosas y cosmopolitas que el arte español del XIX ha producido. Premiado y condecorado con las más altas distinciones en Francia, España, estados Unidos y Argentina, Checa trabajó todos los géneros propios del período (retratos, paisaje, escenas orientalistas, costumbristas y realistas) y sobresalió con enorme trascendencia en la recreación de escenas históricas de la época romana, inspiradas en novelas famosas como Ben-Hur de Wallace o Quo vadis? de Sienkiewicz. Sus acertadas visiones histórico-escenográficas sobre esta civilización, iniciadas en 1890 con su célebre Carrera de carros romanos, fueron la base iconográfica que los cineastas de Hollywood utilizaron para sus primeras películas acerca de la historia de Roma: su citada Carrera de carros romanos quedó inmortalizada en el “Ben-Hur” de Wyler, al igual que su lienzo Vinicio corriendo hacia Roma en llamas es un fotograma del “Quo Vadis?” de Leroy y su obra Los últimos días de Pompeya lo es de la película que con el mismo título dirigió Bonnard. Hasta la más reciente “Gladiator” está inspirada en los óleos, acuarelas y dibujos de este español.
El esfuerzo sintetizador que Ángel Benito ha realizado para esta Fantasía y Movimiento que exhibe la Real Academia de Bellas Artes en Madrid contempla también su faceta de artista de grandes retratos y de artista interesado en divulgar su creación en objetos tan dispares como abanicos, cajas de galletas o relojes de pared. Expuestos en una sala de fondo negro, con la luz enfocada a cada una de las cincuenta piezas en recuerdo de una sala cinematográfica y con el orden caótico que amaba Ulpiano Checa: homenaje y gloria.

 

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