Creación del lugar

El Museo Sorolla reconstruye a través de 81 dibujos la génesis de la que fue vivienda y taller del pintor

Construcción mental de su lugar, reflexión singular sobre sus afectos estéticos y extraordinaria vía de conocimiento del ser más íntimo del pintor: los dibujos que Joaquín Sorolla realizó en el lento proceso de configuración de la que será su vivienda y taller son un precioso documento de cómo este artista quiso unir el ser, el estar y el crear.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Enrique Lafuente, en la que está considerada como la síntesis más importante del arte pictórico español (Breve historia de la pintura española), acierta a situar a Joaquín Sorolla entre esos artistas en los que alienta “un clásico y neto sentido de la vida, lleno de salud vital y de calor humano, de esa vieja humanidad civilizada y eterna que nuestra generación ve hundirse entre crueldades y odios, entre ruinas y fuego”. En su obra, continúa el académico y primera figura de la Historia del Arte en España, “reconocemos, junto a otras cualidades precisas y concretas de pintor de raza, el don supremo que sólo es otorgado a los que llegan a expresar en sus creaciones algo más que una mera potencia de ejecución. Ese don y ese mensaje sólo transmitido por los grandes artistas, y que desciframos en las obras de Sorolla, es sencillamente éste: una visión peculiar del mundo y del hombre”.
La capacidad de ser artista desde una vivencia profunda de lo humano y el don de asumir que el arte es más que una simple fórmula de estar social: Joaquín Sorolla, como creador de su propio y más íntimo lugar.

Ideas e imágenes

Setenta y cinco años después de su apertura al público como Museo Sorolla, el espacio que fuera casa familiar y taller, explora, a partir de las colección de dibujos del Museo y algunos apuntes prestados por un descendiente del pintor, las fuentes de inspiración y el proceso de creación seguido por el artista en el diseño de la casa familiar en la que trabajó y vivió los últimos años de su vida.
Ochenta y un dibujos de Joaquín Sorolla y Bastida (que constituyen el grueso de la muestra) y dos alzados y una planta de Enrique María Repullés y Vargas (el arquitecto encargado de la obra) van desgranando los aspectos más destacables de la gestación del espacio que Joaquín Sorolla quiso conformar para convivir con los suyos, trabajar en sus proyectos artísticos y estar sobriamente en sociedad: las ideas en las que modifica sustancialmente el proyecto de fachada del arquitecto; la importancia concedida por el artista al jardín que rodea al edificio, cuyos rincones se reflejan vibrantes de luz y color en muchos de sus lienzos de última época; la influencia de los jardines italianos y los jardines históricos españoles como fuente de inspiración; o las ideas para la distribución y decoración de los diferentes ambientes de la vivienda.
“En 1905 Sorolla adquiere el primer solar, que corresponde prácticamente a la zona hoy construida, salvo los dos primeros estudios y los jardines segundo y tercero –recuerda Florencio de Santa-Ana, director del museo Sorolla- A partir de esa fecha comenzará a realizar distintos dibujos planificando las fachadas y plantas del edificio a construir; van tomando carácter y, entre 1908 y 1909, las ideas se van clarificando y desarrollando al programar un edificio de tipo historicista, tan en boga a principios del siglo XX”.

Obra propia

El logro económico que le da el éxito internacional tras sus exposiciones en París, Londres, Nueva York, Chicago y San Luis, es el toque de salida del complejo quehacer que esta especial tarea creativa de Joaquín Sorolla va a necesitar: “Tras sus exposiciones en Estados Unidos del año 1909, que le han proporcionado muy buenos ingresos, Sorolla se decide a levantar la nueva vivienda –continúa comentándonos Florencio de Santa Ana- para ello debe contar con la intervención de un arquitecto y el elegido será Enrique María de Repullés y Vargas, que le fue recomendado por su amigo el escultor  Mariano de Benlliure y Gil: el pintor le debió enseñar los diseños que había programado, pero Repullés, cambió radicalmente las ideas del pintor”.
Será sólo la primera secuencia de la extensa y a veces compleja conversación que este arquitecto tendrá que entablar con su contratante y auténtico inspirador.
 Cambio de la fachada, absolutas directrices para los jardines, organización espacial interna... Sorolla se implica completamente en la construcción de esta obra, analizando y dibujando muchos de sus elementos antes y mientras se están construyendo, como nos describe el director del Museo respecto al segundo jardín: “Es el más trabajado por Sorolla. Del mismo conservamos numerosísimos bosquejos, que presentamos en esta exposición en buena parte. Sorolla intenta introducir una pérgola en el mismo, que va situando en distintos lugares. También quiere instalar una fuente en la parte central, una veces alta y en otras ocasiones baja, alimentando un riad, siguiendo las fórmulas musulmanas del Generalife, especialmente del Patio de la Acequia, y según una serie de dibujos una segunda fuente en el paso al tercer jardín.”
Casa, taller, lugar de convivencia y creación: Sorolla dejó en el edificio que hoy conmemora sus 75 años como Museo el acierto de su impronta creativa y una armónica y compleja síntesis del ideario estético que fue depurando a través de su productiva y brillante vida.

 

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