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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
Enrique Lafuente,
en la que está considerada como la síntesis más importante del arte pictórico
español (Breve historia de la pintura española), acierta
a situar a Joaquín Sorolla entre esos artistas en los que alienta “un
clásico y neto sentido de la vida, lleno de salud vital y de calor humano,
de esa vieja humanidad civilizada y eterna que nuestra generación ve hundirse
entre crueldades y odios, entre ruinas y fuego”. En su obra, continúa
el académico y primera figura de la Historia del Arte en España, “reconocemos,
junto a otras cualidades precisas y concretas de pintor de raza, el don
supremo que sólo es otorgado a los que llegan a expresar en sus creaciones
algo más que una mera potencia de ejecución. Ese don y ese mensaje sólo
transmitido por los grandes artistas, y que desciframos en las obras de
Sorolla, es sencillamente éste: una visión peculiar del mundo y del hombre”.
La capacidad
de ser artista desde una vivencia profunda de lo humano y el don de asumir
que el arte es más que una simple fórmula de estar social: Joaquín Sorolla,
como creador de su propio y más íntimo lugar.
Ideas
e imágenes
Setenta
y cinco años después de su apertura al público como Museo Sorolla, el
espacio que fuera casa familiar y taller, explora, a partir de las colección
de dibujos del Museo y algunos apuntes prestados por un descendiente del
pintor, las fuentes de inspiración y el proceso de creación seguido por
el artista en el diseño de la casa familiar en la que trabajó y vivió
los últimos años de su vida.
Ochenta y un
dibujos de Joaquín Sorolla y Bastida (que constituyen el grueso de la
muestra) y dos alzados y una planta de Enrique María Repullés y Vargas
(el arquitecto encargado de la obra) van desgranando los aspectos más
destacables de la gestación del espacio que Joaquín Sorolla quiso conformar
para convivir con los suyos, trabajar en sus proyectos artísticos y estar
sobriamente en sociedad: las ideas en las que modifica sustancialmente
el proyecto de fachada del arquitecto; la importancia concedida por el
artista al jardín que rodea al edificio, cuyos rincones se reflejan vibrantes
de luz y color en muchos de sus lienzos de última época; la influencia
de los jardines italianos y los jardines históricos españoles como fuente
de inspiración; o las ideas para la distribución y decoración de los diferentes
ambientes de la vivienda.
“En 1905 Sorolla
adquiere el primer solar, que corresponde prácticamente a la zona hoy
construida, salvo los dos primeros estudios y los jardines segundo y tercero
–recuerda Florencio de Santa-Ana, director del museo Sorolla- A partir
de esa fecha comenzará a realizar distintos dibujos planificando las fachadas
y plantas del edificio a construir; van tomando carácter y, entre 1908
y 1909, las ideas se van clarificando y desarrollando al programar un
edificio de tipo historicista, tan en boga a principios del siglo XX”.
Obra
propia
El
logro económico que le da el éxito internacional tras sus exposiciones
en París, Londres, Nueva York, Chicago y San Luis, es el toque de salida
del complejo quehacer que esta especial tarea creativa de Joaquín Sorolla
va a necesitar: “Tras sus exposiciones en Estados Unidos del año 1909,
que le han proporcionado muy buenos ingresos, Sorolla se decide a levantar
la nueva vivienda –continúa comentándonos Florencio de Santa Ana- para
ello debe contar con la intervención de un arquitecto y el elegido será
Enrique María de Repullés y Vargas, que le fue recomendado por su amigo
el escultor Mariano de Benlliure y Gil: el pintor le debió enseñar los
diseños que había programado, pero Repullés, cambió radicalmente las ideas
del pintor”.
Será sólo la
primera secuencia de la extensa y a veces compleja conversación que este
arquitecto tendrá que entablar con su contratante y auténtico inspirador.
Cambio de
la fachada, absolutas directrices para los jardines, organización espacial
interna... Sorolla se implica completamente en la construcción de esta
obra, analizando y dibujando muchos de sus elementos antes y mientras
se están construyendo, como nos describe el director del Museo respecto
al segundo jardín: “Es el más trabajado por Sorolla. Del mismo conservamos
numerosísimos bosquejos, que presentamos en esta exposición en buena parte.
Sorolla intenta introducir una pérgola en el mismo, que va situando en
distintos lugares. También quiere instalar una fuente en la parte central,
una veces alta y en otras ocasiones baja, alimentando un riad, siguiendo
las fórmulas musulmanas del Generalife, especialmente del Patio de la
Acequia, y según una serie de dibujos una segunda fuente en el paso al
tercer jardín.”
Casa, taller,
lugar de convivencia y creación: Sorolla dejó en el edificio que hoy conmemora
sus 75 años como Museo el acierto de su impronta creativa y una armónica
y compleja síntesis del ideario estético que fue depurando a través de
su productiva y brillante vida.
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