Palabras, emociones, arte

El Festival de Almagro celebra sus treinta años consagrados a reivindicar el valioso legado del Teatro Clásico español

Alrededor del único supervi- viente de los corrales de
comedias de España, en el centro de La Mancha, en el aislado y silencioso ejercicio diario de construcción cultural: Festival de Teatro Clásico de Almagro, un asunto de emociones, palabras y arte que, después de treinta años, reafirma su presencia social y su singular apuesta creativa.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Situada en el campo de Calatrava, con una Plaza Mayor levantada por la Orden de Calatrava, un hospital de San Juan de Dios, un palacio Maestral, las iglesias de San Bartolomé el Real, de La Encarnación, de San Blas y los conventos franciscano, de Santa Catalina y de Santo Domingo, y un  Corral  de  Comedias:  Almagro,

ciudad de palacios, ermitas, iglesias y modestas viviendas manchegas, que fue catalogada en 1972 como Conjunto Histórico Artístico y está en espera de su inclusión como Ciudad Patrimonio de la Humanidad: Almagro, múltiple y viva escena que cada año en estas fechas recupera el espejo de actos, sentimientos, asociaciones y palabras que para nosotros dejaron, hace siglos, nuestros clásicos.
“Los clásicos son –afirma Emilio Hernández, director del Festival de Teatro Clásico de Almagro- aquellos conciudadanos que han sido autores de obras ejemplares que, siglo tras siglo, han ido captando nuestro interés, movilizando nuestras emociones y forjando nuestro pensamiento. Son relativamente fáciles de reconocer porque de ellos nos sentimos cómplices y con ellos disfrutamos tanto como si de anónimos cuentos milenarios se trataran”. Esenciales, morales, artísticos y, bendito sea Almagro, brillantemente recordados.

El Corral de comedias

El cambio de mentalidad que supuso la Edad Moderna, que llevó a la dramaturgia nuevas historias de carácter no religioso y sacó de los pórticos de las Iglesias o las plazas mayores las representaciones de los Autos, encontró en los patios y corrales de las grandes casas el lugar adecuado para las comedias del Siglo de Oro. Un escenario sobre un tablado al fondo del patio, alrededor del cual eran colocadas las sillas que los propios espectadores se encargaban de llevar sería la primera versión de los corrales de comedia, uno de los edificios importantes de la arquitectura barroca, de claras connotaciones con las edificaciones islámicas y con las casas labriegas de finales del siglo XVI, y, sin lugar a dudas, el mejor difusor que el teatro ha tenido nunca.
Almagro lo conserva: en 1954 el Corral de Comedias fue redescubierto y comprado por el Ayuntamiento, que inició diversas restauraciones para recuperar la totalidad del edificio original que en 1628 fue construido por Leonardo de Oviedo. Es el único Corral que ha llegado a nuestros días y el teatro en funcionamiento más antiguo de Europa: el eje físico y simbólico que cada año trae a las escenas múltiples de Almagro –Hospital de San Juan, Antigua Universidad, Claustro de los Dominicos, Patio de Fúcares, Teatro Municipal, Iglesia de las Bernardas, Plaza de Santo Domingo, Claustro del Museo, Patio Wesel, Patio Mayor, Iglesia de San Blas, Plaza Mayor, diversas plazas y pradillos- las palabras inventadas de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes, Tirso de Molina, Rojas Zorrilla, Ruíz de Alarcón o Shakespeare y Rostand.

Siglos después

“¿Qué producían aquellas palabras, aquellas historias, aquellos comportamientos, aquellos pensamientos que emergían del escenario en el español y la española que acudían a los corrales de entonces y, más tarde, a los teatros? ¿Qué transmitían de todo aquello a sus hijos? ¿Cómo confrontarían sus ideas aquellos hombres y mujeres con la de aquellos autores y personajes? ¿Qué pensarían las mujeres, por ejemplo, al oír a Laurencia, víctima de la violencia de género del impune Comendador, arremeter no sólo contra él sino contra la complicidad pasiva de los hombres de su villa? ¿Qué repercusión tendría todo esto en una vida?”.
Son reflexiones del director del Festival de Almagro, realizadas treinta años después de que unas Jornadas de Teatro Clásico sembraran en esta ciudad de La Mancha esa rotunda realidad que, este mes de julio, y entre sólo algunas de sus propuestas, encontramos espectáculos como las Justas y cuenta cuentos recorriendo la Plaza Mayor; Numancia (Cervantes), con montaje de los japoneses Ksec art; La Divina Filotea (Calderón de la Barca) según la compañía de Pedro Mari Sánchez; La verdad sospechosa (Ruiz de Alarcón y Mendoza) por la Compañía Eureka; Las bizarrías de Belisa (Rojas Zorrilla) por la Joven Compañía Nacional; Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor (Lope de Vega, Alcazar y Marroquí) de la compañía Norma Leandro; Del rey abajo ninguno (Rojas Zorrilla) por la Compañía Nacional de Teatro Clásico; Otelo (Shakespeare) en montaje de la Compañía Teatre LLiure; Cyrano de Bergerac (Edmond rostand) por Concha Busto Producción y Distribución; The Tragedie of prince Zi Dan “Hamlet” de la Shangai Pekín Opera Trouppe; Hamlet (Shakespeare) por la compañía africana Boyokani; 100 años de copla (Museo Nacional del Teatro) una exposición homenaje a Concha Piquer; En un lugar de la Mancha (Albert Boadella) de Els Joglars o El paladín de Francia (Emanuele Luzzati) por la Compañía Libélula de Marionetas.
“Durante estos últimos treinta años cientos de compañías, miles de actores, han habitado el aire de Almagro con sus palabras como tantos otros miles lo habían hecho en los siglos precedentes –termina recordándonos el director del Festival-. Los actores, directores, músicos... interpretan desde su propio impulso estas obras maestras que son nuestra herencia cultural”.

 

arriba