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Pequeños trabajadores

El pasado 12 de junio, designado Día Mundial contra la esclavitud infantil, constituyó nuevamente una llamada de atención urgente ante los más de 200 millones de niños, entre 5 y 17 años, que se ven obligados a trabajar para sobrevivir y ayudar a sus familias. Las regiones del mundo donde hay un mayor porcentaje de niños trabajadores son Asia y el Pacífico, seguidas de África subsahariana, América Latina y el Caribe. Aunque la mayoría se dedican a los trabajos agrícolas, muchos de ellos también dedican su tiempo a las tareas domésticas, especialmente las niñas. Sus agotadoras jornadas laborales les impiden ir a la escuela y ni siquiera en su escaso tiempo libre les quedan fuerzas para jugar.
A pesar de que en los últimos cuatro años ha disminuido en un 11% el número de niños trabajadores, las cifras no dejan de ser alarmantes, por lo que los organismos internacionales han decidido incluir en sus agendas este grave problemas para buscar soluciones.
Mientras tanto, desde distintas asociaciones y ONG’s desarrollan proyectos para mejorar su situación, como es el caso del Programa Proniño, cuya finalidad es erradicar la explotación laboral en Iberoamérica y el Caribe. Desde garantizarles una educación básica, hasta proporcionarles la oportunidad de continuar sus estudios y acceder a la enseñanza secundaria, también pretenden mejorar su entorno social y económico, facilitando las ayudas necesarias a las familias.
En mi opinión, la sociedad en su conjunto debe apoyar a estas organizaciones y colectivos que velan por los derechos humanos de los niños e intentan ofrecerles un futuro mas esperanzador.

Gerardo de la Fuente
Torrelodones (Madrid).

 
     
   

Bocanada de aire fresco

Leo en prensa que en los próximos años nuestro sistema educativo va a necesitar unos 200.000 nuevos profesores, como consecuencia de la evolución demográfica de las cohortes de escolares y sobre todo de las vacantes por jubilación, lo que viene a decirnos que contamos con una plantilla docente bastante envejecida. En todo caso, la noticia supone sin duda una bocanada de aire fresco para nuestras aulas. Espero que los responsables de las Universidades y de la Administración educativa aprovechen la coyuntura que supone la incorporación de España al Espacio Europeo de Educación Superior para crear un sistema de formación docente acorde con los tiempos.
No hay que olvidar que el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), necesario para impartir docencia en Secundaria, se remonta a los años 70, cuando la Ley General de Educación. También es una gran noticia que los estudios para ser maestro de Primaria se homologuen a la titulación de Grado, lo que les hará ganar en prestigio y reconocimiento social. Al parecer también se quiere dar una gran importancia a las prácticas en los centros, lo que posibilitará que los nuevos profesores vayan adquiriendo la necesaria experiencia.
Pero más allá de cuerpos y carreras docentes, temas sin duda muy importantes, para mí la gran preocupación van a ser los planes de estudio y los contenidos de los nuevos estudios para ser maestro y profesor. Los 240 créditos europeos deben aprovecharse para dar un cambio radical al contenido de estas carreras, no podemos seguir formándonos bajo criterios decimonónicos. Deben entrar en juego nuevas perspectivas de la enseñanza y el aprendizaje. La actividad docente tal y como está enfocado hoy en día no tiene razón de ser. La dinámica social, los constantes cambios en nuestra forma de vida, la eclosión de Internet y las nuevas tecnologías y mil factores más han empolvado la figura tradicional del profesor; ya no somos los garantes del saber, sino más bien los conductores u orientadores del aprendizaje de nuestro alumnos. Hay un dicho que ha tomado cuerpo en los últimos tiempos entre el profesorado: “La educación es proyecto para alumnos de siglo XXI, realizado por profesionales del siglo XX con métodos del siglo XIX”. Esperamos que está verdad a medias no se convierte en una máxima.

Juan Manuel García
Madrid.

 
       
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