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Con
los datos y elementos que le proporcionábamos, Elena fue nuestra embajadora
en los medios de comunicación a su alcance. Gracias a ella, España volvió
a ser noticia y salió del mutismo creado por el fracaso del maquis republicano,
el fin del boicot internacional al régimen y la alianza estratégica Eisenhower-Franco”.
Venida al mundo
en 1920 en una familia pirenaica con antepasados en ambos lados de la
frontera; hija del arqueólogo que fundó el primer Museo Picasso (Antibes);
colaboradora de la delegación del gobierno vasco en París; corresponsal
de guerra a sus 18 años en Barcelona y Madrid; activista por la causa
republicana en Europa; soporte de los republicanos liberados de los campos
de concentración del gobierno de Vichy; escritora de libros, artículos
y tribunas en pro de la democracia para España; difusora de nuestra silenciada
cultura; voz estos días recuperada: Elena de La Souchère, valiosa, constante
y productiva amiga de la democracia española, singularmente desconocida
y especialmente admirada: Elena de La Souchère en la recuperación de nuestra
memoria histórica.
Tiempo
de recordar
“Durante
mucho tiempo dudaba en publicar mis recuerdos –confesaba ante los periodistas
Elena de La Souchère-. La transición española tuvo que fomentar el olvido
del pasado y el silencio en torno a la guerra civil para serenar los ánimos.
Pero ahora vemos que renacen polémicas en torno a los estatutos de autonomía,
de la reforma educativa o sobre la cuestión terrorista, temas que vienen
de muy atrás y que es necesario analizar en su desarrollo histórico. Estamos
ya en un buen momento para poder reflexionar. Es por esto por lo que he
gestado mi libro”.
Sorprendentemente
lúcida, agradeciendo la acogida que le ha dispensado en su serie Biografías,
memorias y testimonios la editorial Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores,
hablando de sus próximos proyectos editoriales y comentando su sorpresa
ante la gran urbe en que se ha convertido un Madrid que no visitaba desde
hacía sesenta años, la autora de Lo que han visto mis ojos. Crónicas
de la España republicana concretó sucintamente su decisión de publicar
ahora: “¿De qué sirve guardar el silencio sobre la guerra civil? Un pueblo
sin memoria histórica es tan indefenso como un ser humano sin experiencia.
Corre el peligro de recaer en las mismas equivocaciones y padecer las
mismas desgracias”.
Revolucionarios
y pretorianos
Sus
experiencias directas de la guerra, en la ciudad de Barcelona (“En aquel
entonces había en Barcelona aproximadamente mil sacerdotes ejerciendo
su ministerio en secreto o refugiados del entorno rural catalán o incluso
de Madrid o de las provincias del sur”) y en el frente de Carabanchel,
en Madrid (“Muchos madrileños murieron de hambre: sólo había 50 gramos
de pan por persona al día y una sopa de agua clara con peladuras de legumbres.
No se habla de ello. El sitio fue inhumano”) se presentan en estas memorias
al lado de claros y sintéticos ensayos en los que la autora aporta, desde
su amplia perspectiva humanista, una nueva mirada sobre Los orígenes
de la guerra civil; Guernica, bombardeo experimental; 1938,
año decisivo de la guerra civil española; El frente de Madrid
y el Panorama de la guerra civil española.
Ciento
noventa páginas, densas, ágiles, documentadas y vibrantes en las que se
describe “un país en el que existe una Constitución y un gobierno”, como
nos recuerda en el prólogo el diplomático y escritor José María Ridao.
Un país “en el que los diversos dirigentes y partidos políticos, además
de los sindicatos y demás fuerzas sociales, incluida la Iglesia, no tratan
de suplir las deficiencias del marco jurídico republicano, sino de utilizarlas
a su favor; un país en el que los extremistas de uno y otro bando, los
revolucionarios y los pretorianos, según la expresión de la autora, acaban
adueñándose de la situación. Un país, en el que una república democrática
es víctima de una sublevación militar y, acto seguido, de quienes, levantando
su bandera, persiguen sus propios fines revolucionarios”.
Una España
democrática recibe ahora la memoria escrita de Elena de La Souchère; su
voz (“En memoria de los compañeros de mi generación, los quintos de diecisiete
y dieciocho años de edad del año 1938, caídos en los últimos combates
de la guerra civil, quienes duermen desde hace tanto tiempo, que nadie
se acuerda de ellos”)es de todos patrimonio.
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Una
imagen de Elena de La Souchère en la actualidad.
(Foto: Amaya Aznar)
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