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Madrid.
La
reunión fue convocada con la convicción de que constituiría “la mejor
oportunidad desde hace cinco años para que los países ricos dejen de lado
todos los obstáculos que quedan aún para alcanzar una Educación para Todos,
y realicen compromisos financieros reales y sustanciales para apoyar los
planes de educación de los países en desarrollo”.
Asimismo,
en Bruselas, la Campaña Mundial por la Educación (CME) exigió a los participantes
en la Conferencia que comprometan la ayuda necesaria para escolarizar
a todos los niños y niñas y cumplan las promesas para lograr la Educación
para Todos.
La
CME estima que la ayuda a la educación básica debe alcanzar los 16.000
millones de dólares en los próximos años, y sus representantes afirmaron
que actualmente sólo llega a los 2.700 millones de dólares.
Estudiantes,
docentes, padres y madres y niños de diferentes países integrados en la
CME reclamaron a los líderes de los países desarrollados que destinen
los recursos necesarios para lograr en 2015 la educación básica universal,
considerada un derecho fundamental y una de las mejores armas para combatir
la pobreza.
En
la actualidad, y a pesar de los progresos en los pasados años, todavía
hay 77 millones de niños que no van a la escuela, de los que más de la
mitad (44 millones) son chicas, según datos de la Organización de Naciones
Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (Unesco).
A
pesar de que los países desarrollados se comprometieron en 2000, en el
marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, a alcanzar
la educación universal para 2015, los miembros del G8 y de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sólo destinan 2.700
millones de dólares anuales para ayuda a la educación.
Sin
embargo, para cumplir todas las promesas en educación y evitar que 75
países en desarrollo no logren el objetivo de escolarizar a todos sus
niños para esta fecha, son necesarios 9.000 millones de dólares anuales,
cifra que aumentaría a 16.000 millones de dólares a partir de 2009.
La
Campaña Global para la Educación elaboró para la ocasión unas “cartillas
de notas” en las que evalúa las aportaciones financieras a la ayuda para
la educación de los países de la OCDE y en las que queda demostrado que
sólo dos países, Holanda y Noruega, dan la parte que les corresponde con
respecto a su peso económico.
España
figura entre los países que menos esfuerzo hace y ocupa, con 35 puntos
sobre 100, el decimosexto puesto en la lista de 22 países que fueron evaluados,
“a pesar de haberse producido avances y notables esfuerzos por parte de
la cooperación española”.
Los
participantes en la conferencia estuvieron de acuerdo en la urgencia de
dar más y mejor ayuda y asegurar una financiación predecible y a largo
plazo.
Buen
gobierno
Los
impulsores de la reunión reconocieron que la comunidad internacional tendrá
que intensificar sus esfuerzos y que será necesario involucrar a otros
países que actualmente no ayudan, como Estados Unidos, al considerar que
el éxito depende del esfuerzo común, pero también del buen gobierno en
los países receptores de la ayuda. El comisario Louis Michel, y el ministro
británico de Finanzas, Gordon Brown, significaron que “nuestra generación
puede ser la primera en la Historia que permite que todos los niños reciban
educación primaria”.
La
Comisión Europea, con 1.700 millones de euros adicionales, y varios países
prometieron elevar sus contribuciones, pero también hubo compromisos por
parte del sector privado, con empresas como Microsoft y Cisco Systems,
que asistirán a los países en desarrollo en la elaboración de sus planes
nacionales de educación.
Los
niños que acudieron al evento para dar testimonio y convencer a los políticos
de la necesidad de una educación universal, entre ellos antiguos trabajadores
infantiles pero también jóvenes de países desarrollados, insistieron en
que no hacen falta más compromisos, sino cumplir las promesas hechas.
“La
escuela es importante para los niños y espero que compartáis mi sueño
de que un día todos los niños puedan ir al colegio”, dijo a los dirigentes
Brillith Serrano, una colombiana de 17 años, de la ciudad de Cali, que
desde los ocho años vende fritangas en la calle con su hermana para cuidar
de su padre enfermo de tuberculosis. La joven pisó por primera vez un
colegio cuando tenía once años y espera poder reunir suficiente dinero
para mantener a su familia y pagar sus estudios en la universidad, con
el fin de cumplir un día su sueño y convertirse en psicóloga.
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