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íntima
con su musa Inteligencia, solicitándole el extraño don de saber
encontrar “el nombre exacto de las cosas”. Verdad esencial de todo
su esfuerzo literario que, en este aniversario de la concesión del Premio
Nobel y a dos años del cincuentenario de su muerte, queda nítida y expresamente
expuesta ante esta sociedad en el homenaje-muestra que, organizada por
la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Junta de Andalucía,
la Fundación El Monte y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración
de la Diputación de Huelva, acoge el Convento de Santa Clara de Moguer.
Origen
y evolución
“Si
prescindiésemos de Juan Ramón, resultaría imposible explicar la sintonía
-y la novedad, al mismo tiempo- de nuestro simbolismo con las principales
corrientes poéticas de la Europa del cambio de siglo, y difícilmente podríamos
entender el paradigma poético que se produce –en fechas tempranísimas-
gracias a la irrupción de un lirismo de inspiración anglosajona ajeno
a lo más evidente de nuestra tradición: cuando Nueva York reemplaza a
París en el mapa de la poesía española del siglo XX, se inicia la incursión
de la poesía española en la modernidad en la que todavía seguimos instalados.
El libro que propicia esa innovación es Diario de un poeta recién casado
(1917), un poemario del que arrancan el hodiernismo, la orientación surrealista
y el neo popularismo, las tres líneas mayores de esa “edad de oro” de
la poesía en lengua española que la historiografía ha querido perpetuar
con la etiqueta de `Generación del 27´ ”. Estas palabras de Javier Blasco
y Antonio Piedra, comisarios de Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel 1956,
sitúan de frente y sin titubeo a qué estamos refiriéndonos al volver a
mirar el rastro de su origen en la cultura de la contemporaneidad española.
Una autoría
que ilumina más allá del rincón reducido que le habilitó esa España vencedora
del combate fratricida: emocional poeta andaluz, neurótico y distante,
creador del canto en prosa para niños Platero y yo y que confirma
el valor trascendente de su estar en la poesía española porque, como siguen
diciendo los responsables del recorrido de esta muestra, “desde 1900,
fecha de publicación de su primer libro, hasta 1958, fecha de su muerte,
la historia de la poesía española está, ineludiblemente, marcada por la
presencia omnipresente de Juan Ramón. Lejos de asemejarse a la trivializada
“torre de marfil”, su residencia –en Moguer, en Madrid, en Cuba, en Puerto
Rico, en Buenos Aires- fue un lugar de visita obligada por los jóvenes
poetas, que siempre encontraron en el maestro palabras de ánimo, apoyo
para sus iniciativas literarias y opiniones alentadoras. Pensando en ellos,
Juan Ramón promovió revistas e inspiró empresas editoriales, y la mayoría
de los que pasaron por su casa han dejado testimonio puntual de su generosa
dedicación y de su entrega entusiasta.”
Primeras
ediciones
Cinco
apartados: Albores de una vida original y aparte, con la literatura
al fondo (1881-1912), sus años de formación y de sus primeros pasos
en el mundo literario de entre siglos; El Madrid de la Colina de los
Chopos, con las ricas y múltiples experiencias que su estancia en
la Residencia de Estudiantes le propició y la llegada a su vida de su
otro-yo, Zenobia Camprubí; De la “Obra en marcha” en los años
de las vanguardias (1918-1936), su magisterio indiscutido sobre los
poetas de la generación emergente; ¡Ay de mi España! (1936-1939),
el difícil periplo en busca de apoyos para la República; El español
perdido (1940-1958), su tiempo alejado de su tierra y venciendo
el dolor, conforman esta nueva mirada a Juan Ramón Jiménez que cuenta
con primeras ediciones de las principales obras; con libros de otros autores
en los que el poeta participó, prologó o cuidó de su edición; con las
revistas que promovió o en las que colaboró y con una amplia muestra de
cartas, manuscritos y documentos procedentes, además de varias colecciones
particulares e institucionales, de los diversos archivos juanramonianos
depositados en la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer, en el Archivo
Histórico Nacional de Madrid o en la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de
la Universidad de Puerto Rico.
Amante de la
pintura, a la que estuvo a punto de dedicar su pulsión creativa, y amigo
de muchas de las figuras de la plástica española de su época, se refleja
en la exposición a través de una selección de obras, realizada por Pablo
Jiménez Burillo, y entre las que encontramos con cuadros realizados en
su juventud por el propio Juan Ramón Jiménez; con retratos suyos realizados
por Vázquez Díaz, Juan Bonafé o Esteban Vicente y con obras que, de una
forma u otra, estuvieron íntimamente ligadas a su existencia. El documental
Juan Ramón Jiménez, la obra en marcha, producido por TVE y la Sociedad
Estatal de Conmemoraciones Culturales, cierra con sus imágenes esta muestra.
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