El poeta que sí fue

El cincuentenario de la concesión del Nobel reaviva el singular
brillo de Juan Ramón Jiménez en nuestra literatura

Fue el gran patriarca de la poesía española en unas décadas de jóvenes brillantes; fue casi el ejemplo sagrado de cómo vivir siendo transmisor de poesía; fue eco y autor de auténticas desmesuras y fue, por encima de todo, un extraordinario lector del alma secreta de las situaciones, las personas y las cosas: Juan Ramón Jiménez reabre su singularidad en una muestra.

Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Versos del bardo que anhela sentir en sí mismo el escondido sentir de un mundo que, separado, se le escapa; escueta sentencia del que sabe escudriñar el etéreo estar de la materia y que añora establecer su vibración especial en la apariencia: Juan Ramón Jiménez en conversación

íntima con su musa Inteligencia, solicitándole el extraño don de saber encontrar “el nombre exacto de las cosas. Verdad esencial de todo su esfuerzo literario que, en este aniversario de la concesión del Premio Nobel y a dos años del cincuentenario de su muerte, queda nítida y expresamente expuesta ante esta sociedad en el homenaje-muestra que, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Junta de Andalucía, la Fundación El Monte y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de la Diputación de Huelva, acoge el Convento de Santa Clara de Moguer.

Origen y evolución

“Si prescindiésemos de Juan Ramón, resultaría imposible explicar la sintonía -y la novedad, al mismo tiempo- de nuestro simbolismo con las principales corrientes poéticas de la Europa del cambio de siglo, y difícilmente podríamos entender el paradigma poético que se produce –en fechas tempranísimas- gracias a la irrupción de un lirismo de inspiración anglosajona ajeno a lo más evidente de nuestra tradición: cuando Nueva York reemplaza a París en el mapa de la poesía española del siglo XX, se inicia la incursión de la poesía española en la modernidad en la que todavía seguimos instalados. El libro que propicia esa innovación es Diario de un poeta recién casado (1917), un poemario del que arrancan el hodiernismo, la orientación surrealista y el neo popularismo, las tres líneas mayores de esa “edad de oro” de la poesía en lengua española que la historiografía ha querido perpetuar con la etiqueta de `Generación del 27´ ”. Estas palabras de Javier Blasco y Antonio Piedra, comisarios de Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel 1956, sitúan de frente y sin titubeo a qué estamos refiriéndonos al volver a mirar el rastro de su origen en la cultura de la contemporaneidad española.
Una autoría que ilumina más allá del rincón reducido que le habilitó esa España vencedora del combate fratricida: emocional poeta andaluz, neurótico y distante, creador del canto en prosa para niños Platero y yo y que confirma el valor trascendente de su estar en la poesía española porque, como siguen diciendo los responsables del recorrido de esta muestra, “desde 1900, fecha de publicación de su primer libro, hasta 1958, fecha de su muerte, la historia de la poesía española está, ineludiblemente, marcada por la presencia omnipresente de Juan Ramón. Lejos de asemejarse a la trivializada “torre de marfil”, su residencia –en Moguer, en Madrid, en Cuba, en Puerto Rico, en Buenos Aires- fue un lugar de visita obligada por los jóvenes poetas, que siempre encontraron en el maestro palabras de ánimo, apoyo para sus iniciativas literarias y opiniones alentadoras. Pensando en ellos, Juan Ramón promovió revistas e inspiró empresas editoriales, y la mayoría de los que pasaron por su casa han dejado testimonio puntual de su generosa dedicación y de su entrega entusiasta.”

Primeras ediciones

Cinco apartados: Albores de una vida original y aparte, con la literatura al fondo (1881-1912), sus años de formación y de sus primeros pasos en el mundo literario de entre siglos; El Madrid de la Colina de los Chopos, con las ricas y múltiples experiencias que su estancia en la Residencia de Estudiantes le propició y la llegada a su vida de su otro-yo, Zenobia Camprubí; De la “Obra en marcha” en los años de las vanguardias (1918-1936), su magisterio indiscutido sobre los poetas de la generación emergente; ¡Ay de mi España! (1936-1939), el difícil periplo en busca de apoyos para la República; El español perdido (1940-1958), su tiempo alejado de su tierra y venciendo el dolor, conforman esta nueva mirada a Juan Ramón Jiménez que cuenta con primeras ediciones de las principales obras; con libros de otros autores en los que el poeta participó, prologó o cuidó de su edición; con las revistas que promovió o en las que colaboró y con una amplia muestra de cartas, manuscritos y documentos procedentes, además de varias colecciones particulares e institucionales, de los diversos archivos juanramonianos depositados en la Fundación Juan Ramón Jiménez de Moguer, en el Archivo Histórico Nacional de Madrid o en la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico.
Amante de la pintura, a la que estuvo a punto de dedicar su pulsión creativa, y amigo de muchas de las figuras de la plástica española de su época, se refleja en la exposición a través de una selección de obras, realizada por Pablo Jiménez Burillo, y entre las que encontramos con cuadros realizados en su juventud por el propio Juan Ramón Jiménez;  con retratos suyos realizados por Vázquez Díaz, Juan Bonafé o Esteban Vicente y con obras que, de una forma u otra, estuvieron íntimamente ligadas a su existencia. El documental Juan Ramón Jiménez, la obra en marcha, producido por TVE y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, cierra con sus imágenes esta muestra.

 

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