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a
cabo por la Orquesta Filarmónica de Berlín y el coreógrafo Royston Maldoom,
en que han estado implicados 250 chicos, completamente ajenos al mundo
del baile y de la música -muchos de medios desestructurados y con dificultades
en su rendimiento académico-, pero que han trabajado intensamente durante
tres meses en la coreografía de La Consagración de la Primavera,
de Igor Stravinsky.
Dirigida por
Thomas Grube y Enrique Sánchez Lansch, la cinta es un testimonio del poder
del baile y del talento de la gente joven, además de la importancia del
esfuerzo y la constancia como una de las claves en el proceso de formación
del alumno. Un ejemplo de ello es que sus protagonistas, jóvenes de todas
las edades y razas, eran desconocedores de la música clásica y del ballet
contemporáneo, y sin embargo pudieron dar forma a un trabajo y a una coreografía
creada exclusivamente para ellos.
Para los autores
de ¡Esto es Ritmo!, la película es una historia “sobre la fascinación
de la música, a la vez que una experiencia cinematográfica llena de vida,
respeto y pasión”.
Entre el amplio
grupo de adolescentes que participan en las largas sesiones de ensayo
–que se prolongarían durante más de tres meses-, la cámara se detiene
sobre todo en las impresiones de Marie, que trata desesperadamente de
aprobar secundaria, Olayinka, un chaval de 17 años que acaba de llegar
a Alemania como un huérfano de la guerra de Nigeria, y Martin, cuya lucha
se centra en combatir sus inhibiciones y los traumas de su infancia.
Junto a ellos,
Simon Rattle, el director de la Filarmónica de Berlín, nos muestra el
trabajo de la orquesta y su visión de la música y de la vida. Al mismo
tiempo el bailarín y coreógrafo Royston Maldoom y su equipo, ejercen de
profesores exigentes, les demandan perseverancia al grupo de adolescentes
y les enseñan los primeros pasos de baile; para la mayor parte de ellos
éste es su primer encuentro con la música clásica. Durante los ensayos
todos experimentan altibajos, inseguridad, repentina seguridad en sí mismos,
dudas y entusiasmo. “Es un viaje emocional por mundos nuevos e imprevistos
y por las facetas ocultas de sus personalidades”. Y todo el ello con el
fondo musical de la obra de Stravinsky, que no deja de sonar un solo momento
a lo largo de la cinta.
Contrastes
“Lo
que atrajo nuestra imaginación fue el contraste”, señala Thomas Grube,
uno de los directores. “Por un lado estaba el trabajo de Royston Maldoom,
que durante los últimos 30 años ha estado viajando en una furgoneta roja
de correos por todo el mundo y emprendiendo proyectos de baile, sobre
todo con chicos de la calle, y por otro lado estaba la Orquesta Filarmónica
de Berlín. Nuestro deseo era ver que pasaría cuando el rito violentamente
vigoroso de Stravinsky se acercara a los chicos de la calle ignorantes
tanto de la Orquesta Filarmónica de Berlín como de la música clásica.
Deseábamos experimentar este proceso, que era también un acercamiento
físico. Deseábamos ver sobre el suelo las semillas del proyecto educativo
de esta orquesta y como resurgirían”.
Enrique Sánchez
Lansch cree que La Consagración de la Primavera habla sobre la
educación y la transmisión de los conocimientos. “Sobre la ayuda de la
generación joven para crecer iniciándolos en los secretos de la vida social
a través de la práctica de ritos o de bailes de culto. Hay una relación
clara entre los talleres y el tema de nuestra película. Además el ambiente
áspero, al cual están expuestos los jóvenes en el ballet clásico de Stravinsky
y que es expresado a través de la música, está relacionado con el ambiente
áspero familiar de muchos jóvenes”.
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