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Lo
llamamos “el carné de clase”. Se optó por esa fórmula ya que el carné
de conducir por puntos se acababa de divulgar en los medios de comunicación
y eso hacía conocer a los alumnos automáticamente lo que implicaría en
el aula.
Aunque la coyuntura
divulgativa y social del momento facilitó el objetivo propuesto, la base
que justifica este particular carné es distinta de la que subyace al carné
de conducir presentado por la Dirección General de Tráfico. Se ha seguido
el modelo de modificación de conducta que se basa en los principios de
condicionamiento operante.
La técnica
es una variante de la que en inglés se denomina “token economy”, “sistema
de vales o puntos”. Si bien, los puntos no se adjudicaban sistemáticamente
y el objetivo no sólo era que los canjearan, sino también que los pudieran
hacer valer a la hora de conseguir prioridad en ciertas actividades y
situaciones. En el anexo III se detallan más privilegios que los puntos
les podían otorgar.
Con esta colaboración
se pretende compartir una herramienta que ha demostrado su eficacia, para
que sea de utilidad a cualquier otro docente que se encuentre en una situación
similar y necesite ideas sobre cómo intervenir ciertas conductas de indisciplina
en clase. No obstante, hay que dejar claro que no es una receta mágica
que vaya a solucionar todos los problemas. La implicación del docente
y cierto rodaje en su implementación favorecen que se logre el objetivo.
Aplicarla sin más, sin realizar las modificaciones oportunas según el
tipo de alumnado y el contexto, sin ver la posibilidad de contar con otros
docentes o las familias, sólo abocaría todos los intentos al fracaso.
La adaptación
al aula exige realizar modificaciones a la propuesta original, pues la
mera penalización y pérdida de puntos no resulta efectiva ni motivante
para el alumnado. Ello conlleva el riesgo de que en pocos días gran parte
del grupo pierda el carné y se sientan frustrados. Verían en el carné
un castigo y, en muchos casos, les daría igual recuperarlo, pues volverían
a perderlo en poco tiempo. Hay que tener “un tira y afloja” a la hora
de hablar de puntos. Es mejor ignorar comportamientos poco significativos
y sólo penalizar aquellos realmente problemáticos. También hay que enfatizar
que se deben reconocer todos los logros no importa cuán pequeños sean.
Esto es muy importante cuando se empieza. Ya quedará tiempo de exigir
más. Verse reconocidos socialmente en el grupo y, además, premiados con
puntos es lo que les “engancha” a este sistema.
Procedimiento
y criterios
El
grupo elaboró consensuadamente sus propias reglas de convivencia en el
aula y centro. Las redactaron y colocaron en la corchera de clase.
El delegado
era el encargado de llevar una lista marcando y contabilizando los puntos
de cada uno, además de tener la facultad de poder quitar puntos en ciertas
ocasiones.
Todos los niños
y niñas partían de 10 puntos. Podían perder puntos individualmente por
no tener turno para hablar, interrumpir, molestar, no hacer tareas, etc.,
y podían perderlos grupalmente cuando eran bastantes los implicados a
la vez en un comportamiento: media clase hablando de golpe, levantados
sin permiso, corriendo en los pasillos, etc.
Paralelamente,
también se les proponían situaciones de grupo para ganar puntos colectivamente,
si todo el grupo se esforzaba en conseguir lo pactado.
El último día
de la semana, aquellos que no habían perdido puntos individualmente eran
recompensados con puntos extra que añadían a los que ya tenían.
Más de 10 puntos
significaba estar en lo que se llamó terreno positivo. Estos alumnos serían
los que, además de participar en cualquier actividad, podían canjear sus
puntos extra, en cualquier momento, por una serie de recompensas que más
adelante enumeraremos en el anexo I.
Menos de 10
puntos significaba estar en terreno negativo y eso implicaba que tales
alumnos no participarían en ciertas actividades o que su participación
se vería limitada según se determinase.
La pérdida
de esos 10 puntos conllevaba el no poder participar en clase ni en las
actividades de grupo hasta que se recuperaba el carné. En casos extremos
o reincidentes, se le pedía al alumno o alumna que se dirigiera a una
zona de la clase separada del resto donde sólo trabajaría individualmente.
Previamente, se acordó con el grupo una serie de tareas para poder recuperar
el carné (Tráfico exige la realización de un curso y examen, ¿verdad?).
Esas tareas fueron cuentas de matemáticas, redacciones de lengua e historietas
en inglés. Se fijó que cada vez que se perdiera el carné aumentarían las
tareas tantas veces como el número de veces que se fuera perdiendo. Una
vez hechas, recuperaban el carné y se reintegraban en el grupo con 10
nuevos puntos.
Respuesta
del alumnado
A
medida que el grupo iba respondiendo positivamente, se subiría “el listón”.
Entonces la pérdida de puntos se subía de uno a dos para los mismos hechos,
mientras que los puntos por las recompensas se mantenían igual. Ahora
los podían perder más rápidamente. Este aspecto hay que explicárselo bien,
pues los niños y niñas asocian subir el listón tanto con penalizar con
más puntos como con recompensar también con más puntos. El caso es que
si se recompensa con más puntos, ya no se sube el listón; pues es más
fácil recuperar lo perdido. El objetivo que tienen que entender es que
deben conservar los puntos e incrementarlos, no perderlos y decir que
ya los recuperarán.
También se
recompensaban otros aspectos con puntos como la buena presentación del
cuaderno, la realización de trabajos voluntarios, esforzarse en corregir
las faltas, usar el diccionario, etc. El anexo II enumera más comportamientos
que eran recompensados. Es importante resaltar que, en este caso, solo
se premiaba lo positivo y aquellos que no cumplían los objetivos, simplemente,
no recibían nada. Únicamente se reconocía de cara al grupo aquellos trabajos
hechos con especial esmero o actitudes especialmente positivas. Estos
puntos no eran asignados sistemáticamente, sino aleatoriamente. Es decir,
cuando se observaba que los niños y niñas realizaban esas tareas por conseguir
puntos, entonces, se asignaban unas veces sí y otras no. Entonces se trataba
de hacerles ver que tenían que realizar los trabajos bien hechos por la
satisfacción y responsabilidad de hacerlos bien, no sólo por conseguir
puntos.
Cuando el carné
se puso en práctica, se acordó con el alumnado que perderían un punto
por cada situación mejorable y que ganarían otro por aquellas merecedoras
de reconocimiento. Al final de la semana, además, los que no perdieran
puntos individuales serían recompensados con dos puntos extra. Durante
la semana también se procuraba reconocer circunstancias individuales y
grupales positivas con un punto. Habitualmente cada niño tenía la posibilidad
de ganar hasta dos puntos extras diarios como recompensa por su implicación
en clase, seguimiento de las reglas del grupo, realización de tareas,
etc. Aquellos que no perdían el carné cada mes, también eran recompensados
con dos puntos extra al finalizar el mes. Si bien, se echaba a suertes
si el mes en cuestión era recompensado o no.
Al finalizar
el primer trimestre, se observó una gran implicación por parte del alumnado.
Hasta tal punto fue positiva la evolución, que el segundo trimestre se
les ha felicitado por todos los logros que han conseguido. Ahora debían
plantearse un nuevo reto. Subir más el listón, como hacen los deportistas.
La siguiente meta era más exigente: perderían dos puntos cada vez y continuarían
ganando lo mismo.
De continuar
el progreso así, la siguiente meta sería o bien subir el listón a tres
puntos y, finalmente, prescindir del carné. Para entonces cada niño debía
haber alcanzado un nivel de respuesta que le permitiera funcionar autónomamente
sin el apoyo de los puntos ni la necesidad de estructurar parte de su
vida académica dentro del aula y en el centro. A partir de ahora ellos
debían demostrar que eran capaces de tomar decisiones acordes con su edad
y las expectativas puestas en ellos.
José
Luis García González
Maestro en el CEIP "Nuestra Señora de Latas"
de Somo (Cantabria) y profesor asociado en la Facultad de Educación de
la Universidad de Cantabria.
ANEXO
I
Los
puntos que superaran los 10 iniciales, los podían canjear por las siguientes
cosas que fueron consensuadas con el grupo:
-Salir antes que el grupo de clase (2 puntos)
-5 minutos libres en clase para escribir, leer, pintar, decorar la clase,
etc. (2 puntos)
-Pase para poder presentar una tarea con hasta dos días de retraso (3
puntos)
-10 minutos para utilizar un juguete personal como un mp3, videoconsola,
etc. (4 puntos)
-Pase para no hacer una tarea un día y en una asignatura (6 puntos)
-Pase para estar exento de un control tanto oral como escrito (10 puntos)
-Pase para compensar un suspenso en un control (12 puntos)
-Pase para subir un punto en la escala de las notas un criterio de evaluación
al finalizar el trimestre (16 puntos)
ANEXO
II
Circunstancias
que eran habitualmente recompensadas con puntos:
-Cuidar la presentación de la tarea y la caligrafía.
-Revisar la ortografía y usar el diccionario.
-Cambiar de asignatura ordenadamente y sin alborotar.
-Esperar, más o menos, en su sitio y en silencio la presencia del docente,
si fuera el caso.
-Pintar y decorar los trabajos.
-Buscar información extra sobre cosas comentadas en clase.
-Realizar trabajos voluntarios.
-Gestos positivos de cara al grupo o sus compañeros y compañeras.
-Esforzarse en hacer aquello de lo que eran capaces, independientemente
de si la actividad había sido bien hecho o terminada. Este criterio se
aplicaba con aquellos niños que presentaban alguna dificultad de aprendizaje
o necesidad educativa. Cualquier actuación en esta línea era recompensada
con más frecuencia que en el caso del resto del grupo.
ANEXO
III
Los
puntos acumulados, estar en terreno positivo o no haber perdido el carné
daban acceso a una serie de privilegios como los siguientes:
-Elegir sitio en clase.
-Elegir compañero o compañera para trabajo en parejas.
-Elegir grupo de trabajo.
-Elegir temática de trabajo e incluso tareas.
-Sugerir actividades y temáticas de trabajo para la clase.
-Prioridad a la hora de jugar en determinadas zonas del patio.
-Grado de participación en otras actividades desarrolladas en el centro.
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