Una incursión en el mundo de las creencias
En su último libro La vida eterna, Fernando Savater reflexiona sobre la muerte, la religión y el laicismo

Madrid. D.P.S
El filosofo y escritor Fernando Savater acaba de publicar La vida eterna (Ariel),

un ensayo en el que reflexiona sobre la inmortalidad y las creencias religiosas y que responde a una “perplejidad” propia que siempre le ha causado una enorme sorpresa: “¿por qué la gente cree?” y “¿de dónde surge la certeza de creer y de dónde surge todo lo contrario?”
Este catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense considera que “sabemos tan poco sobre estas cosas que no podemos saber nada sobre creencias”. Eso sí, está convencido que en nuestra época “lo que ha entrado en crisis es el concepto de verdad”. También apunta que son las propias religiones las principales valedoras del relativismo, “porque con ellas se pierden los criterios entre lo verdadero y lo falso”.
La vida eterna es una invitación a reflexionar sobre ideas como la muerte, la religión o la vida eterna, pero Savater también nos habla en estas páginas de cuestiones que tienen que ver con las raíces cristianas, el laicismo o la educación cívica. Según su opinión, actualmente “la política, la sociedad o el terrorismo están influenciados por razones religiosas” y pone como ejemplo la eterna discusión sobre la enseñanza de religión católica en la escuela o la más reciente polémica en torno a la nueva asignatura contemplada en la LOE de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. En este sentido, Savater critica la campaña que determinados sectores han orquestado en contra de una materia que considera “imprescindible”. “Algunos partidarios a ultranza de la religión como asignatura en la escuela han iniciado una cruzada contra de la enseñanza de un moral cívica o formación ciudadana”, explica en uno de los pasajes de La vida eterna. “Al oírles parece que los valores de los padres, cualesquiera que sean, han de resultar sagrados mientras que los de la sociedad democrática no pueden explicarse sin incurrir en una manipulación de las mentes poco menos que totalitaria”.

Ciudadanos, no feligreses

Al tiempo se pregunta por los motivos de que todavía exista un Concordato con la Santa Sede, entre otras razones, porque “es un residuo del nacional-catolicismo franquista” y porque “el Vaticano es el único Estado europeo que no respeta los derechos humanos”. Por lo mismo, el autor de Ética para Amador prefiere “una sociedad de ciudadanos que un mundo de feligreses”.
En su nuevo ensayo aborda asimismo la idea del laicismo y rebate “todas las falsedades que se dicen al respecto”. Savater profundiza en la cuestión a través de cinco tesis, una de las cuáles señala que “en la sociedad laica tienen acogida las ideas religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie”. Otra de las premisas que esgrime el filósofo se basa en que las religiones pueden decretar que conductas son pecado para sus creyentes, “pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser considerado legalmente delito”.

 

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