En la presente colaboración, su autora, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, perfila, enfoca y define la figura del coordinador de convivencia, acaso no demasiado bien conocida todavía en el ámbito docente, y expone tanto sus funciones específicas como las posibilidades derivadas de éstas dentro del proceso educativo.

¿Qué son los coordinadores
de convivencia?

Silvina Funes
Profesora de la Universidad Carlos III de Madrid

UÉ  es un coordinador de convi-

vencia? Se trata de un profesor con unas competencias específicas en los temas de convivencia y con una liberación de horario reservada a tales fines, que se encarga tanto de llevar a cabo el plan de convivencia como de coordinar actuaciones y agentes orientados a la consecución de éste. Actúa desde el aula de convivencia, cuyo espacio no está pensado como un castigo al que mandar a aquellos que molestan en clase, sino que sólo se pueden enviar alumnos en los cuales las actuaciones previas de profesores, tutores, compañeros u otros agentes no hubieran dado resultado pero se quiere ayudar, promover un cambio de actitud o gestionar colaborativamente un conflicto. Puede ser una instancia previa, paralela o alternativa al castigo, en la que el coordinador de convivencia es el negociador, facilitador, promotor o  coordinador de las actuaciones. Debe gestionar las actuaciones educativas orientadas y centradas en la convivencia desde la dimensión colaborativa de ésta más que de la punitiva, que sigue siendo responsabilidad del equipo directivo, la Comisión de Convivencia, etc. Su rol es como el de un director de orquesta, que debe buscar la armonía, intentando sacar lo mejor de cada miembro a partir de sus posibilidades en la dimensión específica de sus interrelaciones, a partir de la autoridad y liderazgo que establece el equipo directivo y el ideario que pauta el proyecto educativo respectivo.
Las figuras más próximas y más antiguas vinculadas a los coordinadores de convivencia (en adelante CC), son los coordinadores del equipo de tratamiento de conflictos y mediación, que funcionan en la Comunidad de Madrid y en otras Comunidades Autónomas desde 1998, pero en éstos sus funciones están más acotadas y centradas en organizar dicho equipo. Esta figura también supera -desde el mismo ideario de la mediación- algunos de los límites de ésta, ya que el CC por un lado personaliza la intervención y la ordena, organizando y coordinando las distintas actuaciones, proporcionando, a la vez, adaptabilidad a la intervención por medio de múltiples estrategias y posibilidades. Valga como ejemplo, el tratamiento de los alumnos con problemas de disrupción, conflicto que a priori no es abordable desde la mediación. Por otro lado el CC puede llevar a cabo una acción de tipo compleja, colectiva o de centro así como preventiva, aspectos que no serían asumibles desde los coordinadores del equipo de tratamiento de conflicto y mediación (más que la difusión del modelo o la mediación grupal).
Las experiencias más recientes podemos encontrarlas en Canarias[1], figuras a las que llamaron Tutores de Convivencia, que inician su cuarto año de experiencia y sus funciones serían específicamente las del CC. Han designado a éstos como Tutores, cuya denominación incidiría en los aspectos más educativos que en los organizativos y, de alguna manera, se trataría de una tutoría esporádica, personalizada y acotada al objetivo específico de la misma. Dada la cantidad de distintos tipos de tutoría que van surgiendo, preferimos no denominarle de esta manera, simplemente para no confundir con la gran variedad que proliferan (tutorías compartidas, tutorías individualizadas, co-tutorías, etc.).
También se ha instaurado en el presente curso escolar en Castilla y León, como proyecto piloto en 76 centros. Una diferencia más separa a ambas experiencias: en la primera es una figura que nace de la propia comunidad educativa, aceptada y deseada por ésta; por lo tanto, cuentan con amplio apoyo por parte del profesorado. En la segunda es una figura que viene desde la administración y nombrada desde el propio centro, y que por ello podría en algunos casos crear algún recelo. Pero para contrarrestar este posible riesgo, se estableció que sean CC profesores del propio centro, preferentemente entre miembros de la Comisión de Convivencia, en los que se cumpla el requisito de “disponer de la consideración y el respeto de los integrantes de la comunidad educativa”[2], ser designado por el director y poseer una formación o experiencia específica en fomento de la convivencia, prevención e intervención de conflictos. Todo esto es importante de cara al trabajo posterior para derivar casos, coordinarse y colaborar con ellos.
¿Cuáles son sus funciones? Podemos diferenciar dos grandes niveles de intervención a los que se orientan sus funciones: a nivel de centro y a nivel individual.

Nivel de centro

Es el responsable de llevar a cabo las acciones necesarias para  desarrollar el Plan de Convivencia tanto en su dimensión preventiva como de tratamiento de los conflictos, coordinando y promoviendo la colaboración y la participación de los distintos agentes que intervienen en la comunidad educativa: equipo directivo y de orientación, docentes y no docentes, alumnado y sus familias y otros agentes externos. En cuanto a éstos últimos, cada vez más en los centros confluyen diversidad de agentes externos cuyas funciones, si no están coordinadas y orientadas por los objetivos e intereses del centro, pueden conducir a incompatibilidades o solapamientos: monitores de apoyo escolar y extraescolar, policías locales, mediadores, educadores sociales, de calle, de absentismo, más las acciones de asociaciones, servicios sociales, Físcalía de Menores, Ayuntamientos, Concejalías varias, que son algunos de los colaboradores que aparecen en las instituciones escolares con sus funciones y competencias propias pero que no pueden ignorar el contexto en el que operan y que más allá de los objetivos y funciones que les asignen, no pueden dejar de coordinar su trabajo con el que se lleva a cabo desde el equipo educativo. De manera que el CC puede ser el eslabón entre ambos bloques: centro y agentes externos, tarea habitualmente realizada por Departamentos de Orientación y/o Jefatura de Estudios o equipo directivo en general. Por ello, el centro debe liderar y organizar a todas estas figuras y recursos en un todo coherente y orientado a la consecución de sus propios objetivos, entre los cuales deben determinarse:
·        Diseño: de los objetivos y de las medidas específicas orientadas a la mejora y gestión de la convivencia de centro y que formarán parte del PGA. 
·        Puesta en marcha: distribución y coordinación de tareas y actuaciones entre los distintos miembros orientados a la consecución del plan.
·        Acciones preventivas: promover y favorecer la implantación de un modelo de convivencia basado en el diálogo, el respeto, la colaboración, la participación y el consenso, además de lo que paute el propio ideario de centro en su PEC, lo que conllevará la revisión de prácticas, protocolos, procedimientos (formas de hacer o gestionar la convivencia), del marco protector (formas de pensar o entender la convivencia, normas de aula, RRI, etc.), orientaciones para la tutoría y para el trabajo de aula en la dimensión específica de la convivencia. Promover formación y retroalimentación.
·        Tratamiento de conflictos: coordinación y organización de los equipos de mediación, alumnos ayudantes, etc. Intervención en conflictos grupales, e interculturales.
·        Evaluación: evaluar dicha gestión y elaborar la documentación que la recoja, que formará parte de la Memoria Anual.
Por lo tanto, sintéticamente, podríamos destacar entre las funciones del CC una dimensión administrativa, de gestión, atención y coordinación entre los distintos miembros y grupos de la comunidad educativa de las diversas actuaciones que llevan a cabo, así como la elaboración de la documentación que de ella surja. Y el diseño y evaluación más general del Plan de Convivencia de centro.

Nivel individual

Otro gran bloque orientado a la intervención individualizada es la atención de casos, así como las oportunas actuaciones (derivación, seguimiento, tratamiento, registro, coordinación con otros miembros, etc.) que requiera. Pueden diferenciarse dos grandes líneas: la de la negociación y la de la mediación. En la primera, el CC se constituye en un negociador entre la parte protagonista del conflicto (problemas de disrupción, incumplimiento de normas, etc.) y los intereses y necesidades del centro. En la segunda hace una mediación imparcial y voluntaria entre ambas partes enfrentadas. También puede atender casos de malos tratos en los que tendría que valorar cuál sería la opción más oportuna (derivación a alumnos ayudantes, mediación, método Pikas, círculo de amigos, entrevistas con las familias u otros agentes o derivación a otras instancias no convivenciales, según la gravedad y conveniencia).
En la atención individualizada de casos diferenciaríamos:
-Diagnóstico: recoger la información necesaria y determinar según el caso cuál es la actuación más oportuna.
-Intervención: mediar, si es un conflicto entre dos partes enfrentadas o, para el tratamiento de casos individuales, coordinar acciones entre profesores, compañeros, familias, etc.
-Evaluación y seguimiento: revisar el cumplimiento y los resultados y realizar las modificaciones oportunas.
El CC actúa desde el aula de convivencia, pero para las actuaciones personalizadas ¿qué hace en el aula de convivencia? En lo que se refiere a las intervenciones personalizadas, es un espacio destinado al diálogo y la reflexión personal orientado a la prevención y resolución del conflicto para mejorar las relaciones interpersonales, atender las quejas de los profesores, los alumnos o las familias de forma inmediata, capacitando en habilidades comunicativas y sociales y en estrategias para abordar los conflictos de forma pacífica. Al mismo tiempo, intentará implicar a la familia en la tarea educativa e informar a otros agentes implicados en el caso para coordinar las actuaciones.
Pero también hay que dejar muy claro qué no se hace en el aula de convivencia,  para evitar malos entendidos o expectativas erróneas. Desde el aula de convivencia, en primer lugar, no se pueden solucionar todos los conflictos,  puesto que el CC “no es un mago omnipotente que todo lo transforma” (los alumnos malos se convierten en buenos, los padres no colaboradores, colaboran, etc.) sino que es una persona capacitada en unas competencias específicas en el abordaje constructivo de conflictos y con la disponibilidad para ocuparse de ello. Tampoco el aula de convivencia es para cuidar al alumnado ni recibir a aquel que carezca de información escrita de lo ocurrido. No es para criticar, reprochar, interpretar, ironizar, ni tampoco para sancionar o en general asumir  funciones de otros agentes.
El procedimiento, brevemente, sería el siguiente: una vez que se recibe al alumno es el momento para: comunicarle la incidencia, permitir su desahogo inicial y dejar claro que desde ése ámbito: No se debe mentir u ocultar datos; lo que se habla es confidencial, y la aceptación de la intervención es voluntaria.
Una vez aceptado, se inicia el diálogo reflexivo para provocar la reflexión y el compromiso desde una situación exenta de reproches. Se realizará una serie de preguntas relacionadas con la incidencia mediante una entrevista personal, dando la oportunidad al alumno/a a de que exprese sus razones, sentimientos y reflexione para facilitar el logro de algún compromiso final. Luego se le informa al alumno/a de la tipificación de la falta y su gravedad (según Decreto de Derechos y Deberes del Alumnado y RRI del centro) y de las medidas que se deberían tomar. A partir de allí se trata de desarrollar el pensamiento consecuencial y alternativo, analizando las consecuencias de lo ocurrido, facilitando acciones de restitución, reparación, compensación o reconciliación, que deben concluir con la asunción de un compromiso y en el seguimiento de los acuerdos alcanzados. Lo que se busca es desarrollar una conciencia moral al valorar las consecuencias de sus actos, facilitar acciones de restitución o compensación y evitar la reincidencia. Pero este tipo de intervención exige de implicación y revisión de su cumplimiento.
A partir del diálogo reflexivo mantenido se debe rellenar y firmar su compromiso personal que reflejará: Comportamientos o actitudes que se compromete a tener a partir del momento del acuerdo; actuaciones para enmendar su falta, y medidas que se van a tomar en caso de reiteración de la falta.
Este tipo de contratos sirve para modificar conductas desajustadas e instaurar otras más adecuadas, pero se debe explicitar con precisión y claridad el comportamiento a modificar, la conducta a potenciar y buscar reforzadores potentes que motiven al alumno/a a actuar de otra manera. Luego habrá que planificar procedimientos a seguir, dispensando los premios y castigos y haciendo un registro para el seguimiento, para comprobar su cumplimiento. Todas estas actuaciones requieren mucha coordinación y constancia, ya que se distribuyen responsabilidades con el profesorado y éste debe colaborar activamente. El seguimiento puede ser diario o periódico, y en relación con todas, varias o un área, así como si se trata de la supervisión periódica de una conducta concreta (en caso de conflictos interpersonales).
En algunos casos también se debe informar y promover la colaboración de las familias, para que acompañen y refuercen este proceso. Por otro lado, este tipo de actuación puede hacerse también con grupos que tengan conflictos, en cuyo caso los pasos a seguir serían los mismos. También comentar que para que llegue el caso al CC será necesaria una actuación escalonada, para no invadir competencias, por lo que en primer lugar el caso lo detectaría y llevaría a cabo la primera actuación el profesorado de área o de guardia, posteriormente intervendría el tutor/a de grupo y luego el caso pasaría al CC. En función de la situación, el CC realizaría las acciones pertinentes y de ser necesario ir más allá, podría pasar a Jefatura de Estudios, Dirección, Departamento de Orientación, Comisión de Convivencia y/u otras instancias. 
Por último, destacar que el CC podría ser la figura que potencie y garantice un buen clima de centro y ordenar, dar coherencia y racionalidad a la situación cuya respuesta se ha venido improvisando desde hace algunos años, en los que se ha constatado que no siempre el alumnado obedece y asume sus responsabilidades y respeta las normas y a los distintos miembros de la comunidad educativa, ni en muchas ocasiones las familias acompañan en este proceso y, lo que es peor aún, ni siquiera el profesorado trabaja en una misma línea y siguiendo los mismo objetivos. De allí la necesidad de invertir en este nuevo camino.
sfunes@polsoc.uc3m.es


[1] IES Eusebio Barreto Lorenzo (La Palma).

[2] El Fomento de la convivencia escolar en Castilla y León. Documento de la Dirección General de Coordinación, Inspección y Programas educativos de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León (p.5).

 

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