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vencia?
Se trata de un profesor con unas competencias específicas en los temas
de convivencia y con una liberación de horario reservada a tales fines,
que se encarga tanto de llevar a cabo el plan de convivencia como de coordinar
actuaciones y agentes orientados a la consecución de éste. Actúa desde
el aula de convivencia, cuyo espacio no está pensado como un castigo al
que mandar a aquellos que molestan en clase, sino que sólo se pueden
enviar alumnos en los cuales las actuaciones previas de profesores, tutores,
compañeros u otros agentes no hubieran dado resultado pero se quiere ayudar,
promover un cambio de actitud o gestionar colaborativamente un conflicto.
Puede ser una instancia previa, paralela o alternativa al castigo, en
la que el coordinador de convivencia es el negociador, facilitador, promotor
o coordinador de las actuaciones. Debe gestionar las actuaciones educativas
orientadas y centradas en la convivencia desde la dimensión colaborativa
de ésta más que de la punitiva, que sigue siendo responsabilidad del equipo
directivo, la Comisión de Convivencia, etc. Su rol es como el de un director
de orquesta, que debe buscar la armonía, intentando sacar lo mejor
de cada miembro a partir de sus posibilidades en la dimensión específica
de sus interrelaciones, a partir de la autoridad y liderazgo que establece
el equipo directivo y el ideario que pauta el proyecto educativo respectivo.
Las figuras
más próximas y más antiguas vinculadas a los coordinadores de convivencia
(en adelante CC), son los coordinadores del equipo de tratamiento de conflictos
y mediación, que funcionan en la Comunidad de Madrid y en otras Comunidades
Autónomas desde 1998, pero en éstos sus funciones están más acotadas y
centradas en organizar dicho equipo. Esta figura también supera -desde
el mismo ideario de la mediación- algunos de los límites de ésta, ya que
el CC por un lado personaliza la intervención y la ordena, organizando
y coordinando las distintas actuaciones, proporcionando, a la vez, adaptabilidad
a la intervención por medio de múltiples estrategias y posibilidades.
Valga como ejemplo, el tratamiento de los alumnos con problemas de disrupción,
conflicto que a priori no es abordable desde la mediación. Por otro lado
el CC puede llevar a cabo una acción de tipo compleja, colectiva o de
centro así como preventiva, aspectos que no serían asumibles desde los
coordinadores del equipo de tratamiento de conflicto y mediación (más
que la difusión del modelo o la mediación grupal).
Las experiencias
más recientes podemos encontrarlas en Canarias[1],
figuras a las que llamaron Tutores de Convivencia, que inician su cuarto
año de experiencia y sus funciones serían específicamente las del CC.
Han designado a éstos como Tutores, cuya denominación incidiría en los
aspectos más educativos que en los organizativos y, de alguna manera,
se trataría de una tutoría esporádica, personalizada y acotada al objetivo
específico de la misma. Dada la cantidad de distintos tipos de tutoría
que van surgiendo, preferimos no denominarle de esta manera, simplemente
para no confundir con la gran variedad que proliferan (tutorías compartidas,
tutorías individualizadas, co-tutorías, etc.).
También se
ha instaurado en el presente curso escolar en Castilla y León, como proyecto
piloto en 76 centros. Una diferencia más separa a ambas experiencias:
en la primera es una figura que nace de la propia comunidad educativa,
aceptada y deseada por ésta; por lo tanto, cuentan con amplio apoyo por
parte del profesorado. En la segunda es una figura que viene desde la
administración y nombrada desde el propio centro, y que por ello podría
en algunos casos crear algún recelo. Pero para contrarrestar este posible
riesgo, se estableció que sean CC profesores del propio centro, preferentemente
entre miembros de la Comisión de Convivencia, en los que se cumpla el
requisito de “disponer de la consideración y el respeto de los integrantes
de la comunidad educativa”[2], ser designado por
el director y poseer una formación o experiencia específica en fomento
de la convivencia, prevención e intervención de conflictos. Todo esto
es importante de cara al trabajo posterior para derivar casos, coordinarse
y colaborar con ellos.
¿Cuáles son
sus funciones? Podemos diferenciar dos grandes niveles de intervención
a los que se orientan sus funciones: a nivel de centro y a nivel individual.
Nivel
de centro
Es
el responsable de llevar a cabo las acciones necesarias para desarrollar
el Plan de Convivencia tanto en su dimensión preventiva como de tratamiento
de los conflictos, coordinando y promoviendo la colaboración y la participación
de los distintos agentes que intervienen en la comunidad educativa: equipo
directivo y de orientación, docentes y no docentes, alumnado y sus familias
y otros agentes externos. En cuanto a éstos últimos, cada vez más en los
centros confluyen diversidad de agentes externos cuyas funciones, si no
están coordinadas y orientadas por los objetivos e intereses del centro,
pueden conducir a incompatibilidades o solapamientos: monitores de apoyo
escolar y extraescolar, policías locales, mediadores, educadores sociales,
de calle, de absentismo, más las acciones de asociaciones, servicios sociales,
Físcalía de Menores, Ayuntamientos, Concejalías varias, que son algunos
de los colaboradores que aparecen en las instituciones escolares con sus
funciones y competencias propias pero que no pueden ignorar el contexto
en el que operan y que más allá de los objetivos y funciones que les asignen,
no pueden dejar de coordinar su trabajo con el que se lleva a cabo desde
el equipo educativo. De manera que el CC puede ser el eslabón entre ambos
bloques: centro y agentes externos, tarea habitualmente realizada por
Departamentos de Orientación y/o Jefatura de Estudios o equipo directivo
en general. Por ello, el centro debe liderar y organizar a todas estas
figuras y recursos en un todo coherente y orientado a la consecución de
sus propios objetivos, entre los cuales deben determinarse:
·
Diseño: de los objetivos y de las medidas específicas orientadas
a la mejora y gestión de la convivencia de centro y que formarán parte
del PGA.
·
Puesta en marcha: distribución y coordinación de tareas
y actuaciones entre los distintos miembros orientados a la consecución
del plan.
·
Acciones preventivas: promover y favorecer la implantación
de un modelo de convivencia basado en el diálogo, el respeto, la colaboración,
la participación y el consenso, además de lo que paute el propio
ideario de centro en su PEC, lo que conllevará la revisión de prácticas,
protocolos, procedimientos (formas de hacer o gestionar la convivencia),
del marco protector (formas de pensar o entender la convivencia, normas
de aula, RRI, etc.), orientaciones para la tutoría y para el trabajo de
aula en la dimensión específica de la convivencia. Promover formación
y retroalimentación.
·
Tratamiento de conflictos: coordinación y organización de
los equipos de mediación, alumnos ayudantes, etc. Intervención en conflictos
grupales, e interculturales.
·
Evaluación: evaluar dicha gestión y elaborar la documentación
que la recoja, que formará parte de la Memoria Anual.
Por lo tanto,
sintéticamente, podríamos destacar entre las funciones del CC una dimensión
administrativa, de gestión, atención y coordinación entre los distintos
miembros y grupos de la comunidad educativa de las diversas actuaciones
que llevan a cabo, así como la elaboración de la documentación que de
ella surja. Y el diseño y evaluación más general del Plan de Convivencia
de centro.
Nivel
individual
Otro
gran bloque orientado a la intervención individualizada es la atención
de casos, así como las oportunas actuaciones (derivación, seguimiento,
tratamiento, registro, coordinación con otros miembros, etc.) que requiera.
Pueden diferenciarse dos grandes líneas: la de la negociación y la de
la mediación. En la primera, el CC se constituye en un negociador entre
la parte protagonista del conflicto (problemas de disrupción, incumplimiento
de normas, etc.) y los intereses y necesidades del centro. En la segunda
hace una mediación imparcial y voluntaria entre ambas partes enfrentadas.
También puede atender casos de malos tratos en los que tendría que valorar
cuál sería la opción más oportuna (derivación a alumnos ayudantes, mediación,
método Pikas, círculo de amigos, entrevistas con las familias u otros
agentes o derivación a otras instancias no convivenciales, según la gravedad
y conveniencia).
En la atención
individualizada de casos diferenciaríamos:
-Diagnóstico:
recoger la información necesaria y determinar según el caso cuál es la
actuación más oportuna.
-Intervención:
mediar, si es un conflicto entre dos partes enfrentadas o, para el tratamiento
de casos individuales, coordinar acciones entre profesores, compañeros,
familias, etc.
-Evaluación
y seguimiento: revisar el cumplimiento y los resultados y realizar las
modificaciones oportunas.
El CC actúa
desde el aula de convivencia, pero para las actuaciones personalizadas
¿qué hace en el aula de convivencia? En lo que se refiere a las intervenciones
personalizadas, es un espacio destinado al diálogo y la reflexión personal
orientado a la prevención y resolución del conflicto para mejorar las
relaciones interpersonales, atender las quejas de los profesores, los
alumnos o las familias de forma inmediata, capacitando en habilidades
comunicativas y sociales y en estrategias para abordar los conflictos
de forma pacífica. Al mismo tiempo, intentará implicar a la familia en
la tarea educativa e informar a otros agentes implicados en el caso para
coordinar las actuaciones.
Pero también
hay que dejar muy claro qué no se hace en el aula de convivencia, para
evitar malos entendidos o expectativas erróneas. Desde el aula de convivencia,
en primer lugar, no se pueden solucionar todos los conflictos, puesto
que el CC “no es un mago omnipotente que todo lo transforma” (los alumnos
malos se convierten en buenos, los padres no colaboradores,
colaboran, etc.) sino que es una persona capacitada en unas competencias
específicas en el abordaje constructivo de conflictos y con la disponibilidad
para ocuparse de ello. Tampoco el aula de convivencia es para cuidar al
alumnado ni recibir a aquel que carezca de información escrita de lo ocurrido.
No es para criticar, reprochar, interpretar, ironizar, ni tampoco para
sancionar o en general asumir funciones de otros agentes.
El procedimiento,
brevemente, sería el siguiente: una vez que se recibe al alumno es el
momento para: comunicarle la incidencia, permitir su desahogo inicial
y dejar claro que desde ése ámbito: No se debe mentir u ocultar datos;
lo que se habla es confidencial, y la aceptación de la intervención es
voluntaria.
Una vez aceptado,
se inicia el diálogo reflexivo para provocar la reflexión y el compromiso
desde una situación exenta de reproches. Se realizará una serie de preguntas
relacionadas con la incidencia mediante una entrevista personal, dando
la oportunidad al alumno/a a de que exprese sus razones, sentimientos
y reflexione para facilitar el logro de algún compromiso final. Luego
se le informa al alumno/a de la tipificación de la falta y su gravedad
(según Decreto de Derechos y Deberes del Alumnado y RRI del centro) y
de las medidas que se deberían tomar. A partir de allí se trata de desarrollar
el pensamiento consecuencial y alternativo, analizando las consecuencias
de lo ocurrido, facilitando acciones de restitución, reparación, compensación
o reconciliación, que deben concluir con la asunción de un compromiso
y en el seguimiento de los acuerdos alcanzados. Lo que se busca es desarrollar
una conciencia moral al valorar las consecuencias de sus actos, facilitar
acciones de restitución o compensación y evitar la reincidencia. Pero este tipo de intervención exige de implicación y revisión
de su cumplimiento.
A partir del
diálogo reflexivo mantenido se debe rellenar y firmar su compromiso personal
que reflejará: Comportamientos o actitudes que se compromete a tener a
partir del momento del acuerdo; actuaciones para enmendar su falta, y
medidas que se van a tomar en caso de reiteración de la falta.
Este tipo de
contratos sirve para modificar conductas desajustadas e instaurar otras
más adecuadas, pero se debe explicitar con precisión y claridad el comportamiento
a modificar, la conducta a potenciar y buscar reforzadores potentes que
motiven al alumno/a a actuar de otra manera. Luego habrá que planificar
procedimientos a seguir, dispensando los premios y castigos y haciendo
un registro para el seguimiento, para comprobar su cumplimiento. Todas
estas actuaciones requieren mucha coordinación y constancia, ya que se
distribuyen responsabilidades con el profesorado y éste debe colaborar
activamente. El seguimiento puede ser diario o periódico, y en relación
con todas, varias o un área, así como si se trata de la supervisión periódica
de una conducta concreta (en caso de conflictos interpersonales).
En algunos
casos también se debe informar y promover la colaboración de las familias,
para que acompañen y refuercen este proceso. Por otro lado, este tipo
de actuación puede hacerse también con grupos que tengan conflictos, en
cuyo caso los pasos a seguir serían los mismos. También comentar que para
que llegue el caso al CC será necesaria una actuación escalonada, para
no invadir competencias, por lo que en primer lugar el caso lo detectaría
y llevaría a cabo la primera actuación el profesorado de área o de guardia,
posteriormente intervendría el tutor/a de grupo y luego el caso pasaría
al CC. En función de la situación, el CC realizaría las acciones pertinentes
y de ser necesario ir más allá, podría pasar a Jefatura de Estudios, Dirección,
Departamento de Orientación, Comisión de Convivencia y/u otras instancias.
Por último,
destacar que el CC podría ser la figura que potencie y garantice un buen
clima de centro y ordenar, dar coherencia y racionalidad a la situación
cuya respuesta se ha venido improvisando desde hace algunos años, en los
que se ha constatado que no siempre el alumnado obedece y asume sus responsabilidades
y respeta las normas y a los distintos miembros de la comunidad educativa,
ni en muchas ocasiones las familias acompañan en este proceso y, lo que
es peor aún, ni siquiera el profesorado trabaja en una misma línea y siguiendo
los mismo objetivos. De allí la necesidad de invertir en este nuevo camino.
sfunes@polsoc.uc3m.es
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