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Madrid.
La publicación del informe Un panorama del bienestar
infantil en los países ricos es el séptimo número de una serie titulada
“Innocenti Report Cards” (Boletines de Clasificaciones Innocenti), cuyo
objetivo es evaluar y comparar en qué medida los países de la OCDE cubren
las necesidades de sus niños. El informe se encuentra a disposición de
los interesados en la dirección web: www.unicef.es .
“El bienestar de los niños y niñas de un país va más
allá de los índices globales de nutrición y vacunaciones -se apunta en
la presentación del estudio- y factores como el tiempo que pasan hablando
cada día con sus padres, la cantidad de libros que leen o el modo en que
los propios niños se sienten influyen en sus posibilidades de desarrollo”.
Estas dimensiones, que miden la calidad de vida y el bienestar de la infancia
más allá de la pobreza y la necesidad, forman parte del estudio realizado
por UNICEF.
Los
171 millones de niños y niñas a los que representa este estudio viven
en países donde el acceso al agua potable y a sistemas de saneamiento
adecuado son universales, donde el 100% de los niños y niñas reciben educación
básica y donde muchas de las enfermedades que amenazan la supervivencia
infantil en el mundo han sido erradicadas o controladas. Sin embargo estas
no son, por sí solas, garantías de bienestar infantil. Los niños y niñas
en los países ricos se enfrentan a problemas que pueden no llegar a amenazar
su supervivencia, pero que sí pueden afectar a su desarrollo.
El estudio,
con datos relativos a 21 países de la OCDE, analiza varias dimensiones
de bienestar infantil, correspondientes a seis dimensiones establecidas
en la Convención de los Derechos del Niño (Artículo 27), que expone el
derecho de los niños y las niñas a un estándar de vida adecuado a su desarrollo,
salud, educación, participación, derecho a ser escuchado y a crecer en
un entorno familiar.
Seis
dimensiones
En
concreto, las dimensiones estudiadas en el informe son:
Bienestar material:
Nueve países del norte de Europa han conseguido situar los índices de
pobreza infantil relativa por debajo del 10%. Mientras, la pobreza relativa
continúa por encima del 15% en tres países del sur de Europa (Portugal,
España e Italia) y en tres países anglosajones (Estados Unidos, Reino
Unido e Irlanda).
Salud y seguridad: Aproximadamente
3.500 menores de 15 años mueren cada año en países de la OCDE a causa
del maltrato, el abuso físico y el abandono. Los accidentes de tráfico,
las muertes por ahogamiento, caídas, incendios y envenenamientos elevan
esta cifra a más de 20.000 muertes infantiles anuales.
Bienestar educativo: Cuatro
países del sur de Europa (Grecia, Italia, España y Portugal) ocupan los
cuatro últimos puestos de la clasificación. Los niños que han abandonado
el colegio y que no están trabajando o en formación, tienen un mayor riesgo
de exclusión o marginación, un resultado preocupante para los países al
final de la tabla
Relaciones familiares y entre iguales:
Las relaciones con familia y amigos son muy importantes para los niños
en el aquí y el ahora, y son también importantes para el desarrollo emocional
y psicológico a largo plazo
Conductas y riesgos:
Los porcentajes de menores que se han emborrachado alguna vez, que consumen
tabaco o cannabis, así como los así como los que se han visto involucrados
en peleas o han sufrido acoso, varían mucho de unos países a otros.
Bienestar subjetivo:
La valoración que los propios niños y adolescentes hacen de su bienestar
es más alta en los Países Bajos, España y Grecia y claramente más baja
en Polonia y el Reino Unido. Hay una ligera tendencia a una menor satisfacción
vital entre los jóvenes de 11 a 15 años, particularmente en el caso de
las niñas.
España, promediando
las seis dimensiones analizadas en el informe, ocupa la posición 5ª en
la tabla de bienestar infantil, tras los Países Bajos, Suecia, Dinamarca
y Finlandia, mientras que Estados Unidos y Reino Unido ocupan los últimos
puestos. Nuestro país ocupa en la dimensión específica de “bienestar material”
el puesto 12; la posición 6 en la dimensión de “salud y seguridad”; en
“bienestar educativo” el puesto 15 (Bélgica encabeza esta dimensión);
en “relaciones familiares y entre iguales”, el puesto 8; la posición 5
en “conductas y riesgos” y, finalmente, en la dimensión de “bienestar
subjetivo”, la segunda posición, tras los Países Bajos.
Puntos
clave
El
informe pone de manifiesto que la mayoría de los países podrían mejorar
sus actuaciones en cuanto a las necesidades y protección de derechos de
los más jóvenes, y pretende estimular y propiciar un debate a nivel nacional
acerca de los datos obtenidos, recordando la necesidad de que los gobiernos
supervisen y evalúen el bienestar infantil y juvenil con mayor regularidad
y de una manera más exhaustiva.
Los Países
Bajos encabezan la tabla de bienestar infantil general, al estar entre
los 10 primeros países en las seis dimensiones de bienestar infantil cubiertas
por el informe.
Un dato significativo
del estudio es que los países europeos dominan la mitad alta de la tabla
clasificatoria general, con los países del norte de Europa situados en
los cuatro primeros puestos. Todos los países tienen puntos débiles que
deben abordar y ningún país figura en el tercio superior de las clasificaciones
para las seis dimensiones de bienestar infantil, aunque los Países Bajos
y Suecia están cerca de lograrlo.
No menos significativo
resulta que el Reino Unido y los Estados Unidos se sitúan en el tercio
inferior de las clasificaciones de cinco de las seis dimensiones revisadas.
Ninguna dimensión
de bienestar puede por sí sola considerarse una medida indirecta fiable
del bienestar infantil en conjunto, y varios países de la OCDE se encuentran
en clasificaciones marcadamente diferentes para distintas dimensiones
de bienestar infantil.
Por otra parte,
no existe una correlación evidente entre los niveles de bienestar infantil
y el PIB. La República Checa, por ejemplo, alcanza una posición general
de bienestar infantil más alta que muchos países más ricos, como Francia,
Austria, los Estados Unidos y el Reino Unido.
Existen relaciones
significativas entre algunas de las dimensiones escogidas. La pobreza,
por ejemplo, afecta a muchos aspectos del bienestar infantil en numerosas
formas bien documentadas. A este respecto, en el informe se precisa que
“sobre todo cuando es prolongada, se ha demostrado que la pobreza tiene
un efecto en la salud del niño, su desarrollo cognitivo, su rendimiento
escolar, sus aspiraciones, sus percepciones sobre sí mismo, sus relaciones,
sus conductas de riesgo y sus perspectivas de empleo”.
Resulta interesante
asimismo uno de los puntos esgrimidos en las conclusiones del informe,
en el que se afirma que “todos los hogares de los países de la OCDE son
hoy conscientes de que la infancia está siendo influida por fuerzas cuya
motivación no es necesariamente el interés superior del niño; al mismo
tiempo, los países de la OCDE están adquiriendo la conciencia de que muchos
de los corrosivos problemas sociales que afectan a la calidad de vida,
tiene su origen en la cambiante ecología de la infancia. Son muchos, por
tanto, quienes piensan que ha llegado el momento de intentar recobrar
un grado de comprensión, control y dirección sobre lo que les está sucediendo
a sus hijos en sus años más vitales y vulnerables”.
Bienestar
educativo
En
relación con la dimensión de bienestar educativo, Finlandia, Canadá, Australia
y Japón encabezan la tabla, mientras que cuatro países de Europa meridional,
Grecia, Italia, España y Portugal, ocupan los últimos cuatro puestos.
Por otra parte, Noruega y Dinamarca, que destacan habitualmente en las
tablas clasificatorias de indicadores sociales, se encuentran en los puestos
18 y 19, respectivamente. La República Checa se sitúa cómodamente por
encima de la mayoría de los países de la OCDE, entre ellos muchos de sus
vecinos europeos más grandes y ricos.
Idealmente,
un análisis del bienestar educativo debería incluir también alguna medida
del grado en que los diferentes países de la OCDE previenen que los alumnos
con bajo rendimiento desciendan demasiado por debajo del nivel
medio de rendimiento. Este fue unos de los temas abordados por el informe
Report Card nº 4 (2002) que encontró amplias diferencias en las
desventajas educativas entre los países de la OCDE. El mismo estudio señalaba
también que los altos niveles absolutos de rendimiento académico no son
incompatibles con bajos niveles de desventajas relativas; es decir, los
mejores sistemas educativos permiten que los alumnos con alto rendimiento
alcancen su pleno potencial sin propiciar que los demás se sitúen demasiado
lejos de éstos.
Uno de los
componentes seleccionados para representar el bienestar educativo es el
modo en que los jóvenes resuelven la transición desde la educación al
empleo, que depende no sólo de las competencias y calificaciones adquiridas
en la escuela sino también de la formación y las oportunidades de empleo
disponibles posteriormente. En el informe se han elegido dos indicadores
complementarios para representar mejor esta transición. El primero es
el porcentaje de jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y los 19
años en cada país, que no se encuentran en una situación de recibir educación,
empleo o formación , y el segundo es el porcentaje de jóvenes en cada
país que, cuando se les pregunta ‘¿qué tipo de trabajo esperan tener cuando
tengan 30 años?’, respondieron que un empleo que requiriera un bajo nivel
de competencias.
Las personas
que abandonan la escolarización y no están recibiendo formación ni tienen
empleo, están claramente en mayor riesgo de exclusión o marginación, según
se señala en el estudio. En países como Francia, Alemania y el Reino Unido,
la proporción de jóvenes que no esperan acceder a trabajos por encima
de un bajo nivel de competencias es de más del 30%, mientras que en los
Estados Unidos, es inferior al 15%.
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