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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ.
El Patronato
de Misiones Pedagógicas fue creado por un decreto del Gobierno de la Segunda
República el 29 de mayo de 1931. Su principal objetivo era, según recogía
el preámbulo, llevar a gentes, “con preferencia a las que habitan en localidades
rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en él, en sus
estímulos morales y en los ejemplos del avance universal, de modo que los
pueblos todos de España, aun los apartados”, participasen de “las ventajas
y goces nobles reservados hoy a los centros urbanos”. Para la asig- |
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nación
de una misión a una determinada localidad era necesario que ésta realizase
una propuesta acompañada de un informe que recogiera datos sobre la geografía,
economía, distribución de la población, situación cultural y escolar,
ambiente social, comunicaciones, itinerario posible y cualquier otra peculiaridad
de la comarca que pudiera ser útil para la organización de la futura misión.
Pocos meses después de su puesta en marcha se dispararon las solicitudes
y el Patronato tuvo que llevar a cabo una rigurosa selección que primaba
los pueblos más pequeños y aislados.
Sus habitantes,
encerrados en el mundo limitado de su difícil supervivencia serían los
receptores privilegiados de una idea que Francisco Giner de los Ríos y
Manuel Bartolomé Cossío habían propuesto desarrollar a los distintos Gobiernos
de la Restauración casi desde la fundación de la Institución Libre de
Enseñanza, en 1876: para transformar España en una república democrática,
basada en la soberanía popular, era necesario salvar la distancia que
existía entre las ciudades, que disfrutaban de un mejor acceso a la cultura,
y un campesinado sumido en el aislamiento y ajeno a los cambios que se
estaban produciendo en el mundo.
Cultura
viva
La
Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, en el setenta y cinco
aniversario de su creación, trae a nuestra actualidad el sustrato que
soporta al singular hecho cultural y educativo institucional que llegó
a ser el proyecto Misiones pedagógicas. Con apoyo de la Fundación Francisco
Giner de los Ríos, la Residencia de Estudiantes y el Ayuntamiento de Madrid
–en cuyo Centro Cultural Conde Duque se exhibe hasta el próximo 11 de
marzo- y con la dirección del profesor de Historia de la Educación, Eugenio
Otero Urdaza, sintetiza en la muestra Las Misiones pedagógicas 1931-1936
el rico, profundo y democrático viaje que, desde 1931 a 1936, realizaron
grupos de jóvenes intelectuales, artistas, escritores, inspectores de
enseñanza primaria y maestros por los lugares más lejanos de la geografía
española portando su Museo Pedagógico Nacional, el Museo Circulante, El
Coro y el teatro del Pueblo y Retablo de Fantoches , el Servicio de Cine
y Proyecciones Fijas, el Servicio de Música, el Servicio de Bibliotecas
y demás actividades de las Misiones.
Manuscritos,
cartas, expedientes, fotografías, una selección de cuadros de integraban
el Museo del pueblo –y que son copia de obras maestras del Museo del Prado
y la Academia de Bellas Artes de San Fernando de grandes artistas como
Velásquez, El Greco, Murillo o Goya, realizadas por los jóvenes artistas
Ramón Gaya, Juan Bonafé y Eduardo Vicente, entre otros-, obra gráfica
de los participantes en las Misiones; filmaciones originales, música grabada
en el contexto misionero, gramófonos, discos de pizarra, cámaras de cine...
además de la recreación de un aula rural de los años treinta, con una
biblioteca de Misiones Pedagógicas, el Retablo de Fantoches –donde se
representa La doncella guerrera, una pieza escrita por Rafael Dieste
para el guiñol de las Misiones-, una sala de cine –en la que se proyectan
documentales de época y una película de Chaplín, como en las sesiones
de las Misiones Pedagógicas- y una sala del Museo del Pueblo, recrean,
recuerdan y vuelven a validar una vez más el cariz y la materia con las
que se fraguó esta apuesta.
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