Una muestra indaga sobre las aportaciones en ingeniería y arquitectura que España realizó en este mar a lo largo de tres siglos

Proyecto: El Mediterráneo

Espacio para expandirse económicamente, para dirimir quién debe detectar el poder entre naciones y, afortunadamente, para civilizar: España en el Mediterráneo. La construcción del espacio, la muestra que estos días acoge la Biblioteca Nacional, argumenta con pruebas documentales cómo la Corona de Aragón y la Monarquía Hispánica contribuyeron a desarrollar y homogeneizar el variado mundo mediterráneo.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Resumen del significado que ha tenido España en el Mediterráneo, desde finales del siglo XV a principios del XVIII, y recordatorio de cuánto ha simbolizado el Mediterráneo para el poder español; exposición del rico bagaje de libros, estampas, textos manuscritos, planos, magníficos mapas grabados o manuscritos que sobre esta materia custodia la Biblioteca Nacional; y, sin duda, espléndida propuesta de repensar cómo sólo una actitud valientemente civilizadora construye un espacio seguro y fértil en su diversidad: el amplio registro concentrado en el recorrido España en el Mediterráneo. La construcción del espacio sitúa al espectador ante esa parcela de la realidad escasamente divulgada y que es, ahora y siempre, el basamento donde se apoyan iniciativas económicas, políticas y culturales.
“Durante esa época -afirma Magdalena Álvarez Arza, ministra de Fomento, en el catálogo de la muestra- se realizan aportaciones que siguen marcando hoy la región y el papel de nuestro país en ella: supuso el acercamiento a los territorios de Italia y del norte de África, con la consecuencia de un reforzamiento de las vías terrestres de comunicación; los puertos costeros y las vías marítimas permitieron el acercamiento comercial a Sicilia y Nápoles, y las grandes ciudades del Mediterráneo se erigieron como núcleos de una nueva escenificación política. Se diseñó, con todo ello, una región moderna y modélica, un ejemplo de ordenación territorial al que España contribuyó decisivamente.”

Paso obligado

El Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas, el Centro de Estudios Históricos de Obras Públicas y Urbanismo y el Ministerio de Fomento son los responsables de esta mirada a la historia que, bajo la rigurosa dirección del comisario Miguel Aguiló, aporta datos e imágenes novedosos a través de un seductor montaje que incluye casi 180 piezas entre maquetas, planos, mapas, manuscritos, pergaminos, grabados, litografías, cartones, óleos, medallas, muebles, libros, tratados y otros objetos que ejemplifican cómo la ingeniería, la construcción y el urbanismo fueron fundamentales para el desarrollo de la concepción del Mediterráneo como espacio común, a pesar del difícil y, a veces, cruento encuentro que los distintos poderes de la cuenca tuvieron durante estos siglos.
“La expansión de la Corona de Aragón primero y de la Monarquía hispánica después –afirmaba en la presentación de la muestra Miguel Aguiló- supuso una relación, conflictiva a veces, pacífica otras, con el mundo cultural y político italiano por un lado y con el adversario turco y berberisco por otro, junto a la permanente rivalidad con Francia. El Mediterráneo era el paso obligado para Europa, y no se puede pensar en él sin hacerlo en el espacio global europeo”.

Grandes puertos

Contando con el apoyo documental de una Biblioteca Nacional, que no sólo preserva obras de contenido literario o humanístico sino que también guarda tesoros cartográficos y manuales científicos o técnicos imprescindibles para escribir la historia de la arquitectura o la ingeniería, y con préstamos procedentes de más de cuarenta archivos y museos españoles y extranjeros, entre los que están el Prado, Louvre o el Capodimonte, la muestra España en el Mediterráneo, La construcción del espacio refleja artística y documentalmente temas como Aragoneses y castellanos en el Mediterráneo;  Los grandes puertos septentrionales: Barcelona y Génova; El Milanesado y Cataluña. Pasos terrestres en el Mediterráneo norte; El Levante peninsular, las islas Baleares y Cerdeña; El estrecho de Gibraltar. Andalucía, Cartagena y Berbería; Los protagonistas del acción: gobernantes y técnicos; La frontera del Mediterráneo occidental. Túnez, Malta y Sicilia y El reino de Nápoles, “la joya de la Corona”.
La argumentación de esta tesis de una España civilizadora del Mare Nostrum la soportan cincuenta y nueve planos levantados a mano, datados entre los siglos XVI al XVIII, 24 grabados, litografías y cartones, 3 pergaminos, 26 pinturas al óleo, 15 maquetas antiguas o de nueva factura, 23 objetos entre los que se encuentran instrumentos topográficos, muebles decorados con motivos relacionados con la exposición, medallas, 8 libros impresos y Tratados. Entre todas esas piezas se reconstruyen tres siglos en los que se abrieron nuevas vías de comunicación; se replantearon ciudades, se construyeron puertos, lonjas, palacios, hospitales, castillos, fortalezas o arsenales y se establecieron canales marítimos que permitieran un nuevo acercamiento político, cultural y económico.

 

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