Noticias desde España

El Instituto Cervantes recuerda a los grandes corresponsales de
prensa  que difundieron la contienda civil en el mundo

Un gran suceso que conmovió el escenario europeo y que despertó sentimientos de extrema solidaridad entre aquellos que ejercieron su profesión periodística es el trasfondo de la especial muestra que estos días exhibe el Instituto Cervantes en
Madrid: Corresponsales en la Guerra de España, 1936-1939, memoria, explicación y reconocimiento de una forma honesta de comunicar.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
10 de agosto de 1936: “Después de atravesar algunos de los esplendorosos salones del magnífico palacio que tiene en lo alto de su escalinata tres garzas maravillosas, esculpidas en alabastro, nos introdujeron en el despacho del general Franco. Éste nos recibe de pie, avanzando hacia nosotros, con una sonrisa en su rostro tostado por el sol africano. El color de su uniforme de campaña, su estatura, la increíble diferencia que hay entre su simpatía radiante y el aspecto duro de sus fotografías, nos hacen recordar a otro dictador con quien tuvimos el honor de hablar: Hitler, quien, siendo un sencillo obrero y soldado, ha realizado en su patria una obra idéntica a la que este ilustre general empieza ahora en España.
El general Franco es un hombre de estatura normal, de rostro afeitado y frente alta. Sobre el uniforme lleva una sencilla insignia de San Fernando.
Comenzó diciéndonos que tiene mucho gusto en hablar con un periodista portugués.
-Si esta entrevista no se ha realizado hace más horas, ha sido porque ayer y hoy he tenido un trabajo enorme: instalación del cuartel general, modificaciones en los comandos, recepción de informaciones de las diferentes zonas que ocupamos o donde combatimos, instrucciones para las operaciones militares que tenemos que realizar, etcétera”. 
Primera entrega de la fisonomía, el carácter, la actitud y el ejercicio del poder de uno de los militares que han puesto en jaque a la República española: entrevista de Felix Correia al que piensa en ciernes como autoridad máxima del ejército sublevado: visión extraordinaria de aquellos primeros días de la Guerra Civil.

Ríos de tinta

Manual vivo de la historia de España y radiante muestrario del mejor y más comprometido periodismo internacional, la muestra Corresponsales en la guerra de España, que estos días acoge la nueva sede del Instituto Cervantes en Madrid, expresa una amplia, rica y sorprendente nueva mirada al drama que fue nuestra guerra civil. Un acceso, no sólo al hecho histórico, a la ciudadanía, a la atmósfera y a aquellos personajes más significados del proceso sino por vez primera de forma específica a las voces que divulgaron en Europa y los EEUU el extraordinario escenario que era la España antesala del segundo gran conflicto mundial.
A la llamada de España acudieron varios centenares de periodistas o voluntarios que ejercieron en algún momento tareas informativas. Los grandes periódicos y revistas del mundo enviaron a sus mejores profesionales a un conflicto en el que se dilucidaba el modelo ideológico y político que habría de ahormar un futuro que tan incierto se presentaba a mediados de los años treinta –recordó el comisario de la muestra, Carlos Santa Cecilia, en su inauguración- Muy pocos quedaron al margen de uno de los dos bandos; ninguno dejó de reflejar la tragedia española. Se escribieron poemas, reportajes, folletos y novelas, se rodaron películas, se tomaron fotografías y se pintaron los horrores de la guerra. Corrieron, sin duda, ríos de tinta. 

Pluralidad ideológica

La exposición, coproducida por el Instituto Cervantes y la Fundación Pablo Iglesias, recoge una selección de treinta crónicas originales que reflejan la realidad de la situación bélica desde distintos ángulos ideológicos aunque siempre, ese era el interés de los organizadores, desde una perspectiva directa y peculiar. Aquí están Ernest Hemingway, George Orwell, Antoine de Saint-Exupéry, John Dos Passos y Mijail Koltsov, Jay Allen, Harold G. Cardoso o G.L. Steer, entre otros,  narrando sucesos como la matanza de Badajoz, la toma del Alcázar de Toledo, el bombardeo de Guernica y la batalla de Teruel o entrevistando a aquellos que día a día configuraban la Historia; como escribió Hugh Thomas, “así como, hacia 1850, fue la gran época de los embajadores, los años treinta constituyeron la edad de oro de los corresponsales en el extranjero. Desde finales de julio de 1936, y durante dos años y medio, resultaba habitual encontrar al sur de los Pirineos a los más grandes periodistas del mundo”.
De hecho, España fue la rampa de lanzamiento de la más exitosa carrera de espía del siglo XX, la de Harold Kim Philby, que coincidió con otro gran corresponsal, Indro Montanelli, expulsado del partido y del país por su sátira a propósito de la megalomanía de los fascistas italianos; coronó las carreras periodísticas de Herbert L. Matthews y de, en el bando nacional, William P. Carney, que desde dos ángulos ideológicos enfrentados cubrieron completamente el conflicto para un New York Times que certificaba de esta forma el rigor y calidad de su periodismo. Eran tiempos en los que comunicar conllevaba el compromiso ético de expresar con verdad; eran conscientes de su papel de mediadores ante la sociedad; su actitud, valiente, sincera y comprometida, asumió en su versión más alta el hecho de informar. Son, sin duda, parte de esa memoria histórica que se ha de recuperar. 

 

arriba