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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
Las tres personas
-Alicia Alted, Roger González y María José Millán- que han elaborado el
sintético, riguroso y espléndido alegato contra la experiencia del niño
en la guerra que constituye la exposición A pesar de todo dibujan
resumen así el caso singular que supuso esta experiencia de niños dibujando
la guerra: “Los niños estaban allí por la guerra, habían padecido la ruptura
de su mundo infantil, la pérdida de sus hogares, del entorno en el que
se habían visto hasta entonces, la separación de sus familiares; habían
sentido el pavor ante la llegada de los aviones que bombardeaban sin cesar
los lugares donde se encontraban. Habían sufrido las interminables colas
para conseguir cada vez más escasos, habían corrido hacia los refugios
cuando sonaban las siniestras sirenas, muchos padecían enfermedades ante
la falta de higiene, el hacinamiento, la mala alimentación o el abandono,
pero sobre todo se habían enfrentado, en la mayoría de los casos por primera
vez, con la muerte, una muerte en ocasiones terrible por su violencia
y descarnamiento. Y todos estos traumas se los llevaron consigo a las
colonias adonde fueron evacuados y allí los plasmaron en sus dibujos y
en sus juegos; medios de expresión ambos más espontáneos para los pequeños
que la verbalización de sus sufrimientos, miedos e inseguridades”. Expresiones
sin manipular, grafías de sentimientos y recuerdo de esa frustración de
la inocencia que, siempre, es la guerra: esta es la trama que, con apoyo
de la Fundación Winterthur, estos días despliega en su sala Hipóstila
la Biblioteca Nacional.
Colonias
escolares
Cuando
al poco de iniciarse la Guerra Civil española queda de manifiesto que
el bando sublevado está dispuesto a bombardear a la población civil, el
Gobierno de la República decidió organizar la evacuación de niños, desde
los lugares más conflictivos a zonas alejadas de los frentes en Castilla
La Mancha, el litoral mediterráneo y el sur de Francia. Los niños eran
acogidos en colonias escolares, donde, alejados de su entorno familiar
y social, iniciaban una nueva trayectoria vital y recibían educación escolar.
Es en esta situación donde condensarán sus vivencias de la guerra en una
serie de dibujos que funcionarán como terapia de su específica experiencia.
Dibujos benéficos
para la mente, que desarrollan la capacidad de objetivar, que socializan
el dolor asumido como personal y que, por vez primera en la Historia,
son elegidos para difundir el drama bélico y conmover las conciencias
de otras sociedades: “Estos dibujos –afirmó en la presentación de la muestra
Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional- tenían, además de un
fin terapéutico enfocado a la superación de los traumas producidos por
la guerra, un fin propagandístico para conseguir romper las políticas
de no intervención de las democracias occidentales que tanto influyeron
en la derrota del Gobierno legítimo español de entonces. La exposición
itinerante de muchos de estos dibujos por ciudades europeas y americanas
durante la Guerra Civil contribuyó a difundir el problema de la vida de
estos niños refugiados en colonias o en familias y a recaudar fondos que
ayudaran al mantenimiento de esa estructura social”.
Plenamente
conscientes
Realizados
con lápiz de grafito y de colores, en tinta negra, verde o azul, carboncillo
y acuarelas, en papel amarillento o en papel crema, muchas veces en hojas
de libretas escolares o papel reciclado, los 142 dibujos que esta muestra
ha primado sobre el fondo de 1172 piezas que posee, proceden de colonias
escolares de la zona de Castilla-La Mancha (Albacete, Ciudad Real y Cuenca),
de Aragón (Huesca y Teruel), Cataluña (Barcelona y Gerona), de Madrid,
de la costa mediterránea (Alicante, Castellón, Murcia y en especial Valencia),
y de varias colonias del sur de Francia (Bayona, Perpignan y Cerbère).
Sus autores, niños y niñas de 5 a 15 años, escolarizados en las colonias
en el curso 1937-38, hablan a través de sus obras de la vida antes de
la guerra, la evacuación y la ayuda humanitaria, lo que supuso la guerra
y la vida que llevaban en las colonias adonde fueron evacuados. Son dibujos
generalmente pequeños, en los que, aunque en ocasiones se vea la influencia
del educador y también se den copias de carteles o publicaciones, el niño
ha dado rienda suelta de manera espontánea a su imaginación, sorprendiendo
el hasta qué punto estos dibujantes eran conscientes del drama en que
estaban envueltos.
“La contemplación
de estos dibujos nos sorprende”, han comentado los comisarios en la presentación.
“A través de ellos podemos hacernos una idea de cómo los pequeños sentían,
vivían y se representaban su vida durante la guerra; una guerra que había
roto de forma abrupta su mundo de infancia, que les había separado de
sus seres queridos, de su entorno cotidiano de juegos y fantasías; que
les había mostrado en toda su crudeza el sentimiento de pánico ante los
continuados bombardeos de los “pájaros del aire”, o el sufrimiento de
tener que enfrentarse al hambre, la destrucción, la enfermedad o la muerte
violenta.”
Su memoria,
inocente, es Historia.
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