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Madrid.
JULIA FERNÁNDEZ
Algunas frases
dichas en el acto de presentación de la Biblioteca Clásica encierran el
sentido de su presencia en la España del siglo XXI: “Frente al lenguaje
del poder y de otros lenguajes coyunturales, los clásicos nos enseñan
a pensar con propiedad” (Francisco Rico); “Recuperar a los clásicos es
recuperar la imaginación y el pensamiento de los que nos precedieron”
(Fernando Savater); “Reivindicar a los clásicos es divulgar voces extraordinarias”
(Javier Marías): Textos clásicos que educan, que ejemplifican su época
y, también, dan placer estético y moral; autores desaparecidos del día
a día editorial que son retomados aquí, en esta Biblioteca Clásica, como
piezas fundamentales del proceso de nuestra identidad cultural; títulos
que vuelven con fuerza de estreno y cargados de nuevas perspectivas; espléndida
tarea que tiene estos días su confirmación total.
Iniciativa
de Azaña
Este
complejo acierto editorial que, con apoyo de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones
Culturales y el Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, ha puesto
en pie el sello editorial Galaxia Gutemberg - Círculo de Lectores, tiene
en Manuel Azaña su más directo inspirador, como recordaba a los medios
de comunicación el coordinador de la Biblioteca Clásica, el académico
Francisco Rico: “En el consejo de ministros del 22 de abril de 1936, la
víspera de la conmemoración del nacimiento de Cervantes, Azaña anunció
que se iba a reeditar la edición completa de los clásicos en español con
el objeto de popularizarlos. Se preveían tres ediciones: una para escolares,
otra popular y, una tercera, de lujo, para las bibliotecas. Este proyecto
no se pudo hacer porque comenzó la guerra, pero ahora sí lo podemos realizar
llevando esas tres características que anunciaba el presidente Azaña a
cada uno de los cien títulos que pensamos editar”.
Un reconocido
antecedente que viene a proclamar el inocuo sentido político que debe
tener el reivindicar el texto secular ya que sus historias, ideas, estilísticas,
alejadas del avatar de la cotidianidad, son en sí mismas y nunca del gestor
que las decida avalar: “En el franquismo, el patriotismo que se imponía
a todo lo español hizo que mi generación –afirmó en el mismo acto el escritor
Javier Marías- sintiera un cierto desdén o aversión por los clásicos españoles.
Fue luego, gracias a buenos valedores de los clásicos como lo es Francisco
Rico, cuando me fui adentrando, descubriendo que hay autores extraordinarios
y que si hubieran estado escritos en inglés o francés ya se habrían hecho
muchas reediciones.”
Núcleo
de la tradición
Con
el propósito de ofrecer los títulos que constituyen el núcleo de la tradición
literaria española, desde los orígenes hasta las vísperas del siglo XX,
y recogiendo las nuevas aportaciones que en las últimas décadas
han realizado la filología, la historia y la crítica de nuestras letras,
se ha construido esta selección de cien obras de las que cinco ven estos
días la luz: Poesía de Fray Luis de León, edición de Antonio Ramajo
Caño; Peñas arriba, de José María de Pereda, edición de
Laureano Bonet; Epístola moral a Fabio y otros escritos, de Andrés
Fernández de Andrada, edición de Dámaso Alonso; El trovador,
de Antonio García Gutiérrez, edición de María Luisa Guardiola Tey y El
conde Lucanor, de Don Juan Manuel, edición de Guillermo Serés. Cinco
obras que ya indican el total rigor y la gran riqueza que respalda esta
singular empresa: siempre el texto más fiel y autorizado de cada obra,
justificándolo y examinando los puntos dudosos en el correspondiente aparato
crítico; con notas a pie de página que explican de modo claro y sucinto
la materia, palabra o alusión que en cada caso las motiva, con el desarrollo
justo para no hurtar ningún elemento esencial a la comprensión del texto,
pero sin pormenores ni disquisiciones que entorpezcan la fluidez de la
lectura; con notas complementarias, impresas a continuación del texto
y del aparato crítico, que permiten profundizar en las cuestiones someramente
tratadas en las notas al pie, exponiendo los fundamentos y los problemas
de las explicaciones que allí se dan a la luz de las aportaciones del
editor y de toda la bibliografía al respecto; y, cuando es posible, incorporación
del proceso de elaboración del original a través de borradores o versiones
corregidas, dando así una amplia idea de la suerte que ha corrido el texto
original en manos ajenas a su autor.
Gran proyecto,
apoyado de forma inequívoca en esta ocasión por las instituciones, armado
de una estructura editorial que recientemente ha sido galardonada con
el Premio nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2006, que siembra
el mejor idioma, la fértil imaginación de nuestros antepasados y el deseo
de conocernos como país histórico mucho más.
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