En el presente artículo, que se complementará con una segunda parte en el próximo número, el autor analiza y reflexiona sobre la creciente incorporación de la tecnología a los centros escolares, y sugiere que, en su opinión, no siempre se hace un uso adecuado de la misma, por lo que expone y pone en consideración algunos de los perjuicios generados y algunas de las vías que pueden contribuir a potenciar los beneficios de esta incorporación tecnológica. Con carácter práctico, al final del texto ofrece una pauta básica de “alfabetización tecnológica” distribuida en tres niveles (alumnos, profesores e instituciones escolares).

La escuela tecnificada (1)

Valentín Martínez-Otero
Profesor-Doctor en Psicología y en Pedagogía. Universidad Complutense

A  presencia  de  las  tecnologías

en los centros escolares es cada vez mayor. Sin embargo, todavía no se conoce con detalle cuáles son sus consecuencias en las personas y en el proceso educativo. A menudo las máquinas se ponen al servicio de un rendimiento dirigido sin reparar en los negativos efectos que pueden generar. Es bien cierto que los modernos aparatos que recorren nuestros centros escolares brindan posibilidades hasta hace poco desconocidas, pero su uso inadecuado o abusivo también los convierte en instrumentos perjudiciales.
Mas allá de la sempiterna ambivalencia de la tecnología, lo cierto es que su utilización modifica de modo sustancial las relaciones interpersonales y el rumbo de la formación escolar. Los cambios que se producen en nombre de la técnica y de la modernidad no están exentos de riesgos ni de manipulación. Ha de agregarse que entre las instituciones escolares hay significativas diferencias en lo que a recursos tecnológicos se refiere, lo que puede empujar a los alumnos de algunos centros desfavorecidos hacia la exclusión académica y profesional.
El mal uso de la tecnología está acrecentando el eficientismo, el pragmatismo y la pérdida de sentido de la realidad educativa. Programas obligatorios de corte conductista, mensajes con forma y sin fondo, difusión masiva de información por circuitos repletos de escollos, aislamiento, ensalzamiento de la técnica e infravaloración del pensamiento, etc., son notas que presiden la utilización de la tecnología en algunos centros escolares.
En aras de la homogeneidad y de una pretendida habilidad técnica se sacrifica en grado significativo el fomento de la cultura, el cultivo de las relaciones cordiales, el despliegue creativo y el pensamiento singularizador. El resultado es que el educador humanista empieza a ser sustituido por un enseñante robotizado de escasa capacidad (auto)crítica. La técnica pasa así a ocupar el centro de la escuela y la educación se mecaniza.

Tiempos nuevos para la escuela 

La imparable llegada de las denominadas “nuevas tecnologías” a los centros escolares nos lleva a replantearnos qué debe hacer la educación. Es cierto que la técnica siempre nos ha acompañado, pero es en la actualidad cuando las máquinas han adquirido un relieve verdaderamente extraordinario y no solo en la escuela. La sociedad toda se distingue en gran medida de la de épocas anteriores por la notoria introducción del instrumental técnico.
Una rápida mirada a los espacios escolares permite advertir la espectacular instalación de televisores y sobre todo de ordenadores. Hay cada vez más salas de informática, aunque es igualmente frecuente que se reserve un lugar dentro del aula para la computadora. Los alumnos, por su parte, llegan a clase con sus particulares tecnologías: teléfonos móviles, videoconsolas, etc.
La emergente realidad puede parecer sofisticada y verdaderamente lo es, pero no podemos darle la espalda. Para los misoneístas es algo ajeno al espíritu de la educación, una amenaza a la relación entre maestro y escolar, una afrenta a la dignidad del ideal formativo. Mal que pese, este supuesto delito de lesa pedagogía se extiende.
Espero no caer en extremismo que desenfoque el análisis, pero debo reconocer que se columbra una mala utilización de estos artificios de última generación en muchos salones de clase real o virtual. La imagen de la máquina alzaprimada que subyuga al abolido maestro y, por ende, a los desvalidos escolares se repite cada vez más. El cielo de la educación que algunos creían haber conquistado con la introducción de la técnica se va trocando infierno. Casos hay de profesores ultramodernos que delegan irreflexivamente en destellantes programas audiovisuales e informáticos que apenas conocen mientras sus alumnos se duermen, entretienen, descontrolan o enganchan.

Tecnofobia y tecnofilia

Las aulas se llenan de luces merced a los altivos aparatos que ocupan paredes y mesas, pero también aumentan las sombras. Precisamente numerosas opiniones vertidas sobre la tecnología enfatizan la claridad u oscuridad de la misma, lo que no impide que la reflexión más cabal se mantenga equidistante entre ambos polos. Si, por un lado, hay la comprensible circunspección hacia unos instrumentos que pueden modificar sensiblemente el proceso de enseñanza-aprendizaje, por otro, hay cierto sector que experimenta desasosiego ante unos aparatos cuyo funcionamiento no siempre conoce. El término ‘tecnofobia’ expresa el rechazo y el temor que en ocasiones producen estos aparatos. En el otro extremo, se corre el riesgo de depositar una confianza desproporcionada en estas tecnologías que lleve a obviar sus inconvenientes y a creer que su empleo soluciona cualquier problema educativo: se trata de la ‘tecnofilia’. Las dos posiciones -‘tecnofobia’ y ‘tecnofilia’- son igualmente negativas. La aplicación de la tecnología a la educación ni es la panacea ni tiene por qué dificultar la labor del profesorado. Las tecnologías, esto es, ordenadores, vídeos, proyectores, etc., brindan numerosas posibilidades educativas siempre que se usen de modo racional y en el marco de la formación integral. Todo lo cual requiere, además de información sobre cómo funcionan, una honda reflexión sobre el uso que se quiere dar a estos aparatos y el tipo de persona que se desea formar.

La “alfabetización tecnológica” en la escuela

En el ámbito escolar la expresión “alfabetización tecnológica” se refiere a la formación básica de los miembros de la comunidad educativa, sobre todo profesores y alumnos, en tecnologías de la información y la comunicación. En la era tecnológica actual se precisa una pedagogía que permita a las personas descifrar y elaborar mensajes en los “nuevos lenguajes”.  Buena parte de la información que penetra en los centros escolares llega a través de los vídeos y de los ordenadores. Pues bien, lo que se pretende es que se comprenda lo que se ve y se oye en aparatos de todo tipo, y a la vez que se creen mensajes. Esta alfabetización es un proceso encaminado a “leer” y a “escribir” tecnológicamente. Así pues, una persona estará alfabetizada si comprende, elabora y se comunica mediante tecnologías. Como cabe suponer, se encamina a sustituir la actitud pasiva y acrítica por la reflexión y la actividad.
La cada vez más extendida utilización de las nuevas tecnologías en los centros escolares, particularmente el vídeo, la informática y la telecomunicación, repercute en la organización institucional (espacios, tiempos, etc.), en la cantidad de información manejada, en la forma de expresión/comunicación de los principales actores, en la propia enseñanza-aprendizaje, en la manera de pensar de los usuarios, en los gustos e intereses, etc. Es cierto que se desconocen con exactitud los efectos, pero no se deberían tomar a la ligera ciertas tendencias negativas ya detectadas en un significativo número de alumnos, por ejemplo, pasividad, mengua del esfuerzo, adicción, sedentarismo, deterioro de las relaciones, etc. Es, por ello, que la “alfabetización tecnológica” que propugnamos se encamina a neutralizar los perjuicios y a fomentar los beneficios.

Pauta básica de “alfabetización tecnológica”

Con la pretensión de impulsar una “alfabetización tecnológica” de base pedagógica ofrezco seguidamente un sencillo guión en el que se distinguen objetivos generales adscritos a tres dominios interrelacionados:

Nivel de los alumnos:
* Impulsar la reflexión y la actividad del educando, por medio de tareas de búsqueda y selección razonada y razonable de la información.
* Promover la realización de trabajos en grupo que posibiliten y afiancen la comunicación cognitivo-emocional y las relaciones interpersonales.
* Mejorar las competencias de expresión y creatividad a través de la realización de mensajes verbales y audiovisuales.
* Capacitar a los educandos para que utilicen adecuadamente la información que reciben y puedan aprovecharla en su actividad académica y en su vida.
* Armonizar el desarrollo de la vertiente técnica con el fortalecimiento de la dimensión ética.
* Motivar a los alumnos merced al atractivo que estas tecnologías ejercen sobre ellos.

Nivel de los profesores:
* Favorecer la adquisición de destrezas necesarias para su uso y aprovechamiento.
* Facilitar la planificación docente a través de las tecnologías.
* Liberar a los profesores de trabajos repetitivos.
* Proporcionar soporte y material adecuado para el trabajo docente, de manera que se renueve la metodología y se disponga de elementos incorporables a las diversas áreas del currículum.
* Capacitar a los educadores para que seleccionen los recursos tecnológicos con arreglo a criterios sólidos.

Nivel organizativo del Centro:
* Incorporar progresivamente programas y equipos tecnológicos.
* Apoyar el uso de la tecnología como herramienta al servicio de todos los miembros de la comunidad educativa..
* Velar por la actualización tecnológica y la utilización responsable los recursos.
* Mejorar la planificación y la gestión de la institución.
* Fortalecer el desarrollo organizativo y la comunicación interna y externa.

El panorama presentado revela que la “alfabetización tecnológica” ha de contemplar entreveradamente los planos cognitivo, afectivo, moral y social. Estas vertientes han de ser referencias para la incorporación y utilización de las tecnologías avanzadas en los centros educativos. Si no se tienen en cuenta estos indicadores no se podrán albergar demasiadas esperanzas respecto a las posibilidades formativas de estos aparatos.

 

arriba