|
|
en
los centros escolares es cada vez mayor. Sin embargo, todavía no se conoce
con detalle cuáles son sus consecuencias en las personas y en el proceso
educativo. A menudo las máquinas se ponen al servicio de un rendimiento
dirigido sin reparar en los negativos efectos que pueden generar. Es bien
cierto que los modernos aparatos que recorren nuestros centros escolares
brindan posibilidades hasta hace poco desconocidas, pero su uso inadecuado
o abusivo también los convierte en instrumentos perjudiciales.
Mas allá de
la sempiterna ambivalencia de la tecnología, lo cierto es que su utilización
modifica de modo sustancial las relaciones interpersonales y el rumbo
de la formación escolar. Los cambios que se producen en nombre de la técnica
y de la modernidad no están exentos de riesgos ni de manipulación. Ha
de agregarse que entre las instituciones escolares hay significativas
diferencias en lo que a recursos tecnológicos se refiere, lo que puede
empujar a los alumnos de algunos centros desfavorecidos hacia la exclusión
académica y profesional.
El mal uso
de la tecnología está acrecentando el eficientismo, el pragmatismo y la
pérdida de sentido de la realidad educativa. Programas obligatorios de
corte conductista, mensajes con forma y sin fondo, difusión masiva de
información por circuitos repletos de escollos, aislamiento, ensalzamiento
de la técnica e infravaloración del pensamiento, etc., son notas que presiden
la utilización de la tecnología en algunos centros escolares.
En aras de
la homogeneidad y de una pretendida habilidad técnica se sacrifica en
grado significativo el fomento de la cultura, el cultivo de las relaciones
cordiales, el despliegue creativo y el pensamiento singularizador. El
resultado es que el educador humanista empieza a ser sustituido
por un enseñante robotizado de escasa capacidad (auto)crítica.
La técnica pasa así a ocupar el centro de la escuela y la
educación se mecaniza.
Tiempos
nuevos para la escuela
La
imparable llegada de las denominadas “nuevas tecnologías” a los centros
escolares nos lleva a replantearnos qué debe hacer la educación. Es cierto
que la técnica siempre nos ha acompañado, pero es en la actualidad cuando
las máquinas han adquirido un relieve verdaderamente extraordinario y
no solo en la escuela. La sociedad toda se distingue en gran medida de
la de épocas anteriores por la notoria introducción del instrumental técnico.
Una rápida
mirada a los espacios escolares permite advertir la espectacular instalación
de televisores y sobre todo de ordenadores. Hay cada vez más salas de
informática, aunque es igualmente frecuente que se reserve un lugar dentro
del aula para la computadora. Los alumnos, por su parte, llegan a clase
con sus particulares tecnologías: teléfonos móviles, videoconsolas, etc.
La emergente
realidad puede parecer sofisticada y verdaderamente lo es, pero no podemos
darle la espalda. Para los misoneístas es algo ajeno al espíritu de la
educación, una amenaza a la relación entre maestro y escolar, una afrenta
a la dignidad del ideal formativo. Mal que pese, este supuesto delito
de lesa pedagogía se extiende.
Espero no caer
en extremismo que desenfoque el análisis, pero debo reconocer que se columbra
una mala utilización de estos artificios de última generación en muchos
salones de clase real o virtual. La imagen de la máquina alzaprimada que
subyuga al abolido maestro y, por ende, a los desvalidos escolares se
repite cada vez más. El cielo de la educación que algunos creían haber
conquistado con la introducción de la técnica se va trocando infierno.
Casos hay de profesores ultramodernos que delegan irreflexivamente en
destellantes programas audiovisuales e informáticos que apenas conocen
mientras sus alumnos se duermen, entretienen, descontrolan o enganchan.
Tecnofobia
y tecnofilia
Las
aulas se llenan de luces merced a los altivos aparatos que ocupan paredes
y mesas, pero también aumentan las sombras. Precisamente numerosas opiniones
vertidas sobre la tecnología enfatizan la claridad u oscuridad de la misma,
lo que no impide que la reflexión más cabal se mantenga equidistante entre
ambos polos. Si, por un lado, hay la comprensible circunspección hacia
unos instrumentos que pueden modificar sensiblemente el proceso de enseñanza-aprendizaje,
por otro, hay cierto sector que experimenta desasosiego ante unos aparatos
cuyo funcionamiento no siempre conoce. El término ‘tecnofobia’ expresa
el rechazo y el temor que en ocasiones producen estos aparatos. En el
otro extremo, se corre el riesgo de depositar una confianza desproporcionada
en estas tecnologías que lleve a obviar sus inconvenientes y a creer que
su empleo soluciona cualquier problema educativo: se trata de la ‘tecnofilia’.
Las dos posiciones -‘tecnofobia’ y ‘tecnofilia’- son igualmente negativas.
La aplicación de la tecnología a la educación ni es la panacea ni tiene
por qué dificultar la labor del profesorado. Las tecnologías, esto es,
ordenadores, vídeos, proyectores, etc., brindan numerosas posibilidades
educativas siempre que se usen de modo racional y en el marco de la formación
integral. Todo lo cual requiere, además de información sobre cómo funcionan,
una honda reflexión sobre el uso que se quiere dar a estos aparatos y
el tipo de persona que se desea formar.
La
“alfabetización tecnológica” en la escuela
En
el ámbito escolar la expresión “alfabetización tecnológica” se refiere
a la formación básica de los miembros de la comunidad educativa, sobre
todo profesores y alumnos, en tecnologías de la información y la comunicación.
En la era tecnológica actual se precisa una pedagogía que permita a las
personas descifrar y elaborar mensajes en los “nuevos lenguajes”. Buena
parte de la información que penetra en los centros escolares llega a través
de los vídeos y de los ordenadores. Pues bien, lo que se pretende es que
se comprenda lo que se ve y se oye en aparatos de todo tipo, y a la vez
que se creen mensajes. Esta alfabetización es un proceso encaminado a
“leer” y a “escribir” tecnológicamente. Así pues, una persona estará alfabetizada
si comprende, elabora y se comunica mediante tecnologías. Como cabe suponer,
se encamina a sustituir la actitud pasiva y acrítica por la reflexión
y la actividad.
La cada vez
más extendida utilización de las nuevas tecnologías en los centros escolares,
particularmente el vídeo, la informática y la telecomunicación, repercute
en la organización institucional (espacios, tiempos, etc.), en la cantidad
de información manejada, en la forma de expresión/comunicación de los
principales actores, en la propia enseñanza-aprendizaje, en la manera
de pensar de los usuarios, en los gustos e intereses, etc. Es cierto que
se desconocen con exactitud los efectos, pero no se deberían tomar a la
ligera ciertas tendencias negativas ya detectadas en un significativo
número de alumnos, por ejemplo, pasividad, mengua del esfuerzo, adicción,
sedentarismo, deterioro de las relaciones, etc. Es, por ello, que la “alfabetización
tecnológica” que propugnamos se encamina a neutralizar los perjuicios
y a fomentar los beneficios.
Pauta
básica de “alfabetización tecnológica”
Con
la pretensión de impulsar una “alfabetización tecnológica” de base pedagógica
ofrezco seguidamente un sencillo guión en el que se distinguen objetivos
generales adscritos a tres dominios interrelacionados:
Nivel
de los alumnos:
* Impulsar
la reflexión y la actividad del educando, por medio de tareas de búsqueda
y selección razonada y razonable de la información.
* Promover
la realización de trabajos en grupo que posibiliten y afiancen la comunicación
cognitivo-emocional y las relaciones interpersonales.
* Mejorar las
competencias de expresión y creatividad a través de la realización de
mensajes verbales y audiovisuales.
* Capacitar
a los educandos para que utilicen adecuadamente la información que reciben
y puedan aprovecharla en su actividad académica y en su vida.
* Armonizar
el desarrollo de la vertiente técnica con el fortalecimiento de la dimensión
ética.
* Motivar a
los alumnos merced al atractivo que estas tecnologías ejercen sobre ellos.
Nivel
de los profesores:
* Favorecer
la adquisición de destrezas necesarias para su uso y aprovechamiento.
* Facilitar
la planificación docente a través de las tecnologías.
* Liberar a
los profesores de trabajos repetitivos.
* Proporcionar
soporte y material adecuado para el trabajo docente, de manera que se
renueve la metodología y se disponga de elementos incorporables a las
diversas áreas del currículum.
* Capacitar
a los educadores para que seleccionen los recursos tecnológicos con arreglo
a criterios sólidos.
Nivel
organizativo del Centro:
* Incorporar
progresivamente programas y equipos tecnológicos.
* Apoyar el
uso de la tecnología como herramienta al servicio de todos los miembros
de la comunidad educativa..
* Velar por
la actualización tecnológica y la utilización responsable los recursos.
* Mejorar la
planificación y la gestión de la institución.
* Fortalecer
el desarrollo organizativo y la comunicación interna y externa.
El
panorama presentado revela que la “alfabetización tecnológica” ha de contemplar
entreveradamente los planos cognitivo, afectivo, moral y social. Estas
vertientes han de ser referencias para la incorporación y utilización
de las tecnologías avanzadas en los centros educativos. Si no se tienen
en cuenta estos indicadores no se podrán albergar demasiadas esperanzas
respecto a las posibilidades formativas de estos aparatos.
|