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Educar
en valores
La
polémica suscitada por determinados sectores educativos en contra de la
asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos constituye
un paso más hacia el empantanamiento del mundo de la enseñanza. Parece
que algunos están empeñados en que sea imposible un poco de tranquilidad
y sosiego para abordar en profundidad lo que realmente importa: la calidad
del sistema educativo y la buena marcha de la escuela.
El Ministerio
de Educación y Ciencia presentó antes de las vacaciones a una serie de
asociaciones y ONG’s el primer borrador sobre esta asignatura, que introduce
la Ley Orgánica de Educación y que se impartirá en el tercer ciclo de
Primaria, en dos cursos de Secundaria y en Bachillerato. Entre sus contenidos
figuran valores como la solidaridad, el pluralismo, la igualdad, la democracia
o la convivencia social. Y yo me pregunto ¿dónde está el problema? ¿Acaso
educar el valores democráticos es un instrumento para el adoctrinamiento?
En un nueva
pirueta hacia el paroxismo estos sectores -contrarios a la LOE y de todos
conocidos- sostienen que los contenidos de la Educación para la Ciudadanía
aspiran a suplantar el derecho de los padres para educar a sus hijos en
los valores que ellos consideran más adecuados. ¿Quiero esto decir que
puede haber padres preocupados porque sus hijos se interesen en el colegio
o el instituto por cuestiones como la Constitución, la democracia, los
derechos humanos, la libertad o la tolerancia? ¿En pleno siglo XXI y con
la que está cayendo realmente piensan esas familias que hay profesores
formados, reclutados y dispuestos a contaminar a sus hijos con
ideas progres y apartarles de la senda de lo atado y bien atado?
Y una última
cosa. Parece un insulto a la inteligencia colectiva el que determinados
grupos acusen de doctrinaria a la citada materia y a sus contenidos, y
al mismo tiempo pongan el grito en el cielo por la perdida de peso en
el currículum de la asignatura de Religión.
Juan
José Martínez
Madrid
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Dinero
para la educación
El
importante aumento de los presupuestos destinados a Educación para el
próximo año es una positiva sorpresa que viene a paliar algunas de las
malas noticias que ha generado la enseñanza en los últimos tiempos como
la mala situación de nuestro país en el último informe de la OCDE, el
creciente fenómeno del acoso escolar o las dificultades que origina el
incesante incremento de la población inmigrante en las aula.
Para empezar
habría que saber administrar correctamente lo que el Estado y las CC.AA.
invierten en la escuela, especialmente en la pública, que en determinados
ámbitos parece colapsada e incluso superada, al igual que ocurre con el
servicio de Sanidad. Otro dato interesante es que la aplicación de la
reforma de la enseñanza prevista en la LOE cuenta con su propio presupuesto,
algo que no ha sucedido con anteriores leyes educativas. Y si algo destaca
de esta última son los programas de apoyo y refuerzo, una iniciativa novedosa
e interesante que pueden ayudar a paliar –o quizás a detectar antes de
que se produzca- el temible fracaso escolar. Los presupuesto también contemplan
partidas específicas para la puesta en marcha de bibliotecas escolares,
otro capítulo nuevo que introduce la reforma y que hasta ahora ninguna
Administración anterior había tenido en cuenta.
En todo caso,
las cifras no engañan. Los países más desarrollados del mundo contemplan
un inversión educativa cercana –o superior- al 6% del Producto Interior
Bruto (PIB), cuando en España nos falta al menos punto y media para llegar
a esos porcentajes. La pregunta es ¿Cuál es el impedimento para que la
Administración dedique esas cifras a educación? Máxime cuando está archidemostrado
que toda inversión en este capítulo se recoge con creces en el futuro.
A pesar del notable incremento que se prevé para 2007, sobre todo teniendo
en cuenta que durante los años de gobierno del PP las partidas educativas
sufrieron un apreciable retroceso, es necesario invertir mucho más en
todo lo relativo a la educación y formación de los futuros ciudadanos.
Luis
Miguel García
Madrid
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