“Es ingenuo pensar que las
religiones puedan desaparecer”
Javier Sádaba profundiza en el hecho religioso en su último libro De Dios a la nada
Sádaba considera que mientras los seres humanos se pregunten por el sentido de la vida, el interrogante religioso estará presente.
El sufrimiento, la muerte, los deseos no satisfechos y las angustias del tiempo encuentran su eco en las miles de religiones que pueblan este mundo. En De Dios a la nada Javier Sádaba aborda la creencia religiosa como una dimensión radicalmente humana que necesita una mirada independiente.

Madrid. ROSAURA CALLEJA
“Resulta difícil entender la historia de nuestra cultura sin saber qué ha sido y cómo ha sido la religión en sus muchas variantes, y, lo que resulta más significativo, la religión constituye el mejor salvoconducto para conocer las fantasías e imágenes de  las  que  nos  hemos  dotado,

para enfrentarnos a los muchos problemas que nos rodean”, afirma Javier Sádaba (Portugalete, 1940).
Además de un estudio sobre la historia de las religiones, su último libro, De Dios a la nada. Las creencias religiosas (Espasa Calpe), constituye una reflexión inteligente y sagaz en torno a las facetas más profundas de la psique del hombre, un fascinante documento sobre uno de los aspectos más controvertidos del pensamiento.
En el primer capítulo analiza los agentes religiosos y en los siguientes hace un repaso a las entrañas de las creencias, desde la primitiva religión sumeria, el monoteísmo hebreo y el islamismo hasta el cristianismo, pasando por el jainismo como paradójica religión atea. En la parte final de esta obra, Sádaba examina el nacimiento y posterior desarrollo de la reflexión crítica sobre la religión. Como apéndice, explica las relaciones de la religión con el sexo y la biología, así como su futuro. 

Supervivencia

A lo largo de los últimos siglos, sobre todo en Occidente, se ha pronosticado el final de la religión, la aceptación de un mundo tan solo regido por la razón y la ciencia. Pero este catedrático de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid considera que “es ingenuo pensar que las religiones puedan desaparecer”. A pesar de que confía en la racionalidad y la ciencia, asegura que no corresponde a los hechos. “Mientras los seres humanos se pregunten por el sentido de la vida y las limitaciones de su existencia, el interrogante religioso estará presente”, advierte.
Sobre el interés creciente por las religiones, sobre todo las procedentes de Oriente, Sádaba constata que existe una actitud, que considera negativa, presente en muchos de los nuevos movimientos religiosos, “que tienen mucho de embuste y mala magia, como es el caso del sincretismo, el orientalismo o la cienciología”. Mientras que, a su juicio, “una actitud positiva iría encaminada a naturalizar la religión, moderar nuestros deseos, aceptar que nos rodea el misterio e insertarnos más en el universo, sin grandes proyecciones en el más allá”.

Negocio

Para este filósofo, “el negocio del alma” consiste en apropiarse de la conciencia de la gente o instigar los instintos de miedo, en vez de desarrollar más la crítica racional. “No creo que hayan sido sólo los sacerdotes los que hayan manipulado la conciencia, sino que otros poderes políticos y económicos hacen negocio con la religión”, revela.
A pesar de que Europa es la parte del mundo mas secularizada por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, también es una zona muy contradictoria: “por un lado se define como cristiana, la religión del amor y, por otro, se manifiesta extraordinariamente egoísta, fruto de una imposición brutal de los intereses económicos”. Sádaba puntualiza que el retorno de las religiones es, muchas veces, es el retorno de las brujas, ya que no quedan satisfechas necesidades básicas humanas en un mundo muy competitivo.

Laicismo

Tras una dilatada trayectoria internacional como profesor  en las universidades de Tübingen (Alemania), Columbia (Nueva York) y Oxford y Cambridge (Reino Unido), se declara partidario de la enseñanza laica, porque “en un Estado democrático y laico como España, la enseñanza de la religión no debería impartirse o, al menos, no de forma obligatoria”. No obstante, apoya la enseñanza obligatoria de una historia de las religiones, una asignatura que enseñaría a los alumnos a conocer su propia historia, entender otras culturas y a iniciarse en una ciudadanía universal, sobre todo en Derechos Humanos.
Ante la reciente polémica que suscitaron las declaraciones de Benedicto XVI sobre el Islam, este filósofo coincide con él en su rechazo al núcleo duro de esta religión, contenido en el Corán. Sin embargo, afirma que el Papa es uno de los que menos derecho tiene a hacer esa crítica, ya que, según sus propias palabras, “primero que arregle las cosas en su casa”.
En su opinión, “habría que exigir a los países musulmanes que sean mucho mas autocríticos y más receptivos a la crítica externa”, aunque subraya que “no deja de ser una situación paradójica que Turquía pretenda entrar en la UE y no permita la construcción de una iglesia católica en su territorio”.

 

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