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artículos
como corresponsal, de su boda con Etelvina Silva; el regreso a Madrid,
la obtención de su Cátedra de Derecho Político, el nacimiento de su hija
Nina, sus editoriales en el periódico El Sol, sus traducciones; el viaje
por Uruguay, Argentina, Chile y Paraguay con su mujer e hija; la inmediata
reincorporación a su puesto oficial cuando se entera del levantamiento
militar; su trabajo en el Ministerio de Estado, su colaboración en la
embajada de Praga, su labor como Secretario General del Comité Nacional
de Ayuda a España...
Y
el exilio
“Francisco
Ayala estaba de viaje por Sudamérica y pudo quedarse allí, pero regresó
a España para luchar por el gobierno legítimamente constituido. Ha vivido
momentos significativos del siglo y siempre ha elegido sin abandonar su
responsabilidad: es un personaje moral”. Este comentario de Luis García
Montero, artífice de El escritor en su siglo, exhibida en la Biblioteca
Nacional, sitúa y reivindica para nuestra memoria histórica el espléndido
personaje y ser humano que ha construido en sí y para su tiempo escenas,
situaciones y relaciones de gran trascendencia y simbolismo moral, cultural
y social desde su exilio inicial en Francia, Cuba y Chile; su asentamiento
definitivo en Buenos Aires donde comenzará a publicar ensayos y establecerá
vínculos de amistad con escritores argentinos como Eduardo Mallea, Victoria
Ocampo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares; su corta estancia de
un año en Brasil, en la Cátedra de Sociología en la Universidad de Río
de Janeiro, donde trató a la poeta Gabriela Mistral y a los escritores
Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade y Otto Maria Carpeaux; su
regreso a Buenos Aires, la edición de la revista Realidad, una
de las publicaciones más culturales más importantes de aquellos años,
su Tratado de Sociología, sus colecciones de relatos sobre
el poder y las causas de la Guerra Civil española; su aceptación de la
Cátedra de Sociología en la Universidad de Río Piedras, en Puerto Rico,
la puesta en marcha de la revista La Torre, sus ensayos Introducción
a las ciencias sociales y El escritor en la sociedad de
masas, su obra Historia de macacos; su viaje en 1957
a los EEUU como profesor de Literatura Española en Princeton, sus novelas
Muerte de perro y El fondo del vaso, su ensayo sobre la
creación literaria Experiencia e invención; sus años en la Universidad
de Nueva York, su novela El rapto y los ensayos Problemas de
la traducción y España, a la fecha; su estancia en la Universidad
de Chicago, su sorprendente rehabilitación en la cultura oficial española
al inicio de los 70 con la publicación de sus Obra narrativa completa,
el otorgamiento del Premio de la Crítica a su El jardín de las delicias,
la Cátedra de Literatura Española en la Universidad de Nueva York,
sus estudios sobre Cervantes y Quevedo y La novela:
Galdós y Unamuno , su jubilación y, en plena transición española a
la democracia, su retorno a Madrid.
Acierto
de una vida
La
exposición Francisco Ayala. El escritor en su siglo, organizada
por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la Comunidad de
Madrid y la Biblioteca Nacional, realiza este extraordinario recorrido
vital y profesional a través de más de quinientas piezas entre documentos
biográficos e históricos, cartas, libros, fotografías, revistas y cuadros
que logran centrar el crecimiento, desarrollo y afirmación social de su
estar vital y profesional. Aquí están presentes, tomando como punto de
partida su Granada natal de 1906, el agitado Madrid de Primo de Rivera,
el fascinante Berlín del periodo de entreguerras, la vanguardia literaria
española de los años 20, la proclamación de la República, el estallido
de la Guerra Civil, las ciudades que él vivió en su exilio, los personajes
que -como Azaña, Negrín, Max Aub, Ortega y Gasset, Gómez de la Serna,
Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, García Lorca, Alberti, Pedro Salinas
o Jorge Luis Borges- fueron parte de su cotidianidad en el escenario social
y personal y algunas de las obras de arte que fueron suyas o le hicieron
soñar. Aquí también está el público y merecido reconocimiento que el nuevo
estado democrático español ha manifestado con gestos como la concesión
del Premio Nacional de Literatura, por su obra Recuerdos y olvidos,
su ingreso en la Real Academia de la Lengua, la Cátedra rey Juan Carlos
I en Nueva York, la Medalla de Oro de la Ciudad de Granada, el Premio
Nacional de las Letras Españolas, el Premio de las Letras Andaluzas, el
Premio Miguel de Cervantes y el Premio Príncipe de Asturias. Ecos que
esta sociedad devuelve a uno de los prohombres y artistas que mejor supo
forjar su historia en la Historia.
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