Testimonios desde el horror

La recuperación de la memoria de Helene Holzman y Petr Ginz reabre en Europa el análisis de la conducta social bajo el nazismo

Facsímil de una página del Diario de Petr Ginz.
Imagen de carnet
de Petr Ginz
Enterrados en el saco sin fondo que el horror posee en el espacio Nazismo-Segunda Guerra Mundial; recuperados de su destino silencioso; editados como ejemplos de extrema heroicidad; alabados en su especial verdad documental y artística: Diario de Praga, de Petr Ginz, y Esta niña debe vivir, de Helene Holzman, expanden a nuestra sociedad su estremecedora vida bajo el nazismo alemán.
 Helene Holzman con sus hijas,
en 1929. 

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
En Praga (Checoslovaquia), lunes, 13 de octubre de 1941: “No hay clases porque es lunes y el martes es Sudot. Me llegó una citación para que vaya al colegio a rellenar bolsas con serrín. Por la mañana, con un grupo en el que también estaba Pavel G., hicimos sesenta bolsas. Por la tarde rellenamos más de ochenta bolsas. Llegaban hasta el techo. El serrín lo trajeron dos coches. Las bolsas llenas las llevan al Palacio de Exposiciones donde los judíos pasan cinco días antes de salir para Polonia. Supongo que dormirán encima de las bolsas. Llegó de Hradec el tío Jarek D.; por la noche se fue a casa de Horalek. También estuvo Eva II.”: Anotación del diario de Petr Genz, diez meses antes de ser llevado sobre esos sacos de serrín al campo de concentración Terezin: Memoria de una vida de adolescente tres años antes de su cancelación absoluta en Auschwitz.

Destrucción

En Kaunas (Lituania), agosto de 1941: “Van a destruirnos, van a destruirnos por completo. Según el decreto clavado en las paredes del ghetto, teníamos que habernos trasladado allí. Ahora, por incumplirlo, nos esperaba “la más dura de las sanciones” con la que se amenazaba.
¿Dónde voy a encontrar una persona que no tenga miedo de hablar conmigo, que nos aconseje y ayude? Conocía a tantos lituanos prestigiosos, a muchos de los alemanes que habían vuelto, y sin embargo no había ninguno al que pudiera dirigirme”: Anotación del cuaderno primero de Helene Holzman, un mes después del arresto de su marido y su hija mayor: Memoria de la esposa y madre antes de que los cancelen de entre los vivos.

Esperanzas en el infierno

Esta niña debe vivir. Tres cuadernos. 1941-1944 (Edit Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores), el testimonio que estos días ejemplariza el acto del resistente en una situación de invasión de fronteras, control del destino de sociedades enteras y aniquilación de comunidades dentro de ellas, tiene el recuerdo no sólo de una persona en lucha titánica contra el proceso de destrucción de su familia y cultura sino, y esta es la enorme lección de sus páginas, del crecimiento de un extraordinario ser que amplía su esfuerzo hasta hacer de su “lacra” como esposa de judío el impulso de un contundente movimiento de solidaridad. Helene Holzman, alemana cristiana de antepasados judíos, pintora, librera y profesora, miembro ilustrado de la ciudad lituana de Kaunas, heroica corresponsal de uno de los lugares más remotos del Holocausto, recuperada para la historia, la moral y la cultura. Sus excepcionales cuadernos, dados a conocer tras cincuenta y cinco años en el silencio, están entre el más determinante y clarificador grupo de relatos acerca de cómo transgredió el sentido mismo de la vida el régimen del nazismo. En el día a día que encierran se expresan el dolor, la angustia, el horror y, sorprendentemente, la esperanza emancipadora.

Muerte del artista

Esperanza en el desconcierto de la incomprensión es el singular tono que el Diario de Praga. 1941-1942 (Edit. Acantilado) expresa a lo largo de sus cálidas, tremendas y sencillas anotaciones de la cotidianidad de una persona ajena aún al brutal destino preparado para su catorce cumpleaños.
Petr Ginz, un chaval despierto, que bebe de todas las fuentes que están disponibles de la cultura, que retrata como si tal cosa el rostro de Aniquilación que ha asomado a su existencia; que olvida su miedo y escribe, dibuja, mejora, asiste al necesitado, esperando siempre un mejor día.
¿Quién era Petr Ginz antes de esta recuperación de su Diario? ¿Qué silencio señala el propio silencio de su experiencia hasta ahora? El adolescente que habla desde estas páginas, editadas junto a sus dibujos y acuarelas, trae consigo su esplendor sin atributos, sus actos sin melancolía, sus deseos de aprendizaje: es el inicio de un artista, de un capaz dibujante, de una personalidad singular que va sembrando semillas que jamás, por designio, edificarán su adultez. Entre sus breves entradas diarias y entre sus muestras de artista incipiente encontramos esa sociedad anulada, el quehacer colectivo de su comunidad, el esperanzado gesto que, especialmente en su trágico paso por  Auschwitz, aún permanecía con él.
Como Helene Holzman, Pter Ginz ha acabado por volver. El trabajo de sus familiares ha hecho posible que su biografía de humanos solidarios, valientes, extraordinariamente dignos y morales, sean ya para siempre parte del mejor patrimonio de la humanidad.

 

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