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ción
debe abarcar a toda la comunidad educativa, es decir, a la totalidad de
los alumnos, de los profesores y a las familias, así como a todo el entorno
comunitario inmediato con la intención de dotar a la orientación de una
auténtica dimensión funcional y un verdadero carácter de orientación para
la vida. Se señala como prioridad facilitar orientación y asesoramiento
en fases tempranas para prevenir las incorporaciones al desempleo y en
particular al desempleo de larga duración.
Si realmente
queremos una educación de calidad hay que tener en cuenta medidas de carácter
preventivo e implementar refuerzos educativos necesarios en el momento
en que se detecta cualquier dificultad. Aquí es donde juegan un papel
crucial todos los agentes educativos que colaboran en el proceso de enseñanza
aprendizaje: previniendo problemas y dificultades de desarrollo y aprendizaje
en el alumnado a la vez que todos nos formamos, crecemos y aprendemos.
En esta comunidad es donde el orientador/a juega un papel no menos importante:
el de formar, orientar, asesorar a los agentes en proyectos directamente
relacionados con educación de los niños y niñas, así como en la detección,
diagnóstico e intervención en problemas y dificultades tanto del alumnado
como de cualquier otro miembro de dicha comunidad.
Es imprescindible,
por tanto, una sólida red de Servicios de Orientación tanto en Educación
Infantil y Primaria. Desde la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía
y orientación de España ( COPOE) se percibe cada vez con más nitidez la
necesidad de potenciar los servicios de prevención y asesoramiento como
una de las fórmulas que más coadyuvan a la calidad del sistema educativo.
Por tanto, nadie discute la importancia de profesionales que incidan directamente
asesorando al profesorado, a los alumnos y a sus familias, detectando
las dificultades educativas de los alumnos, colaborando en la formación
del profesorado y contribuyendo a coordinar las intervenciones de otros
servicios educativos, sanitarios y sociales.
Desarrollo
de la orientación
El
desarrollo de la orientación pasa por el desarrollo de las personas: los
centros educativos se deben de plantear como necesidad favorecer y desarrollar
las relaciones de igualdad basadas en el respeto a los derechos humanos
y a las responsabilidades que esos derechos conllevan en las relaciones.
Para ello es un deber evaluar el entorno físico, psicoafectivo, cognitivo,
político, económico, social, cultural actual y futuro de los seres humanos
de la comunidad escolar.
El entorno
actual se ve sometido a permanentes y profundos cambios, entre otros factores,
debido al incremento acelerado del conocimiento y de la tecnología, que
construyen realidades más complejas. Este escenario no se puede enfrentar
con actitudes y roles sólo técnicos; se hace urgente orientar la Consejería
Educacional y Vocacional hacia una vía científica, con alto rigor metodológico,
que visualice la orientación en el proceso educativo como una instancia
de aprendizaje, de construcción de saberes centrados en la praxis y en
las auténticas problematizaciones percibidas por los agentes activos de
la acción pedagógica; generando conciencias críticas, autoreflexivas,
centradas en la acción cotidiana, sólo así, podremos poner la Orientación
Educacional al servicio del cambio y de la innovación de las estructuras.
Dimensión
afectiva de la comunidad educativa
Los
orientadores educacionales deben tener una posición rigurosa en lo epistemológico,
pero centrada y orientada por la ética. Una ética universal que condene
el cinismo, la explotación de las relaciones de poder del ser humano,
que condene el falsear la verdad, golpear al débil e indefenso. Los orientadores
deben vivir en la práctica cotidiana, testimoniar con energía a los profesores,
alumnos y familia en sus relaciones con ellos. La preparación científica
de los orientadores debe coincidir con su rectitud ética. No puede haber
orientación, sino es a partir de las necesidades y actividades de los
profesores, alumnos y familias.
En cuanto al
nuevo concepto de la orientación hay que centrarse en dos cuestiones.
La primera, los programas de orientación: en dichos programas los agentes
orientadores que intervienen son: los pedagogos, psicólogos, asistentes
sociales y psicopedagogos. Y también, como segundo ámbito, y dado que
la orientación es inseparable del proceso educativo, los profesores, los
tutores, y, por supuesto, los padres.
El orientador
es un agente de cambio que tenga en cuenta el marco contextual donde se
desarrolla el sujeto es su principal condicionante. Y es capaz de provocar
cambios, no solo en los alumnos, sino también en el sistema, objetos,
funciones, en definitiva, en la institución educativa y en su entorno.
Pero todo cambio no surte su efecto si no es desde abajo, naciendo de
las necesidades concretas de cada comunidad de aprendizaje. En este sentido,
las familias juegan un papel primordial en la unión escuela-sociedad.
Aceptamos, por tanto, el papel del orientador como dinamizador, pero sin
olvidar que los cambios duraderos suelen ir unidos al trabajo y al esfuerzo
cooperativo.
Hay algunos
saberes fundamentales para la práctica de la Orientación del Sistema Educativo
y de la acción pedagógica. Orientar no es solo transmitir conocimientos,
administrar normas y reglamentos, sino crear posibilidades de producir
en comunidad conocimientos. Y es que la orientación es un proceso educativo
de aprendizaje que permite descubrir aprendizajes y la posibilidad de
enseñar; son procesos que pueden en los orientadores y en la comunidad
de aprendizaje encender una curiosidad creciente, que puede hacerlos más
y más creadores. “Enseñar no es transmitir ideas a otro, sino favorecer
que el otro las descubra”, dejó dicho Ortega y Gasset.
Rigor
metódico
El
Orientador democrático no puede negarse al deber de reforzar la capacidad
crítica de los alumnos, su curiosidad. Una de sus tareas fundamentales
es trabajar con rigor metódico con que se debe aproximar al mundo cognoscible.
Es posible orientar críticamente, pero esto exige la presencia de docentes
directivos, y de docentes, alumnos y familias creadores, inquietos, rigurosamente
curiosos, humildes y persistentes.
Orientar exige
investigación. No hay orientación sin investigación ni investigación sin
orientación. Se debe investigar para comprobar, comprobando se puede intervenir,
haciendo investigación se educa y se forma. Investigando para conocer
lo que se desconoce y comunicar o anunciar la novedad.
Orientar exige
respeto a los saberes de las personas. Respetar no sólo los saberes con
que llegan los educandos (saberes construidos socialmente en la práctica
comunitaria), sino discutir la razón de ser de esos saberes en relación
con la enseñanza de los contenidos.
Orientar exige
crítica. La curiosidad ingenua, al continuar siendo curiosidad, se hace
crítica. No habrá creatividad sin curiosidad que nos mueve y que nos pone
pacientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos
con algo que hacemos. Una de las tareas de la orientación educacional
debe ser el desarrollo de la curiosidad crítica, insatisfecha, indócil.
Orientar exige vivir las palabras del ejemplo. Un orientador educacional,
con pensamiento acertado, hace acertadamente; testimonia su palabra y
su hacer.
Orientar exige
riesgo, asunción de lo nuevo y rechazo de cualquier forma de discriminación.
El orientador coherente con su tarea, que piensa acertadamente, en su
práctica trata de entender los procesos, desafiar a sus alumnos con quienes
se comunica y a quienes comunica, a producir comprensión de lo que viene
siendo comunicado. Este entendimiento es posible a través de la comunicación
e intercomunicación que se funda en la capacidad de diálogo.
Orientar exige
reflexión crítica sobre la práctica. Movimiento dinámico, actitud dialógica
entre el hacer y el pensar sobre el hacer. Cuanto más me asumo como estoy
siendo y percibo la o las razones de ser del porqué estoy siendo así,
más capaz me vuelvo de cambiar, de promoverme del estado de curiosidad
ingenua al de curiosidad epistemológica.
Orientar, finalmente,
exige el reconocimiento y la asunción de la identidad cultural. Una de
las tareas fundamentales de la práctica de la Orientación Educacional
es propiciar las condiciones para que los educandos puedan ensayar la
experiencia profunda de asumirse. Asumirse como ser social e histórico,
como ser pensante, comunicador, transformador, realizador de sueños.
Condiciones
sociales, culturales y económicas
La
conciencia del inacabamiento nos hace responsables, por tanto éticos en
nuestra presencia en el mundo. Por tanto, una Orientación Educacional
con sabiduría, que respete la autonomía del Ser, con ambientes dialógicos
que respeten y aprendan de las diferencias exige una práctica coherente
por parte de los niveles de orientación con este escenario. Los orientadores
educacionales no pueden alejarse de las condiciones sociales, culturales,
económicas de las personas que forman la comunidad de aprendizaje (alumnos,
familias, vecinos, entorno).
Orientar exige
competencias profesionales, que generen autoridad. El orientador que no
lleve en serio su formación, no tiene fuerza moral para orientar en una
Organización Educativa. Además debe ser esencialmente democrático, humilde
para que las libertades de las personas de la organización se asuman éticamente.
Me muevo como orientador porque primero me muevo como persona que intercepto
significados a través del lenguaje, que permiten desarrollar mi vocación
de compromiso comunitario. Esto me lleva a comprender que la Orientación
es una forma de comprensión en el mundo, por tanto, responsable, libre,
que permite una forma de decisiones consciente, que exige saber escuchar,
reconocer que detrás de un enfoque de orientación existe un paradigma
ideológico, que debe ser desvelado a través del diálogo.
Líneas
prioritarias de actuación
Las
capacidades de los profesores y de los formadores son la clave para motivar
a los alumnos y conseguir que tengan éxito. El papel de los profesores
ha cambiado: ya no son la única fuente de conocimientos. La formación
debería hacer capaces a los profesores y formadores de motivar a sus alumnos
no sólo para que aprendan capacidades, sino también para que se hagan
responsables de ese camino único e individual que es el que puede proporcionarles
las competencias exigidas hoy día en una sociedad y en el mundo laboral.
La nueva sociedad del conocimiento y de la información no precisa de la
acumulación personal de información y datos, sino del dominio de procedimientos
de búsqueda, de su articulación, análisis y de su presentación. Lo que
podemos constatar es que se están produciendo unos cambios acelerados,
que nos empujan a la acción pronta y coordinada, ante una evidencia de
que pararse es quedarse definitivamente rezagados en la transformación
con más posibilidades, pero también con más riesgos, que haya vivido la
humanidad colectivamente.
La formulación
y el diseño de actividades didácticas y de recursos, de técnicas para
la planificación, desarrollo, seguimiento y evaluación del aprendizaje
de los alumnos y de la propia práctica docente, de las especificidades
habituales de la dinámica del aula, de las relaciones con padres y madres
del alumnado, de la participación en las actividades del centro, etc.,
son tareas y retos habituales del profesorado, y por tanto, deberán convertirse
en una de las líneas prioritarias de formación en la que se concretan
sus opciones profesionales y se materializa la lógica de su conocimiento
profesional específico.
El desarrollo
de una actividad formativa que incida en la mejora de la práctica docente
podrá tener su origen en una estructura de contenidos muy relacionada
con unos planteamientos formalmente ligados a la epistemología disciplinar
y académica.
Plan
de actuación
En
el contexto actual de permanente cambio social, estamos obligados a volver
la vista hacia los valores más elementales, como son el respeto, la tolerancia,
la convivencia y la solidaridad entre las personas de distintos credos,
etnias o culturas. Toda la comunidad de aprendizaje debe caminar unida
hacia una visión amplia y positiva sobre la convivencia en los centros
educativos. Así nos encontramos con la posibilidad que los centros y todos
sus miembros tienen de contribuir a la construcción de una sociedad más
justa, democrática e igualitaria. Todo lo anterior lleva a plantearse
otro objetivo: crear canales y estrategias que posibiliten la comunicación
entre todos los miembros de una comunidad de aprendizaje para construir
redes que favorezcan el acercamiento e intercambio de diferentes puntos
de vista y la búsqueda de soluciones alternativas.
La resistencia
a los cambios, a romper con las rutinas escolares produce inseguridad
y recelo en buena parte del profesorado, a abandonar los textos, por miedo
a perderse o a no saber qué hacer. Es necesario potenciar la creación
de foros de debate que propicien la puesta en marcha de proyectos de innovación
que complementen el uso de los textos. Con este fin, se pretende potenciar
la participación de todas las personas que rodean al alumnado (profesores,
familiares, especialistas, profesionales no relacionados con la educación,
voluntariado, etc.), implicándolos en el desarrollo de los procesos de
enseñanza y aprendizaje, así como en procesos de análisis y detección
de necesidades para optimizar la adecuación de nuestras actuaciones a
las peculiaridades de cada alumno y alumna, de cada centro y de cada zona
escolar.
Por tanto,
el Plan de Actuación del orientador dentro de una comunidad de aprendizaje
se podría concretar en los siguientes puntos:
- Producir
mayor conocimiento educativo favoreciendo y valorando la diversidad, la
innovación, la experimentación y el compromiso con la mejora.
- Propiciar proyectos de formación que sirvan para mejorar la convivencia
escolar y la resolución de conflictos.
- Facilitar
al profesorado estrategias de comunicación y trabajo en equipo que favorezcan
proyectos grupales y relaciones positivas en la comunidad escolar.
- Favorecer
proyectos de convivencia escolar en los centros educativos.
- Impulsar
el intercambio de experiencias.
- Favorecer
procesos formativos que integren a los distintos agentes educativos:
profesorado, familias y agentes sociales.
- Apoyar a
todos los sectores educativos de la zona en la implicación colectiva hacia
la resolución de conflictos y la convivencia escolar.
- Favorecer
el aprendizaje colaborativo. Dinamizar grupos de trabajo y proyectos con
metodologías innovadoras.
A
modo de conclusión
Pearpoint
y Forest (1992) describen la importancia de los valores subyacentes en
una escuela inclusiva como: aceptación, pertenencia y comunidad, las relaciones
personales, la interdependencia además de la independencia, y la consideración
de profesores y familia como una comunidad de aprendizaje. Todos los alumnos
son capaces de aprender y honra todos los tipos de diversidad, como una
oportunidad para aprender sobre lo que nos hace humanos. Así, un proyecto
docente debe proponer a los agentes educativos que intervienen en el proceso
educativo situaciones de aprendizaje cooperativo, tanto en equipos pequeños
como puestas en común del grupo: grupos abocados a construir, criticar,
reelaborar, reorganizar, puesta en común de cada uno que tenga algo que
decir pueda decirlo, donde el error no sea objeto de sanción, sino ocasión
de aprendizaje, donde valga más una palabra errada pero propia y sometida
a consideración de los demás que otra más cierta, pero ajena y asumida
acríticamente. Por tanto, la tarea del Orientador pasa por el análisis
de los procesos educativos, y más concretamente de las dificultades y
problemas que aparecen cuando se realizan nuevos aprendizajes, así como
las intervenciones dirigidas a ayudar a los colectivos y personas implicadas
en la superación de esas dificultades. (Coll,1996).
El orientador
cumple un papel relevante en esta tarea: observador participante, no miembro,
en el aula. Dota a los agentes educativos de conocimientos y habilidades
para hacer frente a la tarea de enseñar y consigue en los alumnos las
habilidades profesionales de cercanía empática a los componentes del aula,
y a la vez que de distancia científica para devolver los problemas mejor
objetivizados y así, a través de las diferentes funciones que se le asignan,
poder contribuir a la mejora del sistema.
No estará de
más reflejar una excelente definición de lo que es, o debe ser, la orientación
educativa: “Conjunto de conocimientos, metodologías y principios teóricos
que fundamentan la planificación, diseño, aplicación y evaluación de la
intervención psicopedagógica preventiva, comprensiva, sistemática y continuada
que se dirige a personas, instituciones y al contexto comunicativo con
el objeto de facilitar y promover el desarrollo integral de los sujetos
a lo largo de las diferentes etapas de su vida con la implicación de los
diferentes agentes educativos (orientadores, tutores, profesores, familia)
y sociales”. (Medrano Ureta, 1998).
BIBLIOGRAFÍA
. -Nuevos aprendizajes para una sociedad de la información. SALINAS, J.
(1997). Revista Pensamiento Educativo. PUC Chile. 20, 81-104.
. -Programas de orientación para la prevención y el desarrollo. CEAPA.
. -Organización escolar y redes: los nuevos escenarios del aprendizaje.
. -La Orientación en el nuevo sistema educativo. PLANAS DOMINGO, J.A..
Presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación
de España. Revista Comunidad Escolar.
.- Jornadas sobre aprendizaje colaborativo y comunidades de aprendizaje.
Gran Canaria Sur y Granadilla.
.- La Orientación Educativa y su implementación en el proceso de aprendizaje-enseñanza.
CAMPOS BARRIONUEVO, B. Revista Comunidad Escolar.
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