El Guernica en casa

Libros, exposiciones y encuentros relanzan
en la España del siglo XXI el radical alegato
que Picasso creó contra la barbarie

Recreación del trágico bombardeo de
Gernika en 1937 y símbolo universal contra el horror bélico a lo largo del siglo XX, el Guernica es también el testigo autorizado que el pintor Picasso legó a una futura democracia española. Veinticinco años tras su llegada a esta sociedad estudiosos, instituciones y medios de comunicación reabren el valioso
y complejo mensaje que este lienzo tiene para  la historia de la humanidad.

Madrid. JULIA FERNÁNDEZ
Un día antes de su inauguración, el subcomisario de la Exposición de París y Agregado Cultural de la Embajada de España en París, Max Aub, decía al conjunto de trabajadores que habían hecho posible el pabellón español:“En la entrada, a la derecha, salta a la vista el gran cuadro de Picasso. Se hablará de él durante mucho tiempo. Picasso ha representado aquí la tragedia de Gernika. Es posible que se acuse a este arte de ser demasiado abstracto y difícil para un pabellón como el nuestro, que trata de ser sobre todo, y antes que nada, una manifestación popular. No es éste el momento de justificarnos, pero estoy seguro de que con un poco de buena voluntad todo el mundo percibirá la rabia, la desesperación y la terrible protesta que este lienzo simboliza (...) A quienes protesten diciendo que las cosas no son así se les podría responder preguntando si es que no tienen dos ojos para ver la terrible realidad de España. Si el cuadro de Picasso tiene algún defecto, es que resulta demasiado real, demasiado terriblemente verdadero, atrozmente verdadero.”

Trayectos y circunstancias

Este discurso acertado acerca del enorme poder de convicción que Picasso supo dar al lienzo es parte del acopio documental que el arquitecto e historiador Gus Van Hensbergen –ya conocido en nuestro país por su anterior obra sobre el arquitecto Antoni Gaudí- ha reunido en su libro Guernica. La historia de un icono del siglo XX (Editorial Debate) y que ha supuesto el hasta hoy mayor intento de significar el objeto Guernica y sus circunstancias desde su gestación en París hasta su llegada a España en 1981: cuatrocientas treinta y un páginas, tono directo, rigurosidad histórica, referencias documentales y abundantes ilustraciones le hacen ser quizás ya la obra imprescindible para todo el que quiera conocer algo más del  extraordinario lienzo que hasta el propio Picasso, como recoge el autor en su página 169, enarboló como estandarte de legitimidad moral en una entrevista en 1945 ante algunas acusaciones de su actitud colaboracionista:
-“Dígame, Picasso, ¿es cierta esta anécdota que anda en boca de todo el mundo? Un día, un oficial de la Gestapo, esgrimiendo una reproducción del Guernica, le preguntó: “Usted hizo esto ¿no?”. Y se supone que usted le respondió: “No. Fueron ustedes”
-Sí –responde Picasso riendo-, es cierta, más o menos cierta. A veces los boches vienen a verme, fingiendo admirar mis cuadros. Y yo les doy postales del Guernica diciendo: “¡Llévense una! Souvenirs, souvenirs!”

Obra maestra

Icono político y enorme obra de arte que ha visto en el curso de este año, en el que también se celebra el 125 años del nacimiento del pintor, el sucesivo homenaje al lugar que tiene en el complejo mundo de la creación humana. Una trascendencia que en estos días ha agrandado su capacidad de ser comprendida al exhibirse en el mismo Centro de Arte Reina Sofía que le acoge desde hace años, y como parte del gran suceso artístico del año: Picasso. Tradición y vanguardia,  la colección íntegra de pinturas y dibujos que componen el denominado legado Guernica ( los estudios de composición para Guernica, los estudios para el caballo y el toro, las cabezas de mujer llorando...) junto a otras obras que resumen en sí mismas el combate que el pintor malagueño libró siempre contra el instinto de barbarie, como su Monumento a los españoles muertos por Francia (1946-1947) y a la relevante obra El Osario (1945), evocación del horror de los campos de concentración, ligado iconográficamente y estilísticamente con el Guernica.
Sus claves creativas están, en esta contundente muestra que amplía tres semanas más su exhibición y llega hasta comienzos del otoño, puestas en relación con su propia obra Masacre en Corea (1951) y con dos lienzos que sin dudar hablan del mismo horror y con idéntica radicalidad: El 3 de mayo de 1808. Los fusilamientos de la Moncloa (1814), de Francisco de Goya y La ejecución de Maxiliano (1868-1869), de Édouard Manet.
El cruce de miradas entre estos tres artistas, el paralelismo formal en la solución compositiva de las tres obras, su similitud temática y el compromiso social que reflejan sus autores convierten al Centro de Arte Reina Sofía ahora en una singular proclama del verdadero quehacer moral de un creador en el proceso de la historia.

 

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