Las nuevas tecnologías crean diferencias educativas y sociales entre los jóvenes
El control de los padres sobre las mismas es solo teórico, pero
no real, según el estudio “Jóvenes y cultura Messenger”
Estudiante, de clase media, varón y conectado a Internet en su hogar familiar, es el perfil de usuario de las nuevas tecnologías. Su uso no persigue fines educativos sino de ocio. Solo el móvil está generalizado, alcanzando al 92% el porcentaje de jóvenes que lo utilizan, mientras que el 36’9% no dispone de ordenador y sólo el 41’5% tiene acceso a Internet.
El uso del móvil se ha generalizado entre los jóvenes españoles, siendo la mayoría de las veces los propios padres los que lo propician.
(Foto: Rafael Martínez)

Madrid. M. GIRON
El Instituto de la Juventud (INJUVE), la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y Obra Social Caja Madrid han presentado el estudio “Jóvenes y cultura Messenger”, un análisis del acceso a las TIC entre los 12 y los 29 años que modifica algunos de los estereotipos sociales que existen sobre este tema.
Según el director técnico de la FAD, Eusebio Megías, los datos del estudio revelan que “la mayoría de los jóvenes no utiliza todavía las nuevas tecnologías”. Si bien el acceso al teléfono móvil es prácticamente universal (el 92’4% de los jóvenes entre 18 y 24 años lo utiliza), solo el 63% de quienes tienen entre 15 y 29 años cuentan con ordenador y apenas el 41’5% accede a Internet.
El ascenso del uso del messenger así como de los mensajes de móvil son dos datos a tener en cuenta frente al declive de la entrada en foros y chats.
Uno de los estereotipos que a raíz de este estudio no se demuestra como cierto es que los jóvenes tengan una “habilidad natural” para las TICs, ya que en su uso y manejo influye de forma decisiva la clase social, el entorno tecnológico en el que se crezca y el entorno institucional (colegio, universidad).

Ocio y relaciones

Según el estudio, tampoco parece cierto que el TICs se utilicen básicamente para la formación y el trabajo de adolescentes y jóvenes ya que, según ellos mismos, el uso posterior de las nuevas tecnologías está enfocado fundamentalmente hacia el ocio y el fomento de las relaciones personales.
Además, lejos de homogeneizar socialmente, las TICs abren una brecha entre los jóvenes y sus padres y entre los propios jóvenes: los de menor edad, por ejemplo, utilizan tecnologías que el resto no conocen o no aprovechan al máximo. Por otra parte, también se establecen brechas digitales entre los jóvenes que tienen acceso y usan las nuevas tecnologías y aquellos que no tienen.
Respecto al uso del móvil, son los propios padres los que propician su uso como una forma de controlar a los hijos. Sin embargo, en el estudio los jóvenes afirman que el control de los padres sobre el uso que hacen de las nuevas tecnologías es sólo teórico, ya que muchos de ellos reconocen su incapacidad para comprender y acceder a las nuevas tecnologías.
Tampoco parece que sean los centros educativos los que propicien el aprendizaje de las nuevas tecnologías. En este sentido, los jóvenes reconocen que existe una especie de “currículo oculto”, un formación adquirida por “impregnación” y no en la enseñanza formal que está profundamente condicionada por su entorno tecnológico, su clase social y su grupo de amigos.

Realidad y fantasía

Internet, según explica Megías, en la medida en que permite elegir, alimenta entre los jóvenes la fantasía de la no manipulación y además, no exige ningún esfuerzo económico ni emocional.
El estudio distingue entre dos tipos de jóvenes: los de banda ancha y los de banda estrecha. Los primeros han integrado las nuevas tecnologías en su vida y en su forma de relacionarse, sin renunciar al contacto humano, y aprenden continuamente. Son los jóvenes de más edad y suelen tener trabajo más o menos estable. Los de “banda estrecha” usan las TICs de forma puntual, según sus necesidades; son críticos ante las mismas y suelen ser más jóvenes, sin trabajo o con un empleo precario.
El estudio también identifica otros dos grupos: los “freaks” y los “ajenos”. Los primeros intentan compensar sus limitaciones a través de relaciones virtuales. Los segundos son jóvenes inmigrantes o “currantes” alejados de las nuevas tecnologías por su contexto social, aunque usen el móvil. Por ultimo, los “resistentes voluntarios”, son aquellos que se empeñan activamente en mantenerse al margen de las TICs.

 

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