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Los
Chicos del Coro (Christophe
Barratier, 2004) en una lectura denotativa, cuenta como argumento la historia
de Clément Mathieu, profesor en paro y músico fracasado, que es
contratado como vigilante en un internado de reeducación de menores. El
centro está regido por estrictas reglas y su director se esfuerza en castigar
a los alumnos. Disconforme con esto, Mathieu creará un coro para
acercarse a ellos. Cincuenta años después, dos de esos niños se reencuentran.
Son Morhange –ahora un prestigioso director
de música– y Pépinot, el más pequeño de los internos.
Cinematográficamente,
el guión es sencillo, sin cabos sueltos, alternando los momentos alegres
con los tristes, tratando amablemente temas y situaciones muy duras.
Uno
de los aciertos del filme está en el casting: el rostro de Mathieu,
su mirada, reflejan una gran bondad natural, y todos los niños
resultan muy creíbles.
La
fotografía huye de tonos fuertes y brillantes pues nos cuenta la vida
de un internado. La música es el contrapunto a ese entorno hostil. El
film avanza a la par que lo hacen las canciones que interpretan los niños,
cada vez mejor cantadas y más alegres. El montaje se inspira en el lenguaje
musical: el legato, ligado, fluido, más que un estilo fragmentado.
Por eso hay muchos travellings, panorámicas, fundidos encadenados
y a negro que hacen suave y dinámica la película.
Teniendo
en cuenta lo dicho y sin olvidar que el cine es un lenguaje que representa
la realidad para comunicar ideas y sentimientos, vemos que en Los chicos
del coro nos identificamos con su protagonista, el vigilante Clément
Mathieu. lo que nos hace vivir sus peripecias como propias. El mecanismo
que facilita esta relación se basa en la inteligencia emocional: en nuestra
capacidad de empatía, la capacidad de ponernos en la situación de los
demás. La emoción (los sentimientos) y la razón
(los pensamientos) son parte de nuestra personalidad. La parte emocional
y racional del cerebro forman una unidad inseparable que determina nuestra
forma de actuar, de pensar, de sentir, de relacionarnos.
Enseñar a sentir
Normalmente
se nos educa la inteligencia racional: aprendemos a resolver problemas
de matemáticas, a resumir hechos históricos; pero no se enseña a sentir
ni a decir lo que sentimos, por eso desarrollamos poco la inteligencia
emocional, que podemos definir como un conjunto de habilidades que nos
permiten sentirnos bien y relacionarnos mejor:
-El
autoconocimiento y la autoestima.
-La
automotivación puede vencer al aburrimiento.
-El
autocontrol: asumir las responsabilidades, aguantar la frustración, dominar
la ira, soportar la tensión, transmitir calma en situaciones difíciles.
-La
escucha activa y la empatía: tener en cuenta las opiniones y los sentimientos
del resto, saber ponernos en su lugar y generar emociones positivas.
-La
capacidad de comunicación. Básica para que nos conozcan, para relacionarnos.
-El
saber resolver situaciones problemáticas: controlando las emociones para
razonar mejor, mostrar capacidad de negociación y cooperación.
-Saber
trabajar en equipo: ser amable, dar confianza, propiciar el respeto mutuo,
colaborar desinteresadamente.
Partiendo
de esta definición, ya podemos analizar el film de un modo connotativo.
Veremos que por medio del argumento se tratan diversos temas:
Temas
principales
*
La infancia. Niños y adolescentes cuyo mayor problema es la falta
de afecto y de horizonte vital: casi no hay nada más detrás de los muros
del internado, lo han perdido todo en la guerra y no se les ha mostrado
otra cosa (por eso les vemos mirar con interés el almuerzo de Rachin
y sus hijas, o lo pasan tan bien cuando salen para el juego de pistas).
* La enseñanza. No sólo como transmisión de información
sino como educación en valores e iniciación a la vida. Apenas se muestra
una pedagogía para adquirir conocimientos, y cuando se hace es ridiculizando
los métodos: el director preguntando a Pépinot y premiando a Boniface
que es el que sabe, pero que “se luce” diciendo que Napoleón murió fusilado;
el problema de matemáticas con las gallinas; copiar como castigo... Por
el contrario, cuando Mathieu les pregunta qué quieren ser, se aplican
a contestar; de la misma manera aprenden las canciones y ensayan con gusto.
* La autoridad. Representada en el director Rachin al que
vemos por primera vez en un ángulo contrapicado al final de la escalera,
lo que le hace parecer más grande e importante (se repite esta forma de
presentarle en el patio), él exige que se le llame “señor director”,
imperativo y cortante en sus formas y palabras; pero al que sus alumnos
hacen la burla, ponen cuernos, dan cortes de manga por la espalda. Le
temen pero no le respetan. Barratier caricaturiza su figura para acentuar
el contraste y potenciar la diferente manera de educar y ejercer la autoridad
de Mathieu, comprensivo y cariñoso, sin que por eso deje de ser
exigente. Mathieu castiga cuando hay que hacerlo, pero de otra
manera: con castigos útiles.
* La música. El señor Mathieu vuelve a escribir música y
recurre a ello, además de por su interés, para ayudar a los chavales a
comprender y trasmitir sus emociones positivas, sentimientos que con palabras
no saben explicar, como se ve en la escena en que el médico está curando
el ojo a Maxence y Mathieu insiste: “que bueno es el
viejo Maxence, ¿verdad?”, sin que Le Querrec sea capaz
de decir nada más que un sí tímido bajando la mirada. Su problema es que
no le han enseñado a comunicar sus sentimientos. A Morhange le
pasa lo mismo, sólo en sus ojos lee Mathieu “el orgullo, la
alegría de sentirse perdonado, pero también y eso era nuevo para él, casi
agradecimiento”, sin que el chico sea capaz de decirlo cuando le permite
cantar un solo en la recepción a la condesa.
* El éxito
y el fracaso como valores personales y sociales. Todo el mundo busca
la felicidad. No sabemos si Pierre Morhange, cincuenta años
después de salir de Fondo del Estanque, es feliz; ha triunfado
profesionalmente, lo que no siempre es sinónimo de felicidad; obviamente
Pierre en el momento en que le conocemos está triste: ha muerto
su madre. Pépinot sí parece feliz, se le nota en la cara. Mathieu
llega al internado tras haber fracasado “en todos los campos”
y además no parece optimista; al decir él mismo en “todos los campos”,
se refiere a que ha fracasado profesionalmente: no ejerce como músico
y está en paro como profesor, además va a trabajar de vigilante, para
lo que no se requiere una formación como la suya, y como le escucharemos
más adelante, tampoco se siente a gusto personalmente pues está solo,
se lo dice a Violette, y vemos que no se va de vacaciones como
el resto; pero es una persona que intenta ver el lado positivo (“siempre
hay cosas que intentar; según van pasando las semanas me apunto nuevas
victorias; estos niños me inspiran, sabía que algún día se interpretaría
mi música; Me llamo Clément Mathieu soy músico y todas las noches compongo
para ellos”), aunque no acaba de tener suerte: Violette, la
madre de Morhange, de la que se está enamorando no siente lo mismo
por él, y en el plano profesional tampoco triunfa: injustamente le echan
del trabajo. En ese momento sus sentimientos son contrapuestos: positivos
(“sentí una bocanada de alegría y optimismo, se lo habría gritado al
mundo entero”) y negativos (“pero quién me habría escuchado a mí,
de cuya existencia nadie sabía. El gran artista volvía a recuperar su
condición de hombre. Me llamo Clément Mathieu, músico fracasado, vigilante
en paro”). No obstante ¿podemos decir que recuperará la alegría de
vivir? Sí, será una persona querida allá donde vaya. Por contra el director
Rachin es un hombre que parece que ha triunfado: tiene familia
y probablemente le van a ascender, pero ni personal ni profesionalmente
está a gusto, al revés, se siente fracasado: nunca tuve vocación de
educador, y hace que los demás paguen su malestar. Pero en su descargo
hay que decir que, como confiesa, se siente cansado por muchos años de
ejercicio de una profesión que necesita vocación y la máxima ayuda posible
de la Administración –no siempre recibida (hoy diríamos que es un docente
quemado).
Temas
secundarios
*
Familias con problemas. La película transcurre en 1949, hace cuatro
años que ha terminado la II Guerra Mundial, lo que explica que muchos
de los internos sean huérfanos o de familias sin recursos para atenderles.
* La delincuencia precoz. Con Mondail como representante:
viene del reformatorio, catalogado como un “perverso” y con un
coeficiente intelectual en el límite según los test de la época. Se aprovecha
de su fuerza, amenaza a la clase: “al que se ría le rompo las narices”,
va de matón, pero su mayor problema es otro: no ha tenido el cariño
de su familia y eso le ha endurecido (“mis padres son unos cabrones”).
Por otra parte Corbin, el autor del robo, ¿es un delincuente o
un infeliz que obra mal? ¡Quería el dinero para comprarse un globo de
juguete!.
*
Los malos tratos. Evidentes los que propicia el director Rachin,
desde copiar cien veces hasta mandar al calabozo y pegar, pero también
castigar sin recreo, sin paseos, sin visitas, los trabajos de interés
general abusivos... Y no podemos olvidar los malos tratos entre iguales:
el acoso escolar que sufre Pépinot por ser pequeño (un compañero
le pide un canica para dejarle comer, Mondail quiere cobrarle dinero
para dejarle dormir), las burlas que le hacen dos compañeros a Morhange
cuando está limpiando el pasillo, el uso de la fuerza por parte de
Mondail.
Frente a estas situaciones Mathieu se comporta como una
persona emocionalmente inteligente, lo que no le impide ejercer su autoridad.
Con
el fin de reforzar lo dicho, proponemos algunas actividades tras ver la
película.
Cuando
50 años después Pépinot visita a Morhange y miran la foto,
éste no recuerda el nombre del vigilante. ¿Qué te hace pensar eso?
Cuando
el vigilante Mathieu lleva al despacho del Director a Le Querrec
para que le castigue por haber dañado el ojo del portero, el chico
le pide piedad y el vigilante le dice que él no la tuvo, pero al ver que
el Director castiga físicamente cambia de idea usando una de las facultades
propias de la inteligencia emocional, precisamente la misma que Le
Querrec no supo emplear; hablamos de...
En
su primera clase Mathieu pregunta qué quieren ser de mayores y
todos se ponen a escribir, menos Pépinot que no lo sabe. ¿Sabes
por qué todos responden con interés?
Siempre
que algún alumno es sorprendido por Mathieu haciendo algo que no
debía, la respuesta es negar la evidencia: Corbin niega que cantase
en el dormitorio; dice “no he hecho nada, se lo juro” -cuando le
sorprende recenando con Mondail -; Pierre también dice que
no cantaba cuando cantaba a solas en un aula. Lo que les pasa a estos
personajes es que...
Sin
duda que el director Rachid es un profesor estricto, y Mathieu,
¿es estricto?
Cuando
Pierre tiende aparece Mondail y se mete con él, le provoca
e insulta a su madre; sin embargo tiene un gesto amistoso: le ofrece el
cigarro. ¿Qué quiere Mondail? Si recuerdas es igual cuando está
recenando con Corbin: presume de duro pero está compartiendo la
cena. En definitiva como no es muy inteligente (intelectual ni emocionalmente)
se siente inseguro y recurre a la violencia, pero ¿por qué?
Por
analfabetismo emocional no siempre sabemos decir lo que sentimos, pero
nuestros gestos, una mirada, la posición del cuerpo, lo está diciendo.
Pon ejemplos de la película.
El
Director cuando Mathieu le dice que es “un incompetente”,
le responde: “¿cree que me divierte hacer de carcelero? ¡Alguien tiene
que hacerlo! “ Atención, esta pregunta no se refiere a la película,
te preguntamos a ti, ¿crees que alguien tiene que vigilarte? ¿Crees que
al profesorado le gusta castigar? ¿No sería mejor que te automotivaras
para el estudio y el cumplimiento de las normas? ¿Has pensado que si obráramos
bien no nos castigarían, no existiría el director Rachin?
Ángel
Gonzalvo Vallespí
Un Día de Cine.
IES Pirámide. Huesca
undiadecine@terra.es
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