Arte y amistad

El Museo de Arte Abstracto Español rememora en el cuarenta aniversario el singular proceso de su creación

En un contexto internacional sin empresas artísticas que asumieran experiencias de riesgo; en una España sin libertades democráticas y con férreas fronteras al hecho cultural; en el
 
Torner y Zóbel, en 1964. 
silencioso escenario de la pequeña ciudad de provincias y, así fue, encendiendo extravagantes antorchas para la creatividad: el Museo de Arte Abstracto de Cuenca recuerda su extraordinaria gesta en el arte y la sociedad.

Madrid. JULIA FERNANDEZ
En una anotación realizada en 1963 en sus Diarios, el artista, mecenas y coleccionista de arte Fernando Zóbel escribía: “A Toledo con Gerardo (Rueda) para ver casas. Sin resultado. La conoceré cuando la vea. Tener casa dentro de la ciudad. Con patio y con sitio para tener amigos y colgar cuadros. El día de mañana eso de los cuadros se podrá convertir en museo de pintura moderna española y abrirlo al público. Cerca de Madrid, pero sin ser Madrid (...) La colección quizás dejársela a la ciudad en señal de afecto.” Era el primer asalto a la consecución del proyecto Museo de Arte Abstracto Español que muy poco tiempo, según sus propias palabras, encontraba el lugar y el soporte adecuados:“Dos días a Cuenca con Torner y Lorenzo. El alcalde Rodrigo de la Fuente no nos propone más que facilidades y soluciones. Echamos un vistazo. Se puede poner un museo magnífico en las Casas Colgadas. 20-30 años de renta nominal y los cuadros quedan en mi propiedad. Me las (las casas) acabadas, pero una vez dadas, los gastos corren de mi cuenta. ¿Y donde vivo? En las casas no quepo. Torner dice que él se ocupa. Tiene unas ganas feroces de que esto se lleve a cabo. Y me parece que lo conseguirá. Le conocía la simpatía y buena mano. Esta faceta nueva de energía que se lleva todo por delante no se la conocía.” Historia de un Museo singular y caso extraordinario de solidaridad y generosidad entre artistas: Museo de Arte Abstracto Español y sus pilares Fernando Zóbel, Gerardo Rueda y Gustavo Torner. También, España en su deambular.

Referente cultural

El recuerdo que estos meses dedica el espacio expositivo de las Casas Colgadas de Cuenca a su creación como Museo sitúa al visitante ante el entramado de quiénes, cómo, cuándo, con qué ayudas, entre quiénes o sin quiénes fue haciéndose realidad la institución que en este 2006 cumple sus cuarenta años de existencia y que, desde su aparición, siempre ha sido una referencia cultural. Fotografías, cartas, documentos diversos, serigrafías, grabados, libros de artista, audiovisuales... que encierran parte del suceso cultural y, sobre todo, aportan el ambiente singular en que su creación tuvo lugar, y que vienen a esclarecer el extraordinario enigma que podría suponer en la distancia que este Museo tuviera lugar en la España antidemocrática, de cerradas fronteras y gusto estético sin depurar: caso Cuenca, Zóbel, Abstracción: ecuación extravagante y sin sentido que  La ciudad abstracta. 1966: el nacimiento del Museo de Arte Abstracto Español, la muestra homenaje que la entidad cultural Fundación Juan March, depositaria desde 1980 del legado Fernando Zóbel y gestora del Museo, resuelve trayendo sin dudar el dibujo exacto de la especial pasión que un joven artista filipino, mecenas y coleccionista –Fernando Zóbel- sintió  a mediados de la década de los años cincuenta por la pintura joven abstracta española; de su colección de obras de sus mejores creadores; de los contactos fértiles y serios que entrama con ellos; de su descubrimiento de Cuenca; de su sentido del escenario Museo; de su dificultad y su ánimo; y, por último, de su resuelta voluntad de aportar su creación a la  sociedad.

Sintonía ambiental

Estas fascinantes características de la personalidad de Fernando Zóbel son mostradas en el relato de la exposición que hasta final de año permanecerá en el mágico escenario de las Casas Colgadas: una suerte de narración del fruto de este acierto cultural en donde se muestra la obra gráfica editada por el museo desde 1963 –serigrafías, grabados y libros de artistas-; catálogos, libros, cuadernos de apuntes y dibujos de Zóbel; los carteles editados y diseñados desde el museo; fotografías de autores como Català Roca, Fernando Nuño, Jaume Blassi, Luis Pérez Minguez o Javier Campano, entre otros; documentos procedentes del archivo histórico del museo y de otros archivos y colecciones, públicas y privadas; correspondencia de época; y el eco de la prensa nacional e internacional que testimonian la enorme difusión y fortuna crítica que, casi siempre, tuvo su actividad desde su creación.
Una genealogía de una experiencia singular que hoy, cuarenta años después, aparece ante la sociedad como una fabulosa empresa artística cuajada en amistad y solidaridad.

 

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