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Madrid.
ROSAURA CALLEJA
Con esta campaña
el Ministerio de Sanidad y Consumo pretendía concienciar y sensibilizar
a los más jóvenes sobre los efectos nocivos de la ingesta de alcohol para
su salud y sobre la necesidad de reducir los consumos de alto riesgo durante
los fines de semana. Las dos últimas encuestas sobre drogas realizadas
por el Plan Nacional sobre Drogas, a la población escolar entre 14 y 18
años, en los años 2002 y 2004, demuestran que la prevalencia de consumo
de alcohol entre los jóvenes se ha elevado en 10 puntos en apenas dos
años.
De igual modo,
los indicadores indirectos de ingesta excesiva de alcohol arrojan unas
cifras elevadas. Un 46% de los escolares entre 14 y 18 años encuestados
en 2004 manifestaba haberse emborrachado alguna vez en su vida y un 27,3%
decía haberlo hecho en los últimos 30 días. En este último grupo, el promedio
de borracheras era de 2,7 al mes, lo que supone una embriaguez cada 10
días.
Ante esta situación,
la ministra de Sanidad, Elena Salgado, insiste en la necesidad de intensificar
la prevención y la información sobre los riesgos del consumo de drogas,
legales o ilegales. “La prevención es el eje fundamental de la política
de drogas”, afirma Salgado y, además, anuncia, que se reforzarán los programas
educativos, implicando a padres, profesores, centros sanitarios y medios
de comunicación.
Droga
accesible
Según
se desprende de la encuesta, la droga percibida como más accesible por
los alumnos es el alcohol (87,7%) y en los doce meses previos a la entrevista
lo había consumido cerca del 80% de los jóvenes de 14 a 18 años. Por sexos,
en el año 2003, el consumo de alcohol estaba bastante más extendido entre
los hombres que entre las mujeres.
Teresa Robledo,
jefe del Área de Prevención de la subdirección general de Promoción de
la Salud y Epidemiología, analiza las causas que inducen a los jóvenes
a este consumo: “durante la infancia los niños aprenden a identificar
el alcohol con el mundo adulto, por el ejemplo de los padres o de otros
modelos sociales como el cine y la televisión”.
Si bien la
adolescencia es una etapa crítica para el inicio del consumo de sustancias
adictivas, la imitación y el deseo de ser como los demás tiene un peso
importante en el inicio del consumo de alcohol. “Además, el hábito no
se forma de la noche a la mañana, sino que es una suma de conductas de
consumo, ya que el adolescente descubre que le sirve para vencer la timidez,
calmar los nervios, pasarlo bien, tener sensación de euforia...”, precisa.
Cultura
El
consumo de alcohol está ampliamente extendido y culturalmente aceptado
en la mayoría de los países occidentales. “La cultura del alcohol nos
envuelve por todas partes, impregna la vida cotidiana hasta el punto de
que existen unos estilos de vida plenamente relacionados con el consumo
de esta sustancia”, reconoce Teresa Robledo.
Por otra parte,
la ingesta excesiva de alcohol provoca que cada año ingresen en los hospitales
españoles 4.000 personas afectadas de psicosis, cifra que ha aumentado
en los últimos 10 años en un 103%. A pesar de estos alarmantes datos,
sólo un 9% de los jóvenes tiene la percepción de que consume mucho o bastante
alcohol y la gran mayoría no considera que el abuso pueda llegar a ser
un problemas de salud.
Actualmente
el consumo de bebidas alcohólicas es uno de los principales factores relacionados
con el estado de salud de los individuos. “Junto a otros aspectos del
estilo de vida, como el consumo de tabaco y de drogas, la actividad física
y la alimentación, el alcohol constituye uno de los principales determinantes
de la salud”, asegura Robledo.
Factor
de riesgo
Según
se desprende de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
realizado en 2002, el consumo de bebidas alcohólicas es el tercer factor
de riesgo para la salud en los países desarrollados, tras la hipertensión
arterial y el tabaquismo. Este documento también constata que el consumo
excesivo de alcohol es responsable del 4% de la carga mundial de enfermedad
y del 9,2% de los años de vida perdidos. En el año 2000, la ingesta excesiva
de alcohol causó 1,8 millones de muertes en el mundo, que representa el
3,2% del total de fallecimientos registrados, así como el alcohol está
relacionado con más de 60 enfermedades y trastornos.
Teresa Robledo
aclara que el consumo de alcohol es un hábito, que puede conducir a una
dependencia y a una enfermedad. A su juicio, el problema radica en que
“los jóvenes que beben lo hacen en cantidades cada vez más elevadas y
en cortos períodos de tiempo, lo que implica un aumento de la frecuencia
de episodios de embriaguez”.
“Botellón”
Diferentes
estudios ponen de manifiesto la asociación existente entre el ocio juvenil
de fin de semana y el consumo de alcohol. En términos mediáticos y de
investigación, la diversión de este sector de la población se ha plasmado
en los últimos años en el fenómeno conocido como “botellón”. Esta especialista
alude a un informe de los Colegios Profesionales de Politólogos y Sociólogos,
donde se define “botellón” como “ritual de paso de la infancia hacia la
adolescencia, cómo búsqueda de un espacio/tiempo limitado e identificado
como propio y definitorio de la gente joven, como ámbito de identificación
intrageneracional y vinculación positiva”.
En opinión
de la doctora Robledo, la ingesta abusiva y frecuente de alcohol ocasiona
modificaciones en las relaciones familiares, con compañeros y maestros,
bajo rendimiento escolar, agresiones, violencias, alteraciones del orden
público y adopción de conductas peligrosas, como conducir bebido y realizar
actividades sexuales de riesgo.
Por lo que
se refiere a los programas de prevención, insiste en la información sobre
los efectos y las consecuencias del consumo de alcohol, con unos mensajes
claros adaptados a cada nivel educativo. “La adolescencia es una etapa
en la que la confianza en sí mismo se tambalea y los constantes cambios
que experimenta el joven ocasionan un descenso de la autoestima, por lo
que hay que reforzar sus capacidades, darle confianza y autonomía para
poder enfrentarse a distintas situaciones”, advierte.
Familia
Educar
para la Salud en la escuela, promover hábitos saludables, informar a la
población y a grupos específicos sobre los riesgos derivados del consumo
de alcohol, constituyen objetivos fundamentales para esta responsable
de la Dirección General de Salud Pública. Asimismo, destaca como un aspecto
clave la importancia de los padres y “la necesidad de poner límites a
nuestros hijos, para que puedan modular sus conductas, y de incrementar
el control familiar”.
Para concluir,
Teresa Robledo se muestra partidaria de que las políticas del alcohol,
dirigidas a la población juvenil, deben formar parte de una amplia respuesta
social, ya que el consumo entre los jóvenes refleja, en gran medida, las
actitudes y las prácticas de una gran parte de la sociedad adulta. “El
eje fundamental de toda política preventiva en la materia es la reducción
de la oferta y la demanda”.
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